Peligroso berrinche federal

Sergio Aguayo Quezada (*)

Mireles

El tablero michoacano cruje por varios lados. Reveladora de esta inestabilidad fue la decisión federal de retirar la protección policiaca que tenía en la capital el líder de las autodefensas michoacanas, Juan Manuel Mireles. Estuvo semanas a merced de “Los Templarios”.

Hace días conversé en la capital con el doctor Mireles, quien resumió su causa: “La vida bajo ‘Los Caballeros Templarios’ era insoportable” y como el Estado “no nos protegía y no había Estado de derecho, nos levantamos en armas… A medida que crecíamos y teníamos éxito”, continuó, “fuimos llegando a un buen entendimiento con el gobierno federal”.

La relación gobierno federal-autodefensas se construyó a conciencia pero reservo los detalles a petición de Mireles, quien expresó de otras maneras su actitud conciliadora: “No vamos contra el gobierno federal” y calificó el plan del presidente para Michoacán de “muy bueno” en el papel; insistió en que “primero se limpie Michoacán, luego que se enlisten como policías los que quieran y después vendrá el desarme”. Esa misma tersura se aprecia en el mensaje de Mireles por el primer aniversario de ese movimiento.

El diálogo se fue por otro camino cuando le pregunté sobre la desprotección de la casa particular donde se hospedaba; notable por las amenazas que ha recibido, por el tamaño del operativo de seguridad cuando estuvo internado en Médica Sur y por las palabras del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong (7 de enero): “Sí, cuidamos (a Mireles) porque es una persona que ha venido lastimando a ‘Los Templarios’; (por eso) di la instrucción de que se le diera el cuidado, y que se le apoyara, y (…) por eso se ha visto a la Policía Federal ahí participando”.

Mireles respondió con el silencio a mi pregunta sobre la falta de seguridad. Uno de sus acompañantes intervino para explicar que “después de que salió una entrevista en ‘El País’ (febrero 4) y de que Carmen Aristegui lo entrevistara para MVS (febrero 5) se retiraron los efectivos sin avisar” (en ambos espacios Mireles criticó algunos aspectos de la política oficial). Quien daba la explicación añadió que un funcionario federal le aclaró que la protección se retiraba porque “ya se le había dicho al doctor que no hiciera declaraciones. Ahora que le pida una disculpa (al funcionario X) para que le devuelvan la guardia (sic)”. Como no lo hizo, llevaba dos semanas indefenso, desprotegido. No lo informaron públicamente para evitar que se enteraran “Los Templarios” y para no lastimar la relación con el gobierno.

A las élites políticas mexicanas les gustan los líderes y organismos sociales domesticados, que pidan permiso y obedezcan a quienes tienen el cargo. Las autodefensas les plantean retos gigantescos porque nacieron queriendo ser sujetos de su historia. Han prosperado porque tienen una causa legítima, una sólida base social, armas y recursos. Tal vez más importante es que han triunfado donde el gobierno fracasó.

Las autodefensas viven en la ilegalidad de quien porta armas prohibidas, son muy heterogéneos y tienen una institucionalidad precaria (es enorme el peso de los liderazgos individuales, algunos de los cuales tienen biografías manchadas). Pueden ser parte de una solución o del deterioro. El desenlace dependerá de la manera como Estado y movimiento procesen esa dependencia mutua.

El gobierno de Peña Nieto necesita interlocutores legítimos. Mireles es independiente, pero en el último año ha demostrado ser un dirigente que usa su carisma de manera responsable, que tiene claros los límites de su movimiento y que acepta los riesgos de una solución exclusivamente militar o de una partidización del movimiento (el “día que lo hagamos nos vamos a destruir”). Quiere una relación funcional con el Estado, cuyo apoyo y tolerancia es indispensable.

Con la captura del “Chapo” Guzmán, el gobierno de Peña Nieto tiene motivos para estar satisfecho; le funcionan las instituciones de seguridad porque, como lo comenté hace casi un año, se coordinan mejor y las dirigen equipos con experiencia. Michoacán es muy diferente a Sinaloa. La principal razón es el tamaño y peso alcanzado por las autodefensas. El gobierno de Peña Nieto se equivoca si busca poner a locutores domesticados para repetir el mensaje oficial. Mireles ya dejó el Distrito Federal y regresó a su pueblo donde tiene la protección armada que el gobierno absurdamente le retiró en la capital. ¿Aprenderán algún día que en asuntos de seguridad nacional los berrinches terminan siendo contraproducentes?- México, D.F.

www.sergioaguayo.org

@sergioaguayo

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*) Periodista y analista. Colaboró Maura Roldán Álvarez




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