Pobreza de espíritu

Pobreza de espíritu

Herminio José Piña Valladares (*)

Del papa Francisco

Siempre es necesario que en algún momento de nuestra vida hagamos una pausa, un alto para reflexionar, sobre todo cuando sentimos el peso de la vida con todas sus decisiones y problemas. Con ocasión de la Cuaresma, el papa Francisco nos propone algunas orientaciones, a fin de que nos sirvan para el camino personal y comunitario de la conversión.

El mensaje se centra en la pobreza de espíritu, de la cual Cristo nos dio ejemplo. La visión cristiana de la pobreza no es la misma que rige el sentimiento común. Se considera la pobreza simplemente en su dimensión sociológica y se entiende como una falta de bienes. La referencia para que un cristiano entienda la pobreza es Cristo, quien -como afirma San Pablo- se hizo pobre para enriquecernos con esa acción. La elección de la pobreza por parte de Cristo nos dice que hay una dimensión positiva de esa opción de vida, ya que proclama bienaventurados a los pobres; es decir, que son felices desde ahora, porque tienen la libertad y disponibilidad para recibir el reino de los cielos.

El Vicario de Cristo menciona que, a imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a no cerrar los ojos ante las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza.

El Santo Padre enumera tres tipos de miseria: material, moral y espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad, como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. En nuestros hermanos más necesitados descubrimos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se han de orientar también a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que en tantos casos, son el origen de la miseria.

El sucesor de Pedro nos indica que es preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. Muchas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía. Algunas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza. Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud.

La miseria espiritual es la que acontece cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos; así nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera. Ante estas realidades, el Papa menciona que el Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!

El papa Francisco concluye diciendo que: Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores, como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos, a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. Que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona.- Mérida, Yucatán.

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*) Abogado y asesor jurídico, con maestría en Administración




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