Rompe con sus propios prejuicios

Johnny Depp se transforma en casi un dios tecnológico en la película "Trascender"

LOS ÁNGELES (EFE).- Aunque Johnny Depp admite ser un “tipo de la vieja escuela”, aceptó convertirse en casi una deidad tecnológica en “Trascender (Transcendence)”, ópera prima de Wally Pfister, el director de fotografía habitual del cineasta Christopher Nolan.

“Ocurren cosas malas entre la tecnología y yo todo el tiempo”, admite el actor de 50 años, quien recientemente presentó el filme en un hotel de Beverly Hills.

“No estoy suficientemente familiarizado. Mi cerebro es de la vieja escuela. Soy un poco tonto para saber cómo funcionan (los aparatos). Cualquier cosa que tengo que emplear con mis pulgares durante un período de tiempo me hace sentir estúpido, así que trato de evitarlo en la medida de lo posible”, añade Depp.

En la cinta, el actor encarna al doctor Will Caster, principal investigador en el campo de la inteligencia artificial, que trabaja para crear una máquina con conciencia propia que combine la inteligencia colectiva global con todo el espectro de las emociones humanas.

Sus controvertidos experimentos le han redituado gran fama, pero también lo han convertido en el blanco de extremistas antitecnología que harán lo que esté en sus manos para detenerlo. Sin embargo, cuando parecen lograrlo, desatan una serie de acontecimientos que no podían prever.

“La película juega con la noción de la inmortalidad”, explica Pfister, ganador del Óscar a la mejor fotografía por “Inception”, obra de Nolan, quien ejerce como productor ejecutivo del proyecto junto a su esposa Emma Thomas.

“Si se lograra descargar la mente y la conciencia humana en una supercomputadora, que es algo que los científicos consideran que podría ocurrir en un futuro cercano, ¿permanecerían los sentimientos? ¿Y el alma?”.

La situación a la que se enfrenta el personaje de Depp provoca un dilema ético y afectivo en el que se debaten su esposa Evelyn (Rebecca Hall) y su mejor amigo, Max (Paul Bettany), quienes dudan en permitir que el experimento siga adelante o no.

“Una parte de Caster permanece y de ahí viene la desesperación de estos personajes por tratar de conectar con él”, sostiene Pfister.A medida que avanza la trama, los peores temores de Evelyn y Max se hacen realidad cuando descubren que la sed de conocimiento de Caster no tiene límites.”Will está completamente volcado en su causa. Se da cuenta de que es una especie de dios y que no hay nada más poderoso que él en la naturaleza. Puede hacer cualquier cosa”, indica.El guión de la cinta, obra del novato Jack Paglen, explora la posibilidad de que el ser humano, en sus intentos por crear un mundo mejor, más eficiente y sostenible, pueda ir demasiado lejos, permitiendo que sea la inteligencia artificial la que controle las sociedades y las culturas.

A Depp, tres veces candidato al Óscar, no le sorprendería que lo que refleja el filme, que se estrena en Estados Unidos el próximo viernes 18, ocurriera “en 15 años”.

“La tecnología evoluciona constantemente y se remodela a sí misma de forma radical. Las cosas se vuelven obsoletas muy rápidamente. Igual en el futuro aparece un tipo como Will Caster en una extraña habitación de Las Vegas al que la gente le eche monedas”, opina el actor, entre risas.Sobre la transformación física que le requirió la cinta, en la que aparece calvo, desmejorado y lleno de cables en la cabeza, Depp reconoce que le cuestan más los papeles que son “más próximos” a su forma de ser.De hecho, admite que disfruta ocultando su rostro, como en las recientes “El Llanero Solitario” y “Alicia en el País de las Maravillas”, porque no le gusta exponerse al público de forma tan directa.




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