¿Vialidades para todos?

¿Vialidades para todos?

Por Héctor Alfonso Valdés Vidiella y Fernando J. Alcocer Ávila

Todas las ciudades se conforman por tres elementos importantes: los espacios públicos, los predios y el cómo se conectan y comunican éstos. Las vialidades, no calles, que no son lo mismo, son el espacio del dominio público, “de todos nosotros”, que articula, conecta y comunica todas y cada una de sus partes; es donde las personas se conectan con la vida, con otras personas, cómo se mueven a su casa, trabajo, descanso o recreo. Las vialidades deben de ser espacio democrático, universal e incluyente. Y como tal, son obligación el cuidado y mantenimiento de los ayuntamientos.

La vialidad permite que las personas alcancen los beneficios sociales, económicos, políticos y culturales que ofrece y trae el desarrollo; brindan comunicación, movilidad, espacios verdes y facilita la comunicación y el intercambio socio cultural.

Hoy día Mérida está viviendo, en diferentes partes de la ciudad, una moda de la renovación de los materiales del pavimento, como tal, y se han expresado diferentes opiniones al respecto, en todos los sentidos, y como especialistas en el diseño urbano, después de 12 años de ejercicio y estudio del tema, y profesionales capacitados en la accesibilidad universal, con el interés de hacer clara a usted, ciudadano de Mérida, las consideraciones técnico-urbanas de una vialidad, sus componentes y en particular su función y operación, y sin emitir ningún juicio de valor político o partidista, del valor de estas acciones urbanas.

Los materiales

En primer punto debemos mencionar los materiales, ambos, el asfalto y el concreto, son pavimentos, y tienen funciones iguales, brindar una superficie de rodamiento lisa y sin topes, la selección del material es cosa diferente, y cada uno de ellos funciona de manera correcta, por lo cual ninguno es mejor que otro. Es como pensar que una persona construya su casa con muros de tabla-roca y otro de concreto reforzado, no por eso es mejor uno que otro, solamente se gastan más recursos económicos, es decir, una cuesta más que otro, pero no la hace mejor.

En segundo lugar la función de una vialidad. Estas se deben diseñar considerando a todos y cada uno de los posibles usuarios, y excluir cualquier opción o medio de transporte no brinda certeza ni seguridad en los espacios o vías públicas que son para todos los ciudadanos.

La recién repavimentada calle 60 ha privilegiado al automóvil y poco o nada se ha hecho por los ciudadanos, sean peatones o de bicicleta, obligándolos a circular por banquetas angostas, con niveles diferentes, dificultando la circulación peatonal, con obstáculos que impiden el desplazamiento libre por las mismas, que carecen de rampas para personas con discapacidad, o en los casos donde se ha construido, sus pendientes y dimensiones no respetan lo especificado en los reglamentos municipales, y se han colocado donde no existen sus correspondientes en la acera contraria, y no existe la continuidad del itinerario peatonal, poniendo en peligro a las personas al tener que circular en el arroyo vehicular.

Limitaciones

Las pocas soluciones o facilidades arquitectónicas hechas solamente podrían servir a las personas con discapacidad motriz, pero no existe nada en materia de las personas con discapacidad visual, auditiva o sensoriales, no se ocuparon de incluir las franjas táctiles, bandas de alerta, puntos de cambio de dirección, las señales auditivas y visuales; y en el caso de los adultos mayores, cuando pueden cruzar, se encuentran con más barreras, las guarniciones, el camellón, los suelos y pavimentos les impiden una libre circulación.

Lo anterior da como resultado que estas vialidades son barreras en el entorno, que limitan o impiden la libertad de movimientos y autonomía de las personas, lo cual constituye un atentado a los derechos de las personas con discapacidad.

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, las Naciones Unidas han pugnado por la protección y cuidado de la dignidad de las personas, sus Estados miembros, han aceptado voluntariamente sus preceptos como ideal humano, social, económico y político para todos, sin distinción, y desde esa fecha se ha procurado garantizar a todos el reconocimiento de esos derechos fundamentales e inherentes al ser humano.

La Ley para la Protección de las Personas con Discapacidad del Estado de Yucatán, en su artículo 27 dice: “Las personas con discapacidad tienen derecho a la accesibilidad universal y la vivienda”. Obligando a las dependencias y entidades de la administración pública estatal y municipal, a vigilar el cumplimiento de disposiciones en materia de accesibilidad establecidas en la normatividad, que para este caso, las normas municipales no se cumplieron, siendo el municipio quien realizó (promovió) la obra, por lo tanto debió ser materia cumplida.

Por otro lado en su función de albergar la movilidad, no se realizó un proyecto de diseño urbano, ya que los perfiles y tangentes viales son de todas las secciones, no existe continuidad, y las números de carriles y sus secciones son tan variadas como los anchos de las calles; provocando mucho cambio de direcciones. En esta parte se debió, como marcan los cánones, definir el número de carriles, establecer su sección, y vigilar que sea la misma en todo el recorrido, y no aumentarlos o reducirlos en tramos tan cortos, ya que causa confusiones y es generador de accidentes.

No se cuidó que la sección sea la misma en su recorrido, y ante la necesidad de garantizar “para todos” la movilidad, se debió de revisar los ancho de la vialidad, para redimensionar los carriles e incluir el exclusivo para bicicletas o de otro vehículo similar, más aún que hoy existe una ley, promovida por el diputado Mauricio Vila, del fomento del uso de la bicicleta, y que no se incluyó esta posibilidad perdiendo la oportunidad de hacer vialidades incluyentes.

Por lo anterior podemos afirmar que la obligación de cuidar el cumplimiento de las normas sobre accesibilidad no solo es un derecho de las personas con discapacidad, sino de todos nosotros, y un compromiso irrenunciable para las autoridades, los arquitectos, los diseñadores urbanos, los promotores y los constructores.

Esto nos proporcionará las herramientas para que en el desarrollo de los espacios públicos de la ciudad y sus vialidades, se respete la dignidad de todas las personas, incluyendo a los grupos vulnerables, y entonces sí estaremos haciendo ciudades y vialidades para todos, eliminemos las barreras urbanas por la modernidad de nuestra ciudad.- Mérida.

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*) Arquitectos Héctor Alfonso Valdés Vidiella y Fernando J. Alcocer Ávila, especialistas en diseño urbano y accesibilidad universal




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