“12 años esclavo”, redonda

Lupita Nyong'o coronó su actuación en "12 años esclavo" al ganar el Óscar como Actriz de Reparto

En lo que concierne a su argumento, “12 años esclavo” no es muy extraordinaria o sorprendente.

El aún controvertido tema de la discriminación racial afroamericana en la historia de Estados Unidos ha tenido muchas representaciones previas en la pantalla; algunas incluso con mayor profundidad o contundencia.

Sin embargo, tampoco me parece necesario que cumpla con tantas pretensiones. Sobre todo cuando al timón de esta historia se encuentra el distintivo ojo de Steve McQueen, realizador británico responsable de los brutalmente explícitos dramas “Hunger” (2008) y “Shame” (2011). Su cine no se caracteriza por ser apto para estómagos débiles; y pese a que en esta ocasión se trata de una producción significativamente más comercial que las anteriores, se las arregla para poder presumir de no ser la excepción.

En el sur norteamericano del siglo XIX vive Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor), hombre de color que goza del status de un hombre libre en existencia tranquila con su esposa e hijos. El filme, adaptado de sus memorias posteriormente publicadas, ilustra la manera en que termina secuestrado y vendido como esclavo a dos patrones tan diferentes como el agua y el aceite: primero al bondadoso William Ford (Benedict Cumberbacht) y después al sanguinario Edwin Epps (Michael Fassbender; brillante como de costumbre), dueño de una importante plantación algodonera en esa región estadounidense.

De acuerdo a lo que el título indica en forma manifiesta, es dentro de un periodo de doce años que Northup experimenta en carne propia el despojo de sus derechos humanos a niveles extremos.

En la tradición de otras grandes cintas sobre escapes desesperados como “Expreso de medianoche” (1978) de Alan Parker y “Sueño de fuga” (1994) de Frank Darabont, el poder de “12 años esclavo” reside no en revelar qué ocurre al final, sino permitirnos ir descubriendo cómo se llega dramáticamente a tal punto.

Es en tal sentido que McQueen proporciona abundante evidencia de hallarse en el apogeo de sus dotes fílmicas.

Una buena medida

Su predilección por planos ininterrumpidos con suma atención al detalle y a las acciones simultáneas de varios personajes, lejos de convertirse en un recurso agotado, logra con éxito abrumador colocar a la audiencia no sólo en los zapatos de Northup sino en el de generaciones enteras que cayeron en su misma suerte.

Esto se hace posible debido en gran medida a Chiwetel Ejiofor en el rol protagónico. Los efectos devastadores de la esclavitud aparecen físicamente impresos en su cuerpo al adoptar una postura gradualmente encorvada para evocar la idea de un espíritu doblegado. Junto con él, una legión de breves pero memorables intervenciones secundarias operan en calidad de soberbios reforzadores para dicha labor.

Aún con diálogos que pecan un poco de obviedad escénica y una resolución climática que quizás era digna de mayor intensidad, tenemos en “12 años esclavo” a una obra redonda que, sin aspavientos o intenciones de hallar el hilo negro, cumple con su propósito de manera más que satisfactoria. No cometeré el error de caer en el debate sobre si merecía o no ganar el Óscar como Mejor Película. Tampoco diré que cambió mi vida. Me limitaré a reiterar que vale mucho la pena.




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