Un par a todo dar…

Ivonne y Angélica

Por José Enrique Gutiérrez López (*)

El lunes pasado terminó para la humanidad un terrible año 2012.

En diciembre de 2011, “Foreing Policy” pidió a “International Crisis Group” que “evaluara qué desastres de fabricación humana podrían explotar en el año” 2012. Esta organización identificó “10 zonas de crisis que despiertan especial inquietud”: Siria, Irán/Israel, Afganistán, Paquistán, Yemen, Asia Central (Tayikistán, Uzbekistán y Kirzikistán), Burundi, República Democrática del Congo, Kenia/Somalia y Venezuela (Las Guerras de 2012. Louise Arbour. Diciembre 2011). Modestos resultaron estos pronósticos en comparación con el número de tragedias que han dejado un reguero de sangre en todo el orbe, éstas por las cada día más deterioradas relaciones entre los hombres.

De distintas clases son los conflictos globales y regionales que sufrimos hoy: guerras por odio racial y/o por la posesión de tierras; chovinismo; pérdida de la identidad personal; “guerras” contra y entre los carteles del narcotráfico; luchas por la conservación del poder político o su recuperación; conflictos por falta de empleo y oportunidades; crisis financieras y/o precipicios fiscales.

Es preciso acotar que los conflictos regionales no por ser propios de una circunscripción territorial reducida dejan de ser dramáticos y traumáticos para sus habitantes. Un problema propio de una provincia puede resultar más lesivo para quienes ahí viven, que la percepción que éstos tengan de una cruenta pugna desarrollándose al otro lado del mundo.

Así pues, Yucatán concluye este 2012 con buenas y malas noticias. Las buenas noticias son que terminaron los perniciosos gobiernos de Ivonne Ortega Pacheco y Angélica Araujo Lara. La primera concluyó su execrable período el 30 de septiembre. La segunda abandonó de mala manera su cargo el 19 de enero, tras apenas 18 meses de una deleznable administración. Las malas nuevas son los quebrantos y las obras que nos legaron.

Algunas de sus malas obras, por su naturaleza, se han integrado ya a nuestro entorno visual. Resulta inevitable toparnos con ellas. Sé que me repito, pero insisto en dos de ellas para que se entienda el porqué del rechazo.

1. Ivonne Ortega nos legó el Gran Museo del Mundo Maya. ¿Qué beneficios extraordinarios traerá a los yucatecos? ¿Será que atraiga -como nos dicen- al turismo mundial? ¿Requería Mérida tener un nuevo museo de la cultura maya? Quizá; pero no el que se hizo ni como se hizo. Es una mala obra: por su pésima ubicación, ahí confinado entre bodegas en ruinas y la carretera a Progreso, de un intenso tráfico vehicular; por su cuestionado proceso de licitación a una empresa del también cuestionado empresario Carlos Hank Rhon; por el controversial esquema financiero -Proyectos para la Prestación de Servicios- con que fue construido, que si bien tiene la ventaja para el gobierno de no tener que pagar de inicio la construcción, sí resulta oneroso para después, ya que habrá de erogarse 2,860 millones a razón de 143 millones de pesos anuales, durante 20 años; por el engaño a los yucatecos en el monto que se dijo costaría -410 millones de pesos- y su valor final -casi 800 millones de pesos- ¡el doble de lo presupuestado!; por su dudosa vocación de museo, ya que la oferta de sus atractivos lo harán parecerse más a un lugar común de recreo, como un Disney o un Museo del Papalote, que como un sitio en donde la herencia cultural maya impere; por su estructura emblemática publicitada como la fronda del árbol sagrado maya de la ceiba, la cual requirió ser apuntalada ya que amenazaba con venirse abajo, y que hoy finalmente parece más bien un cesto verde de mimbre.

2. Angélica Araujo nos legó el “paso deprimido”, cosa hecha que representa lo más grotesco que una administración pueda heredar a sus habitantes no sólo por la forma -el autoritarismo, el abuso de poder, la sinrazón, la cerrazón, lo innecesario de la misma y el atropello a golpes de los derechos de los ciudadanos- en que se hizo, sino por las consecuencias -su costo monetario, su deficiente diseño que hace oneroso mantenerla, ser causa de la pérdida de identidad de una parte emblemática de la ciudad- de haberla hecho. Además de todo, este elemento es ajeno a la vocación peatonal del Paseo de Montejo.

Así pues, se terminaron los “gobiernos” de este “par a todo dar” que, como la película de 1961 de Viruta y Capulina, con guión de Chespirito, transcurrieron entre engaños, raterías, dimes y diretes, farsas y absurdos de farándula. Estas “situaciones” moverían a risa si no fuera por lo dramático de las mismas. Aunque las administraciones en comento sean para el olvido, algunos yucatecos tendremos presentes los agravios cometidos por estas señoras. ¡Sépalo quien deba!

¡No al olvido del 4 de julio!- Mérida, Yucatán.

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*) Ciudadano. Abogado y notario público. Tanatólogo. Cónsul Honorario de Holanda


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