¿Son visionarios o ven visiones?

Lorenzo Meyer (*)

Agenda ciudadana

Todo depende del color del cristal. El concepto de visión tiene varios significados, puede denotar perspectiva pero también desvarío. Todo sistema político y de intereses tiene preferencias y menosprecios sobre sus contrapartes en el exterior, pero posiblemente al semanario norteamericano “Time” se le pasó la mano al formular su visión sobre el actual “momento mexicano”, al punto que su perspectiva puede convertirse en quimera.

Y es que para la portada de la edición internacional del 24 de febrero, “Time” eligió una fotografía del actual mandatario mexicano, impecablemente vestido y peinado, y con un pie de foto que se justifica con un artículo de Michael Crowley sobre el personaje: “Salvando a México. De cómo las reformas radicales de Enrique Peña Nieto han cambiado la narrativa impregnada de narcotráfico de su nación”.

Fundada en 1923 por Henry L. Luce -hijo de misioneros presbiterianos norteamericanos en China, graduado de Yale y republicano-, “Time” siempre reflejó las ideas muy conservadoras de su editor y de su círculo. A partir de la muerte de Luce en 1967 y, sobre todo, del fin de la Guerra Fría, el famoso semanario norteamericano adquirió un tono más moderado, pero nunca perdió la esencia de su orientación original.

Al primer presidente mexicano que “Time” puso en portada fue a Plutarco Elías Calles al momento de asumir el poder en 1924. Luego vendrían ocho más antes de Peña Nieto. Ya en 2013 el semanario colocó al mexiquense entre los 100 personajes más influyentes del momento en el mundo. Quien lo presentó entonces fue el ex gobernador de Nuevo México, Bill Richardson. El nuevo mexicano dijo del mexiquense que combinaba “el carisma de Reagan con el intelecto de Obama y la destreza política de Clinton”. Difícilmente un político norteamericano hubiera podido hacer mayores elogios a uno mexicano. Es en ese contexto de admiración sin límites que aparece la portada en cuestión.

Un patrón. Desde hace tiempo los medios noticiosos del país del norte tienden a mostrar un gran optimismo en el arranque de las presidencias mexicanas, especialmente en la era neoliberal. Es entonces cuando expresan lo que quisieran que fuera el personaje. Casi siempre al final concluyen que las cosas no marcharon como ellos hubieran querido. Por ejemplo, en diciembre de 1982 “Time” dio su portada a Miguel de la Madrid y frente al desastre dejado por su antecesor, la revista resaltó la bondad del nuevo proyecto: “recuperación económica, batalla contra la corrupción y una estrecha relación con Estados Unidos”. Al concluir el sexenio hubo poco o nada de lo esperado. En 1988, y a pesar de las evidencias de fraude electoral que le dio el triunfo a Carlos Salinas, “The New York Times” hizo notar que “el graduado de Harvard, de 40 años, se había comprometido a ‘perfeccionar’ la democracia mexicana”. El enviado de ese diario -Alan Riding- caracterizó a Salinas como un político de nuevo cuño que ya no aceptaba la posición priista tradicional, había aceptado el fin del “partido casi único” y Riding dio a Salinas el beneficio de la duda: “Tendrá la oportunidad de implementar sus propias iniciativas para abrir y rescatar al sistema político mexicano, que en este momento está prácticamente agotado” (8 de julio, 1988). Finalmente, no fue la voluntad del “graduado de Harvard”, sino la crisis que trajo el levantamiento armado de los neozapatistas, y el asesinato del candidato presidencial del PRI, lo que abrió parcialmente al sistema autoritario. El optimismo inicial se moderó con Ernesto Zedillo pero revivió con Vicente Fox: “Un ejecutivo de negocios e hijo de rancheros”, capaz de derrotar al otrora invencible PRI y que se proponía compartir el poder con la oposición, (“The New York Times”, diciembre 2, 2000). Finalmente, a Felipe Calderón se le quiso imaginar comprometido con “la modernización de un sector energético anticuado y corrupto, con la simplificación del sistema fiscal, con la lucha contra los sindicatos dinosáuricos, la creación de empleos y la mejoría de la educación” (“The New York Times”, 2 de diciembre, 2006). De nuevo, el norte no tuvo visión sino que vio visiones.

Lo que hoy entusiasma. El “Time” supone hoy que la salvación de México se debe a que “Peña Nieto ha logrado la aprobación del paquete de reformas sociales, económicas y políticas más ambicioso de que se tenga memoria (en México)”. Desde luego la reforma central es: “La que abre las reservas petroleras mexicanas a la inversión extranjera por primera vez en 75 años”. Por eso, Wall Street, dice “Time”, está ansiosa por invertir en México. Y es que el México próspero que se vislumbra será “un soplo de viento favorable en las velas del crecimiento económico norteamericano”.

Es tal el entusiasmo por la “gran negociación política”, que está teniendo lugar en México que nuestro país, dice “Time”, puede darle lecciones a Estados Unidos.

Conclusión. “Time” y su visión del mundo han tomado partido -su partido- en la escena mexicana. Está por verse si resultan visionarios o vieron visiones.

Resumen: “Al inicio de las presidencias mexicanas los medios de información norteamericanos resaltan de ellas lo que quieren que sean. con frecuencia esos pronósticos fallan”.- México, D.F.

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www.lorenzomeyer.com.mx

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*) Historiador y analista político

Y es que el México próspero que se vislumbra será “un soplo de viento favorable en las velas del crecimiento económico norteamericano”




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