Una crisis insuperable

Mario B. Valadez Meraz (*)

Muchos jóvenes tal vez desconocen que 1994 fue para los mexicanos un año funesto no sólo porque marcó el final de la controvertida presidencia de Carlos Salinas de Gortari, sino porque fue el principio de las penurias de miles de personas que, impotentes ante la catastrófica devaluación del peso, de la noche a la mañana perdieron patrimonio y empleo; para su infortunio, Luis Donaldo Colosio Murrieta, carismático y político que rompió esquemas y paradigmas, fue asesinado; de no haber sucedido esto, hubiera sido un presidente capaz de superar la crisis.

Hoy día hay quienes piensan que las calamidades son una casualidad del destino, pero dentro de la política eso no existe. ¿Acaso los incrementos de los índices de pobreza extrema, desempleo y pérdida del poder adquisitivo que en la actualidad vivimos son simples casualidades? ¡No, señor!, es el resultado de pésimas administraciones.

Si aún resentimos sus efectos es porque ningún ex mandatario ha sido capaz de aplicar una política de crecimiento; en lugar de estimular e incentivar al inversionista privado no sólo lo alejaron con tanta burocracia gubernamental, sino que inexplicablemente y sin tomar en consideración la crisis económica se obstinaron en seguir sosteniendo a una inoperante y obsoleta “Comisión nacional de los salarios mínimos”, que además de reprimir y marginar a la clase trabajadora les fija salarios de hambre que obstaculizan su crecimiento económico.

Si existe una abismal desigualdad social en el renglón salarial, mucha culpa la tienen los gobiernos del ex presidente Vicente Fox y del ex gobernador Patricio Patrón, quienes sin medir los alcances financieros a corto y mediano plazo incrementaron, sin bases ni fundamentos, las percepciones de los mandos medios a superiores, lo que, además de representar una pesada carga al erario, originó que la brecha salarial que hoy se vive en el país con los demás sectores sea de dimensiones descomunales y fuera de la realidad.

Aumentos que en lugar de beneficiarlos a la larga les resultaron perjudiciales, porque esas percepciones en el sector privado nunca las disfrutaran, ¿Acaso creen que un hombre sin profesión como Alejandro Menéndez podría ganar honestamente más de $100,000 mensuales? No conformes con los excesivos aumentos, muchos servidores públicos lo que menos les importó fue si había devaluación o si los índices del desempleo, pobreza extrema o pérdida del poder adquisitivo se habían incrementado, lo que a ellos les importaba era vivir su momento en el poder y sacarle el mayor provecho posible al cargo. Siento impotencia y coraje insinuarlo pero tal parece que en México la corrupción e impunidad son inmunidades de los políticos, y todo gracias a la tibieza y complacencia de nuestros gobernantes, en lugar de aplicarles con mayor rigor la ley, les solapan y protegen sus tropelías. No sé si sea un idealista, pero el día que estos excesos se castiguen, el nepotismo erradicado y el ejercicio del servicio público profesionalizado y redimido será cuando exprese que veo el renacer de un nuevo México; ahora, si la consigna es seguirlos privilegiando, mejor olviden todo lo que dije, soy tan sólo un… soñador.- Mérida, Yucatán.

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*) Contador-auditor. Ex asesor del gobierno estatal emanado del PRI




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