Se necesitan conocimientos y esperanzas

Alberto López Vadillo (*)

Reflexiones penitenciarias

Una de las grandes tareas tanto para el gobierno estatal como para el de la república en este momento es la de la prevención del delito; mucho se ha hablado sobre este tema y muchos han sido los esfuerzos y los recursos destinados a intentar resolverla de la mejor manera posible.

Esta semana tuve la oportunidad de reflexionar en el Centro de Reinserción Social con una persona común acerca de este gran reto, y es que uno de los objetivos de escribir desde un centro penitenciario es precisamente el de mostrar las ideas, los talentos y las “chispas” de sabiduría de individuos que aparentemente no tienen nada que aportar a la sociedad.

Se llama “Nicanor”, un hombre de 51 años que está con nosotros desde hace como cinco meses; intentó entrar a robar en la casa de empeño donde hacía unos días había llevado a vender una televisión, el último objeto de valor que le quedaba.

Hacía como 20 meses “Nicanor” había sido liquidado de la empresa de protección de valores en la que trabajó durante 24 años y desde entonces su vida había ido cuesta abajo; en esa empresa había desarrollado talentos y habilidades laborales muy específicos que no le servían para otros lugares, y no logró emplearse en otro trabajo; además, estaba el problema de la edad. Intentó con la liquidación que le habían dado poner una cocina económica con su familia, pero al no tener los conocimientos administrativos necesarios fracasó, perdiendo además el patrimonio que le quedaba; el resto de la historia es una serie de desafortunados pensamientos que quiso materializar con catastróficos resultados. Detenido inmediatamente, consignado por robo a casa habitación y esperando una sentencia que puede llegar hasta los 15 años.

“Psicólogo no sé qué me pasó, me avergüenzo tanto de mis acciones, en verdad que no me reconozco, toda una vida de ser una persona responsable, honesta y trabajadora, y mírame ahora, pareciera que me gusta la vida fácil y que quisiera disfrutar lo que no me he ganado”, me decía “Nicanor” en consulta, sumamente acongojado.

“Te gana la necesidad y la angustia, no sabes a quién recurrir, se te han cerrado muchas puertas, sabes que te faltan conocimientos y que es necesario adquirirlos, pero no te imaginas regresando a la escuela en estos momentos; te entra una sensación de desesperanza y piensas que la única salida que te queda es hacer la tontería que se me ocurrió”, una gruesa lágrima recorría la mejilla de este hombre arrepentido, aunque legalmente esto no sirva de mucho; aún le queda un largo camino por recorrer.

Ahora “Nicanor” participa con nosotros en la escuela del penal, en los programas que imparte el Centro de capacitación para el trabajo industrial (Cecati 30), que por cierto está cumpliendo 35 años en Mérida, muchos de ellos trabajando con este centro penitenciario y es una excelente opción para prevenir situaciones extremas como la de “Nicanor”; tristemente él no supo de su existencia y bondades hasta que llego aquí.

El Cecati es una institución un tanto desaprovechada, que por sus características se podría convertir en una herramienta poderosa para resolver muchos de los conflictos sociolaborales que hoy atormentan a nuestra sociedad.

Porque la tierra no enriquece a la gente por sí sola, necesitamos enriquecer la tierra para que ésta a su vez nos devuelva de la misma manera; y en este caso, la tierra somos nosotros mismos.

Es así que una manera de prevenir el delito será la de proporcionar conocimientos y esperanzas, un gobierno responsable ciertamente seguirá propugnando por desarrollar más espacios educativos y laborales para los jóvenes, pero también es cierto que necesitará resolver el problema de los que ya no tienen mucho tiempo para adquirirlos y sobre todo para quienes las esperanzas ya casi se les agotan, para quienes el camino delictivo se aparece en su horizonte cercano, como una posibilidad real de resolver su situación que se torna desesperada, sea pues la promoción e impulso de instituciones como el Cecati lo que permita resolver esta tarea que hoy se ha vuelto impostergable… que así sea…- Mérida, Yucatán.

[email protected]

—–

*) Psicólogo. Interno del Cereso meridano

El Cecati es una institución desaprovechada que, por sus características, se podría convertir en una herramienta poderosa para resolver muchos conflictos sociolaborales




Volver arriba