Un hermoso mensaje

Un hermoso mensaje

Richard L. Clifford (*)

El toque humano

Hace unos días recibí la visita de una pareja próxima a casarse. Durante nuestra conversación sobre la boda recordamos un conocido dicho popular que aconseja a la novia llevar a su boda algo viejo y algo nuevo; algo que se preste y algo celeste.

Aunque esta costumbre es sólo una ligera fórmula para la “buena suerte”, me parece que contiene un hermoso mensaje. Hoy día cuando hay cierto relajamiento en el compromiso matrimonial, nos convendría ver en este refrán algo para apreciar esta unión.

Algo viejo: La unidad matrimonial de dos personas de corazón y mente, cuerpo y espíritu tiene el fin de armonizar diferencias de sexo y sentidos, esperanzas, personalidades e idiosincrasias en pro de la felicidad de ambos.

Esta idea se lee en la Biblia: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse con su mujer y los dos llegarán a ser una sola persona” (Génesis 11, 24).

Algo nuevo: al casarse, los novios comienzan a experimentar una convivencia nueva. El sacramento bendice su deseo de unirse y de compartir todo aquello que se obre en su bien físico, espiritual, social y paternal -como individuos y como pareja-. Ni uno ni el otro pierde su individualidad.

Al contrario, esas diferencias enriquecen más su vida juntos, y ennoblece su amor, en la búsqueda de su mutua felicidad.

Algo que se preste: Todos los novios llevan al altar algo prestado, pues están en una deuda con los que les han dado su amor y apoyo, ayuda y amistad, consuelo y comprensión. De manera especial, ambos deben mucho a sus padres y familiares, compañeros, maestros, amigos, quienes les han asistido para ser fuertes, alertas de mente, sencillos de corazón.

¡Cuántos llevan al altar una gran deuda de su fe por haberles dado integridad de mente para amar lo espiritual y lo humano!

Algo celeste: El celeste que llevaría la novia le recordará a la pareja el azul del cielo, a donde elevan al Señor sus oraciones y desde donde reciben inspiración para nunca dejar de buscar “la estrella inalcanzable”.

Nuestras vidas son tan brillantes como la luz de la estrella que ilumina nuestros ideales y refleja nuestros valores, disipa las sombras. Nuestra felicidad es tan completa como nuestra habilidad de soñar en “algo más allá” que nos da gozo y perseverancia.- Mérida, Yucatán.

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*) Misionero de Maryknoll, presbítero católico




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