Una historia sin final

El problema de las drogas

Antonio Salgado Borge

Uno se forma siempre ideas exageradas de lo que no conoce -Albert Camus, escritor y premio Nobel de literatura francés

A estas alturas del partido, cuando la derrota ya es evidente, pocas dudas parecen quedar sobre la irracionalidad y los terribles efectos de la mal llamada “guerra contra las drogas”. El oscurantismo parece, afortunadamente, estar llegando a su fin.

El debate emergente ya no puede girar en torno a la pertinencia de mantener o no la fallida estrategia bélica, sino que debe centrarse en la necesidad de identificar, mediante criterios científicos, la auténtica naturaleza del problema de las drogas para así definir criterios que permitan diseñar un esquema que atienda necesidades reales y que resulte verdaderamente conveniente para los ciudadanos de los países que lo implementen. Por principio de cuentas es importante, con el fin de no caer en generalizaciones sin sustento, conocer el tamaño del consumo de drogas en nuestro país, de cuya media el sureste no se distancia de forma importante. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2011, uno de los instrumentos más serios y confiables con que contamos, en 2011 1.8% de los adultos y 1.3% de los jóvenes entre 12 y 17 años consumió algún tipo de droga; sólo 0.7% de los consumidores son adictos -han perdido su autonomía- a alguna sustancia. De acuerdo con una estadística dada a conocer por la ONU y publicada por la revista “The Economist” (06/08/2013), México se encuentra entre los países con menor consumo de mariguana per cápita.

Dicho lo anterior, me parece un hecho de la mayor relevancia que una de las drogas más consumidas en nuestro estado -aunque la ENA revela que es altamente improbable que esté por arriba de las anfetaminas, la cocaína o la mariguana- sean los inhalantes (Resistol, thinner…), productos adquiribles legalmente cuya misión principal no tiene nada que ver con la ingesta de su contenido.

Existen al menos dos ángulos desde los cuales se puede enfocar este problema: de acuerdo con la ENA (2011), los inhalantes son la droga que inicia su consumo a una edad menor. Por una parte es posible postular que la disponibilidad y el bajo precio de los inhalantes les ha convertido en un producto accesible para gente sin recursos y para jóvenes. Aunque me parece que lo anterior tiene muchas posibilidades de ser cierto, considero que el consumo de este tipo de sustancias obliga a plantear una disyuntiva que le rebasa: siguiendo la lógica de la prohibición a las drogas ¿deberíamos prohibir la venta de Resistol o de thinner? ¿Cuánto tiempo pasaría para que aparezcan sustancias que les sustituyan?

La circunstancia local descrita revela uno de los más grandes escollos a los que se enfrentan las políticas prohibicionistas a nivel mundial: en mercados con mayor poder adquisitivo que el mexicano han proliferado las llamadas “drogas de diseñador”; sustancias que pueden ser adquiridas legalmente a través de internet debido a que sus recetas son alteradas por sus productores cada vez que las autoridades las enlistan como prohibidas (“The Economist”, 10/08/2013). Claramente, estamos ante una historia destinada a nunca acabar.

A pesar de ser legales, los inhalantes, al igual que, las elusivas “drogas de diseñador”, son menos consumidos que algunas drogas consideradas como ilegales; pero pueden ser mucho más peligrosos que éstas. Ante semejante escenario, parece claro que la estrategia más efectiva para combatir el consumo de drogas -no debe sorprender a nadie- es la educación. Un claro ejemplo de ello es que en Estados Unidos se ha reducido el consumo del tabaco, una droga legal sumamente dañina, a la mitad y sin un solo arresto (“The New York Times”, 19/07/2009).

La verdadera prevención es la información; pero, para ser efectiva, ésta debe ser confiable y de calidad. Los estudios científicos sobre los perniciosos efectos del tabaco fueron fundamentales para despertar conciencia entre buena parte de sus usuarios actuales o potenciales.

