Yucatán desfalcado: Preocupa el silencio social

Daniel J. Carrillo Polanco (*)

Interesante nota publicada por el Diario en la que el doctor Othón Baños Ramírez manifestó su preocupación ante el silencio que ha guardado el actual Ejecutivo del Estado ante los evidentes casos de corrupción.

“¿No que este gobierno era diferente al de Ivonne Ortega Pacheco?”, cuestionó el especialista del Centro de Investigaciones Regionales Hideyo Noguchi.

¿De veras alguien se creyó esto? Lo único diferente entre uno y otro desgobierno es que la frivolidad no es tan descarada. Pero en lo demás todo es igual y puede ser hasta peor, porque teniendo en sus manos la responsabilidad de fincar responsabilidades contra quienes desfalcaron a los yucatecos opta por protegerlos.

Y cómo no van a ser iguales ambos gobiernos si hasta funcionarios involucrados en casos de corrupción siguieron en sus puestos como si nada. He ahí el caso del jefe policíaco, el del ex secretario de Planeación, por mencionar algunos.

En efecto, como bien lo señala el profesional, el Ejecutivo estatal le está apostando a la mala memoria que tienen las personas respecto a los asuntos públicos. No sé hasta qué punto le funcione.

Preocupa el silencio del gobierno en torno a los sonados casos de corrupción, pero más preocupa la indolencia de la propia sociedad que parece estar acostumbrada a que sus recursos sean desviados y mal ejercidos.

Parece que la gente no se da cuenta de que todo lo que le quitan vía impuestos acaba en las bolsas de malos funcionarios o sirve para beneficiar a parientes y amigos de aquéllos. ¿Hasta cuándo vamos a reaccionar?

Las áreas recientemente señaladas, que se han visto afectadas por la corrupción, son las más sensibles a cuestiones sociales. Salud, educación y el campo.

Decenas de millones de pesos, pagados por los ciudadanos y que debieron ser canalizados para la mejora de servicios de salud, para la educación o para el campo, se usaron para el beneficio personal de quienes los tuvieron en sus manos y de modo irresponsable los desviaron.

Cada vez que se pague un impuesto se debería tener la conciencia de que ese dinero que bien podría servir para la familia o para el provecho personal será finalmente para beneficio de otros, no para el bien común.

Esperar a que el gobierno dé alguna señal positiva es un sueño guajiro. Es una utopía. Es algo que jamás ocurrirá, de tal suerte que sólo la exigencia reiterada de los ciudadanos podrá cambiar la realidad.

Y lo que viene, porque el pago de las deudas heredadas será hasta durante 25 larguísimos años; es decir, que tendrán que pasar más de cuatro sexenios para que los chistecitos de la señora Ortega -sus jaraneadas, viajes, cirugías, y regalos a artistas- sean cubiertos por la propia gente.

Qué bueno que empiezan a haber voces, como la del doctor Baños Ramírez, quien habla de la estrategia del Ejecutivo estatal de proteger a su antecesora y a todos los que desfalcaron al Estado durante largos cinco años, durante un desgobierno que continúa impune.

Si como sociedad no hacemos algo, no esperemos nada del gobierno. Ya algunos deben estar enterados de las declaraciones que hizo el “contralor” estatal, quien prácticamente ya exoneró a Ivonne Ortega de todo.

El combate feroz a la corrupción nunca comenzó. Fue una promesa electorera tan falsa como aquella que hizo Angélica Araujo de que iba a erradicar la pobreza extrema en la que viven miles de familias en esta ciudad de Mérida.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en comunicación política y marketing electoral, y consejero estatal del PAN




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