Se siguen esperando cuentas claras

Denise Dresser (*)

Cabras Comelo-Todo

Parecería que en México los funcionarios públicos y los políticos son más corruptos que en otras latitudes. Más voraces. Más glotones. Más insaciables. Pastando a lo largo del país, devorando el presupuesto y los privilegios que trae consigo. Nutriéndose de las partidas asignadas y engordando día tras día con ellas. Porque nadie controla, pocos vigilan, muchos evaden el castigo que debería existir pero no es así. Un rebaño rapaz que come todo lo que encuentra a su paso porque puede. Porque nuestra democracia de baja calidad lo permite. Porque nuestra democracia sin rendición de cuentas lo avala. Porque quien llega al poder quiere comportarse como cabra comelo-todo, en lugar de construir un redil para contener su glotonería.

Evidenciada en el informe que presenta la Auditoría Superior sobre la Cuenta Pública 2012. Repleto de frases como “falta de información”, “falta de transparencia”, falta de “cuantificación o impacto sobre las finanzas públicas”. Repleto de casos de dinero gastado que nadie sabe dónde acabó. A qué proyecto se destinó. Qué cabra se lo comió. Como los rumiantes rapaces del sindicato petrolero, cuyos 325 comisionados reciben 5.8 millones de pesos mensuales en “sueldos y prestaciones”. Como las cabras contentas del séquito de Carlos Romero Deschamps, cuyo chofer gana un sueldo de $13,760 mensuales, más prestaciones del pago de gasolina y gas doméstico por $5,776 y $2,274 cada 30 días, más una canasta básica, más un aguinaldo de 60 días y “rendimiento” por 60 días de trabajo ordinario. Como su hermana y sus cuñados que aparecen en la lista de “comisionados para tareas sindicales”. Y ésas son notas periodísticas de sólo un día.

Tendríamos que incluir en la lista de bovinos y su bacanal lo que tantos más consumen en el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Lo que Enrique Peña Nieto gasta en la promoción de su imagen. La tajada que los coordinadores parlamentarios se sirven al final del año. Los sueldos y las prestaciones y los fondos de retiro exorbitantes con los que cuentan los jueces y los magistrados y los ministros. Aunado todo ello al escándalo de la semana: la toma judicial de la empresa Oceanografía en acatamiento a una averiguación por fraude. Porque Citigroup detectó irregularidades cometidas contra su filial Banamex, por 585 millones de dólares, con el respaldo de facturas por cobrar a Pemex, que en realidad no tenían garantía. Porque, al parecer, están involucrados los hijos de Marta Sahagún.

Falta aún documentar el fraude. Airear el abuso. Constatar quiénes fueron los involucrados y sancionarlos de manera creíble. Pero éste y tantos casos más ilustran una cultura de la corrupción profundamente arraigada. La costumbre en nuestra clase política de pensar que el nepotismo es válido. El abuso es aceptable. El uso de recursos públicos para fines privados es normal. El gobierno es un lugar para servir y servirse. Pastar y engordar. Comer y asegurar que el resto de la familia lo haga también. Con aviones privados, y contratos, y bonos, y aguinaldos, y prestaciones, y préstamos, y partidas presupuestales y la exención de impuestos.

Prácticas que merecerían ser castigadas pero en México no lo son. Aquí, el país de cabras comelo-todo sin sanción. Sin control. Sin correa. Sin pastor, con la excepción de la Auditoría Superior de la Federación, cuyo trabajo se limita a hacer “observaciones” que nadie cumple. Sin investigación, o cuando ocurre es motivada por venganzas políticas más que por el cumplimiento de la ley. Y sí, deberíamos aplaudir que la empresa Oceanográfica sea intervenida, porque supondría una actitud distinta con respecto a la corrupción en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Pero seguimos esperando las cuentas claras de Arturo Montiel, y Ulises Ruiz, y Mario Marín, y Humberto Moreira, y Fidel Herrera, y Carlos Romero Deschamps e Ivonne Ortega y muchos más. Y seguimos esperando la explicación de la declaración patrimonial del presidente y por qué contiene tantos bienes que le fueron “donados”.

Mientras eso no ocurra, seremos siendo un pastizal en el cual las cabras hacen lo que les da la gana. Al igual que Pemex y las irregularidades con los contratos que oculta. Al igual que el Congreso al condonar el pago del ISR a estados y municipios. Al igual que el SAT, evadiendo las obligaciones de transparencia en torno al perdón discrecional de impuestos que el IFAI le exige. Y de allí la urgencia del monitoreo, y las auditorías y -sobre todo- los castigos. Para que las cabras sigan comiendo pero no libre y abusivamente.- México, D.F.

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*) Académica y analista política




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