Un PAN sin levadura

Jorge Zepeda Patterson (*)

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Crisis de partido, crisis de valores

Ha sido una semana terrible para el PAN. Bueno, un año terrible, y si me apuran, una década desafortunada. El efecto combinado de estos traslapes deja un partido en escombros, una sombra de lo que fue.

Pero vayamos por partes. En los últimos días los dos coordinadores del partido en las cámaras mostraron una vez más que el PAN no es una alternativa ética frente a las malas prácticas del PRI.

Digo, por si hubiera quedado alguna duda luego del desaseado uso del poder en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón.

El coordinador en el Senado Jorge Luis Preciado se aventó la ocurrencia de celebrar el cumpleaños de su mujer en la propia Cámara, mariachi incluido, como si fuera su salón de fiestas particular. Lo que más me sorprendió no fue el evidente yerro, asumiendo que nadie es perfecto, sino el hecho de que el legislador ni siquiera pudiera verlo como tal: cuando fue exhibido en la prensa, una y otra vez insistió en que era su derecho como servidor público y que lo volvería a seguir haciendo. Es decir, un fiel creyente de la noción priista de que el patrimonio de los mexicanos se convierte en suyo por el simple expediente de tener una posición de poder. Sólo cuando la cúpula panista le reclamó el ridículo que estaba haciendo, Preciado ofreció una disculpa forzada. Hace apenas seis meses era un colimense desconocido cuando Gustavo Madero lo nombró mediante triquiñuelas coordinador de los senadores en sustitución de Ernesto Cordero, su rival en la disputa por la presidencia del partido. Hoy se siente amo del universo.

El caso del otro coordinador es más penoso. Como es sabido, ediles de Celaya hicieron público que enviados de Luis Alberto Villarreal, el jefe de los diputados del blanquiazul, ofrecían recursos a los ayuntamientos a cambio de una comisión del 30% para gastos “del partido”. Luego de la denuncia, otros ayuntamientos se quejaron de lo mismo. En los círculos políticos no indignó la extorsión sino el precio. ¡Y se consideraba un abuso a Raúl Salinas por ser el hermano del 10%! Villarreal ha negado los hechos, aunque siguen apareciendo cabildos que los confirman. En los últimos días este personaje ha sido cuestionado por quitarle comisiones a una diputada de su partido quien se niega a obedecerlo.

Pese a los escándalos, los dos coordinadores siguen en sus puestos. Y seguirán. El problema es que en el PAN no hay quien tire la primera piedra. ¿Quién está libre de culpa para hacerlo? ¿Los calderonistas liderados por Ernesto Cordero (beneficiario de enormes recursos durante la precampaña presidencial) y por María Luisa Calderón (cuyo mayor mérito sigue siendo su apellido)? ¿Diego Fernández de Cevallos, enriquecido gracias a sus exitosos litigios en su doble carácter de abogado y de influyente figura pública? ¿Madero, obsesionado a tal grado con su reelección que está dispuesto a llevarse entre las patas los usos y costumbres internos para conseguirlo?

La crisis del PAN tiene que ver con el agotamiento de aquellas generaciones que hacían de los principios el derrotero de sus acciones, y con el hecho de que esa generación haya sido sustituida por cuadros trepadores que no permiten que las convicciones estorben la prosperidad de sus carreras y patrimonios. Se podía estar de acuerdo o disentir con Luis H. Álvarez, Manuel Clouthier o Carlos Castillo Peraza, y antes de ellos con Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, pero nadie podía poner en duda su pasión por aquello en lo que creían. Fox, Calderón o Madero, en cambio, militan en el lado de la política donde no es la bandera lo que importa sino el beneficio personal del abanderado.

La pauperización moral del PAN es lamentable porque en el fondo la ética era su principal patrimonio. Y no es una buena noticia que el sistema político carezca de una opción viable y sana para la derecha. En México y en cualquier país. Si la ausencia de una izquierda partidista es preocupante por el riesgo de inestabilidad, la carencia de una opción de derecha favorece que los grupos empresariales y conservadores se agolpen en lo oscurito para negociar tras bambalinas con el PRI en el poder.

La crisis del partido es profunda porque es una crisis de valores, al mismo tiempo que una crisis generacional. Sin hombres ni mujeres que le den sustento, estamos condenados a sufrir un pan sin levadura.- México, Distrito Federal.

www.jorgezepeda.net

@jorgezepdap

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*) Periodista




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