“Triunfos” injustos

Daniel Jesús Carrillo Polanco (*)

“Parásitos electorales”

Lo legal no siempre resulta justo. Y cuando una norma no es justa lo correcto es cambiarla. Las normas que rigen la convivencia entre las personas no son eternas y deben actualizarse para adaptarlas a las situaciones de cada momento.

Deseo compartir una reflexión en torno a una práctica política que podría estar generando situaciones injustas para los electores que de buena fe emiten sus sufragios. En una democracia el triunfo electoral debe ser para quienes obtengan la mayoría de votos emitidos de manera libre y secreta.

Sin embargo, vemos casos en que ciertas minorías representadas por partidos que por sí solos no tendrían la menor posibilidad de ganar una contienda electoral acceden de manera indirecta al poder y a recursos públicos con una mínima cantidad de esfuerzo, de inversión económica y de sufragios.

Tal es el caso del Partido Verde que para todos es bien sabido que desde muchas elecciones se ha caracterizado por ser un “parásito electoral” que subsiste a costa de otras organizaciones políticas, principalmente el PRI, aunque también del PAN, como en la campaña presidencial de Vicente Fox.

Hoy el sistema democrático del país impone que todo candidato que aspire a ser autoridad debe provenir de un partido político. Por lo tanto, el partido en cuestión debe tener una representatividad real ante la sociedad, cosa que no ocurre con el Verde.

La presencia de esa minoría resulta perniciosa porque puede cambiar el sentido de una elección. Pongamos como ejemplo el caso de Umán, en donde la mayor cantidad de votos la obtuvo el PAN (8,272), mientras que el PRI sólo recibió 7,556. Sin embargo, el perdedor al final resultó “ganador” por la suma de votos emitidos a favor del Verde (162) y del PRI-Verde (917).

Es así como con una cantidad ínfima de votos -de 1,079 cuando mucho, porque no se sabe cuántos de los 917 de candidatura común realmente son priistas y cuántos verdes- el Verde le infló la votación al partido que quedó en segundo lugar (el PRI) con lo que lograría acceder al poder junto con éste. ¿Es justo que una minoría que no tendría posibilidad de ganar la contienda con tan pocos sufragios y con nulo esfuerzo logre acceder a cargos de elección popular?

Recordemos el concepto de justicia: “Es la virtud de dar a cada quien lo que le pertenece o le corresponde”.

¿Es justo que un partido como el Verde tenga cargos públicos y prerrogativas del erario a pesar de su nula representatividad en la sociedad? ¿Es justo cuando ni siquiera pueden postular candidatos propios y cuando ni en sueños podría ganar una elección por sí solo? El único “mérito” del Verde fue colgarse de otro; es decir, ser un parásito.

¿Y que pasa con los 8,272 ciudadanos que hicieron realmente mayoría? ¿Qué pasa con la candidata del PAN que en términos reales se esforzó e invirtió en tiempo y dinero para obtener el voto? Otra lectura de este análisis es que la otrora maquinaria electoral ya no puede por sí sola y tiene que recurrir a estas alianzas formales con sus satélites. Ojalá haya normas que prohíban la existencia de los parásitos electorales.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en comunicación política y marketing electoral y consejero estatal del PAN


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