Una revisión personal

Richard L. Clifford (*)

El toque humano 

En cierta ocasión, en preparación para la fiesta de la Navidad, se me acercó un señor de mediana edad y estatura a fin de “ponerse al día”; mirándome con una mezcla de timidez y confianza, susurró: “Creo que es tiempo de que haga una buena revisión de vida”.

Después de hablar un rato con él me quedé pensando en su palabra “revisión”, bien utilizada para expresar su modo de pensar y actuar. Si en el ambiente comercial un producto tiene que pasar una meticulosa revisión para constatar su calidad, cuánto más el ser humano, el más valioso “producto” del Padre Creador.

Al iniciarse un nuevo año, busquemos un momento para hacer la franca revisión personal e imparcial que exige nuestra dignidad humana. Frente a los siguientes 12 meses que nos esperan, hagamos un espacio para revisar nuestro modo de aceptarnos y nuestra manera de desempeñar los requisitos de nuestra fe y las responsabilidades de nuestro trabajo, carrera, profesión o rol particular en la vida cotidiana.

De pie, en el umbral de un nuevo año, demos un paso adelante hacia el esperanzado futuro incierto y prometedor. Bien sabemos que cada uno de nuestros actos en esta vida contribuye al destino de la otra, conscientes de que nuestra auténtica felicidad no consiste en lo que tenemos, sino en lo que somos.

Precisamente por eso nos detenemos a examinar más el alma que el ambiente. ¿Qué respuesta damos a las desafiantes circunstancias de la vida? ¿Cómo resolvemos las demandas de justicia y amor, de honradez y honestidad, de caridad y comprensión, de paz y perdón? ¿Qué es nuestro habitual “modus agendi” en cuanto a nuestra casa y comunidad, nuestros deberes familiares, laborales, cívicos, paternales y personales, particularmente hacia aquellos íntimamente vinculados a nuestro diario caminar, quienes merecen especial respeto, gratitud y aprecio?

Ciertamente, en esa santísima hora reflexiva sentimos, ¡hondamente!, la ineludible necesidad de alguien superior a nosotros. Por eso, humilde y devotamente, nos arrodillamos en oración ante Dios. Delante de nuestro creador, expongamos el “Producto” de sus manos bondadosas, pidámosle que perdone nuestras faltas y errores, aliente nuestras virtudes, refuerce nuestra voluntad, recompense nuestras buenas obras, consuele nuestros dolores y enfermedades, supla nuestras deficiencias, inflame nuestro corazón e imparta su luz a las sombras que oscurecen una mejor visión.

Unidos frente a los horizontes del nuevo amanecer, enlazados de corazón y compromiso, invoquemos al Señor su gracia especial para ser constantes en nuestra fe y comprometidos con los ideales que nos inspiran e impulsan hacia adelante; que seamos más positivos con nuestros hermanos, más pacientes con nosotros mismos; más dispuestos a ofrecer nuestra parte, por sencilla e inadvertida que sea, a fin de que la familia, la comunidad, el país y la sociedad en general sean mejores y más seguros, precisamente porque hemos tomado el tiempo de hacer una buena revisión.

Muchas felicidades y un Año Nuevo lleno de todo bien y bendición del Señor.- Nueva York, Nueva York.

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*) Misionero de Maryknoll, presbítero católico

Las citas

“Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas”

Franz Kafka (1883-1924)

Escritor checoslovaco

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