VIII Domingo Ordinario

Gaspar Jesús Azcorra Alejos (*)

El Evangelio es vida

“El camino de cuaresma, es el camino de Emaus”

Estamos aplastados y frustrados

caminamos con cara de velorio,

nuestro cuerpo, sin alma, es envoltorio

de huesos, por la pena, sacudidos.

Nuestros pasos inciertos e inseguros,

caminan entre arenas movedizas,

y las dudas transforman en cenizas,

los gozos, que hasta ayer eran seguros.

Qué nos pasó Jesús, ¿a dónde fuiste?

¿Por qué tu hablar tan claro no entendimos?

¿Por qué si eras la luz nunca te vimos?

Te dejaste matar, no resististe.

Ya muerto tú nuestra esperanza cierta

se ha llenado de dudas y temores,

y el caminar contigo y entre flores,

de espinas se cubrió, cerró la puerta.

Nuestros ojos que miran el pasado,

que ven pero no miran el presente,

que entre los muertos buscan al ausente,

ni soñaron andar justo a tu lado.

Nos hablabas como un maestro sabio,

mas no quisimos verte en tu palabra,

tu voz que al amor de amor nos labra

parecía tan sólo un desagravio.

Por fin llegamos a Emaús contigo,

nuestra vida tenía nueva savia

y fermentaba tu palabra sabia,

y te queríamos sorberte, amigo.

Quédate con nosotros, te dijimos,

ya oscureció la tarde y tu luz

nos quitó las tinieblas, y tu cruz

por la dicha no pesa, la vivimos.

Y te fuiste y con nosotros te quedaste,

fraccionado en el pan como en tu carne,

a esperar que en tu carne yo me encarne,

y por ti y con tu amor yo me desgaste.

Volvimos a Jerusalén, gozosos,

les contamos que vimos al maestro,

que prendió el fuego en el corazón nuestro

y gloriosos tornó a los dolorosos.

Este escrito es con motivo de nuestro caminar hacia Emaús en esta Cuaresma como Iglesia.- Mérida, Yucatan.

[email protected]

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*) Presbítero católico




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