Sobre las libertades…

Antonio Salgado Borge (*)

Progresismo norteamericano

No hay cosa singular en esta naturaleza que sea más útil al hombre que un hombre que vive bajo la guía de la razón -Baruch Spinoza, filósofo holandés

La diferencia fundamental entre los ideales conservadores y los progresistas es una de sentido.

Los conservadores conciben al ser humano del presente como la versión venida a menos de una especie que en algún momento de la historia alcanzó su punto más alto, pero que ha extraviado la ruta y por ende debe regresar a formatos del pasado que siempre lucen como tiempos mejores. Por su parte, los progresistas consideran que la humanidad es un estado en permanente construcción cuyo potencial es prácticamente ilimitado, pero que debe romper cualquier grillete mental o físico -sin importar su antigüedad- que le impida ser libre, y generar las condiciones necesarias para su evolución.

En este escrito, se analizarán algunas de las tendencias normalmente agrupadas en la categoría de progresistas -consideradas en ocasiones como análogas a las liberales en Estados Unidos- con el fin de entender las transformaciones que éstas podrían implicar para una sociedad profundamente conservadora como la yucateca (Envud, 2012).

Contrario a lo que solemos pensar en Yucatán, hasta hace pocos años Estados Unidos se caracterizaba por su aversión a las políticas progresistas. Sin embargo, después de los dos triunfos consecutivos de Barack Obama en elecciones presidenciales, cada vez son más los síntomas que revelan un viraje hacia actitudes consideradas liberales.

De acuerdo con “The Washington Post” (16/01/2014), un importante periódico norteamericano, 58% de los estadounidenses están a favor de que personas del mismo sexo contraigan nupcias, 55% considera que se debe acoger a los inmigrantes que residen en aquel país -en 2006, 43% pensaba de esta forma-, 58% está a favor de la legalización de la mariguana -contra 31% registrado en 2000- y mientras que en 2002 50% se dijo satisfecho con la enorme influencia de las grandes corporaciones, en 2012 tan sólo 30% aseguró sentirse de la misma manera.

Restan tres años a la presidencia de Obama y, de acuerdo con las tendencias actuales, es probable que el próximo presidente norteamericano vuelva a ser demócrata. Al Partido Republicano, su irresponsable posición frente a temas económicos y su evidente colonización por el ultraconservador Tea Party, le ha llevado a ser percibido, con justa razón, como radical. Basados en la fe y en la moral, que en política garantizan la deshumanización del oponente (“The Washington Post”, 26/02/2014), los republicanos se han tirado hacia la derecha y se han alejado del electorado más moderado.

Por su parte, un sector de los demócratas, en particular mujeres y población blanca con alto nivel educativo, se muestra cada vez más liberal (“The Washington Post”, 28/02/2014), por lo que es probable que desde la Casa Blanca se siga mirando con buenos ojos la actual tendencia progresista. Las políticas en materia de salud -principalmente el denominado “Obamacare”- y la reciente propuesta de llevar el salario mínimo de US$7.25 a US$10.10 en 2016, que beneficiaría a 24 millones de trabajadores (“The New York Times”, 19/02/2014), contribuirían a fortalecer la economía estadounidense desde la base y corregirían, aunque sea parcialmente, la forma inequitativa en que se ha distribuido la riqueza en años recientes; se trata de dos botones que revelan la naturaleza de la novel posición progresista demócrata.

Es altamente probable que, sin importar su presidente en turno, Estados Unidos continúe exhibiendo una política exterior basada en la genética imperialista que le caracteriza. Debido a la mayúscula influencia -económica, política y cultural- que los norteamericanos detentan sobre nuestro país, es de esperar que muchos de los cambios de paradigma que en nuestro vecino del norte se están produciendo, terminen teniendo algún efecto en México; empero, su camino hacia Yucatán se antoja más largo y rocoso.

Existen antiguos factores endémicos que inhiben en nuestro estado la deliberación de temas de corte progresista. A pesar de que los jóvenes yucatecos valoran y respetan más la libertad que sus mayores, contamos con un sistema de partidos yucateco que continúa sin opciones reales de izquierda, con una universidad pública en cuya oferta académica brillan por su ausencia especialidades de corte humano y con medios de comunicación audiovisual locales más preocupados en difundir la agenda del gobernador o del alcalde que en abordar temas de fondo. Este contexto complica la posibilidad de que se discuta públicamente y que compitan los mejores argumentos en favor o en contra de las más recientes tendencias norteamericanas.

Las personas podemos dudar y juzgar la pertinencia de nuestras acciones, así como elegir la alternativa que consideremos más adecuada, en la medida en que somos racionales. Contrario a la tentadora idea de que los juicios morales no pueden probarse, las verdades morales son verdades de razón. Es por ello que en la discusión sobre las formas, alcances y naturaleza de la libertad humana -objeto material de estudio de la ética-, los mejores argumentos son aquellos que presentan mayor racionalidad; es decir, los que por principio de cuentas no son aporéticos, falaces o ilógicos y que pueden ser defendidos y justificados (Rachels, 2013).

Como se ha mencionado en este mismo espacio (Diario de Yucatán 15/02/2014), en este proceso resulta indispensable distinguir entre la autodeterminación de la persona humana, la justicia, los derechos humanos fundamentales y la libertad, agrupados en la ética de mínimos, y los proyectos morales individuales basados en creencias y convicciones personales, que comprenden la ética de máximos; pero que no podrían ser elegidos libremente sin la base proporcionada por la ética de mínimos.

Colocando entre paréntesis nuestro particular punto de partida, los yucatecos bien podríamos aprovechar la inercia progresista norteamericana para empezar a poner a prueba la calidad de nuestros juicios morales y para distinguir claramente entre los dos tipos de ética expuestos. De un proceso de esta naturaleza, sólo podemos salir ganando.- Merida, Yucatan.

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida




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