Y no dejan de sorprender a los mexicanos

México ¿moderno?

Por FERNANDO ALCOCER ÁVILA (*)

Este México de tantos cambios y de “nuevas políticas”, como dice la frase, “toda exageración es mala”, ha llegado al punto de lo absurdo, en días pasados se informó por la prensa de la intención de varios legisladores de todos los partidos de llevar a discusión la Ley General del Ejercicio Profesional Sujeto a Colegiación y Certificación Obligatorias, la cual no es nueva, se ha venido discutiendo desde hace ya más de cuatro años, donde la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM), en la cual participé como secretario de Asuntos Legislativos, secretario general y como comisionado de Autoría de Proyecto, emitió su opinión ante senadores, de que era innecesaria y además de todo invasiva en la profesión, se dijo que no estábamos de acuerdo con ese proyecto, ya que además disponía normas a profesiones que ni siquiera se pueden evaluar, como la arquitectura en particular.

Hoy, una vez más, no dejan de sorprendernos a los mexicanos las ocurrencias, los dichos y argumentos tan vacíos que sin freno manifiestan los senadores. Una iniciativa añeja que se quedó en el tintero por ineficiente, invasiva e inconstitucional, donde ahora disponen la importancia de regular las profesiones, cuando ya están reguladas y controladas por el marco legal correspondiente, el Código Civil, en donde tanto el que presta como el que solicita los servicios se comprometen entre cada uno de ellos sus obligaciones.

Como ya vamos en el camino de reformar por reformar la Constitución Política, ahora se les ocurre que falta modificar el articulo 5o., donde se ha dispuesto la libertad de ejercicio profesional, y quieren que esa libertad, consagrada como parte de un decisión y derecho fundamental del ser humano, firmada como tratado internacional, ahora se olvide y cambie a un particular interés de ellos, donde se manifiesta su total desconocimiento sobre el libre ejercicio de la profesión.

Obligar a una Colegiación es contra el mismo artículo 9 de la Constitución, y exigir una membresía es del todo ya arbitraria y ocurrente. Deseo expresar lo que se pretende y lo que en verdad ocurre en nuestro país en este tema, en particular con nuestra profesión.

La arquitectura como tal es una de la bellas artes y tratar de encuadrar una profesión que nace de la necesidad de solucionar un problema espacial y de función de una persona o familia, o grupo de personas, es tan diferente cada una de las propuestas como arquitectos existen en el estado, es una propuesta conceptual de formas, materiales, elementos, luz y sombra, y disponer la evaluación matemática de un diseño, es imposible, ¿con qué base se calificará? ¿De si nos gusta o no? no existe parámetro, tan es así, que el Ceneval no tiene examen para la titulación de arquitecto.

En este punto, cabe señalar y cuestionar el argumento de su propuesta, de que esto nace de la necesidad de regular las “escuelas patito” existentes, de donde es necesario que nos aclaren de dónde y cómo se califica una “escuela patito”, ¿quién le otorgó el permiso de existir?, ¿quién vigila estas escuelas?, y como el gobierno federal no ha hecho su labor, ahora los colegios que se ocupen de enmendar este déficit, ¿no sería más fácil revisar y evaluar los planes de estudios y el contenido de cada materia? Eso no se regula y se seguirá dando mala formación y mala preparación profesional; a fin de cuentas, los colegios serán responsables y corresponsables de su correcto desempeño y formación; pero no se acaba aquí, dentro de lo mismo, entonces ¿de qué sirve que las universidades se preocupen de formar planes de estudio, si los títulos que emiten no tienen valor ni otorgan ningún derecho? O, en su caso, ¿para qué servirán las cédulas profesionales que ellos mismos expiden, si no sirven o permiten el ejercicio de nuestra profesión? Es decir, que lo que la SEP emite y expide sirve para nada, porque una vez que un estudiante sale de una universidad nada de lo que se le otorgó le puede servir para trabajar en su profesión.

Lo curioso y absurdo no se ha acabado, no, la ocurrencia va más allá de lo imaginado, con la creencia de que la colegiación obligatoria llevará certidumbre a los ciudadanos, en realidad generará un coto de poder para unos cuantos. Sólo serán colegios los que a las autoridades en turno le convenga, y se tendrá una “clientela fija” a disposición; hasta el monto de cuotas se ha regulado.

En nuestra área en particular, el diseño y la construcción, no traerá los “beneficios” que estos señores plantean, ya que se podrán constituir firmas de arquitectos, como en Europa o Estados Unidos, en las cuales puedan trabajar 30 arquitectos, y uno solo sea Colegiado o Certificado, pues la responsabilidad será de un despacho. En la parte de licencias y permisos, después de tantos desaciertos, esta propuesta traerá un gran logro, lo que hemos señalado como ilegal, las firmas para los permisos, esas firmas de peritos para los ayuntamientos por fin se declaran ilegales, ya que el que no sea arquitecto no podrá fungir como responsable, pues ya está tipificado como delito el “ejercicio ilegal de la profesión”, pues la Comisión Nacional determinará qué hacen los arquitectos como profesión, que para nosotros está muy claro que somos los diseñadores.

De lo poco bueno, que estoy seguro no lo será para todas las partes, que si para ejercer una profesión será necesario estar colegiado y certificado, ningún orden de gobierno, ni federal, estatal ni municipal, podrá elaborar diseño o proyecto alguno, pues serían delincuentes o cómplices de un delito penal, ejercer ilegalmente una profesión; así que los arquitectos saldremos ganado, mucho trabajo, ya que hasta el más pequeño y sencillo diseño de parque, escuela, biblioteca, dispensario médico o caseta de policía tendrá la obligación de contratarlo a una firma de arquitectos, ya que el ciudadano que trabaja en estos ordenes son servidores públicos, no profesionales, pues se requiere título y cédula; colegiación y certificación para cumplir los perfiles de cada profesión, y ahora podremos denunciar, el ejercicio ilegal de la profesión.

En particular los que se dedican a la construcción no estarán obligados a colegiarse ni a certificarse, pues la construcción es un oficio, no una profesión; es un servicio de tipo empresarial o mercantil, tanto, que las constructoras están en una cámara y no en un Colegio, por lo tanto, tendremos la posibilidad de no cumplir esta obligación.

Pero de todo este berenjenal que han creado, ¿quién será el encargado de denunciar la mala práctica?, ¿quiénes tendrán el derecho y la facultad de señalar con el dedo inquisidor a un mal profesional? La respuesta es simple, aquel ciudadano que haya sido afectado por ese mal profesional, y eso ya está regulado, se llama Código Civil.

Una vez más vemos que nuestros gobernantes no tienen ni la más mínima idea de lo que el ciudadano común vive a diario, se legisla por legislar, sin saber los alcances de sus acciones. Me viene a la mente la frase de un buen amigo cuando se dijo que la sede del Senado es un edificio inteligente; “que ahora legisle el edificio, al menos es inteligente”.- Mérida, Yucatán.

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*) Miembro fundador del Colegio de Arquitectos de la Zona Metropolitana de Mérida

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