En este sentido, por citar otro ejemplo paradigmático, el debate generado en algunos países sobre la conveniencia o inconveniencia de legalizar la mariguana ha generado un análisis muy serio sobre todas las implicaciones de esta droga. Así, es posible afirmar que el uso frecuente de mariguana puede producir efectos negativos como irritabilidad, mala memoria o atrofia de las capacidades motrices y que ésta no debe ser fumada por menores de edad (“Scientific American”, 06/2013); pero también se sabe que apenas 10% de quienes la fuman desarrollan algún tipo de adicción (“The New York Times”, 19/07/2014), que su legalización no ha llevado a más crímenes (“The Washington Post”, 26/03/2014) , que ésta es empleada como sustituto del alcohol y que es menos dañina que éste, tanto para el usuario como para terceros (“The Lancet” 2010; 376: 1558-65).

No es casualidad que en una proporción de cinco a uno los norteamericanos consideren más peligroso al alcohol que a que la mariguana (“The Washington Post”, 2/04/2014). A lo anterior es preciso agregar que el alcohol -y no la mariguana como suele pensarse- es la principal puerta para el consumo de otras sustancias de quienes acuden a algún centro de tratamiento (ENA, 2011). Claramente, lo legal puede ser más peligroso que lo ilegal. Por menos de cinco pesos (Diario de Yucatán, 01/04/2014) el día de hoy es posible comprar drogas sumamente dañinas en cualquier ferretería y el alcohol, la droga más consumida, es paradójicamente una de las más peligrosas del mundo. Las prohibiciones incongruentes no sólo deterioran la credibilidad de quienes buscan prevenir el consumo de drogas, sino que podrían orillar a los potenciales consumidores -cuyos motivos pueden ser tan diversos como las drogas mismas- a emplear alguna droga altamente adictiva o con efectos irreversibles.

Ante tal escenario, considero que es momento de dejar de lado las generalizaciones alegres, de cambiar argumentos políticos por argumentos científicos y de poner entre paréntesis cualquier prejuicio para estudiar, sustancia por sustancia, el potencial adictivo de cada droga y el peligro específico que su usuario representa para terceros.- Mérida, Yucatán.

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@asalgadoborge

La información sobre este tema es tan abundante como interesante. En aras de ser congruente con lo aquí planteado, pongo a disposicióndel lector,en la versión electrónica de este artículo, las fuentes empleadas para sustentar lo dicho en el mismo:

http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/ENA_2011_DROGAS_ILICITAS_.pdf*) http://www.oas.org/documents/spa/press/Introduccion_e_Informe_Analitico.pdf*) http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2810%2961462-6/fulltext#article_upsell * (Revelador estudio. Gratis , pero su acceso requiere registro.)*) http://www.economist.com/news/leaders/21583270-new-zealands-plan-regulate-designer-drugs-better-trying-ban-them-and-failing-new*) http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2013/08/daily-chart-3*) http://roomfordebate.blogs.nytimes.com/2009/07/19/if-marijuana-is-legal-will-addictionrise/?action=click&module=Search&region=searchResults&mabReward=&url=http%3A%2F%2Fquery.nytimes.com%2Fsearch%2Fsitesearch%2F%23%2Fmarijuana%2Beffects%2F*) http://www.nytimes.com/2013/06/09/automobiles/redefining-under-the-influence.html?src=xps*) http://www.nytimes.com/2013/10/27/us/few-problems-with-cannabis-for-california.html?src=xps*) http://www.scientificamerican.com/article/casual-marijuana-smoking/*) http://www.scientificamerican.com/article/marijuana-reveals-memory-mechanism/*) http://www.scientificamerican.com/article/the-truth-about-pot/*) http://www.scientificamerican.com/magazine/sa/2013/06-01/*) http://www.washingtonpost.com/blogs/wonkblog/wp/2014/03/26/no-legalizing-medical-marijuana-doesnt-lead-to-crime-according-to-actual-crime-stats/*) http://www.washingtonpost.com/blogs/wonkblog/wp/2014/04/02/americans-finally-understand-that-marijuana-is-less-harmful-than-alcohol/

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida




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