Viajar enriquece el alma

 

Por: Gabriela Soberanis Madrid

 

No me digas lo viejo que eres, o lo bien educado que estás, dime cuánto has viajado y te diré cuánto sabes. -Mahoma, profeta

Existe toda una gama de experiencias que pueden contribuir notablemente a que los seres humanos aprecien la abundancia que el mundo nos ofrece en todas sus facetas. Viajar es una de ellas. Desde luego, pueden haber otras, pero considero a ésta una de las más significativas.  Me parece que es una experiencia no sólo enriquecedora, sino necesaria y de carácter formativo para cualquier individuo.

 

Para mí, viajar no es sólo un deleite, es también un derecho que la educación integral requiere. Desde luego, habrá quienes no estén de acuerdo con esta afirmación, ya que la realidad nos muestra evidencias que podrían ponerla en tela de juicio y dar pie a cuestionamientos tales como éste: ¿cómo podríamos promover que la gente viaje más cuando todavía hay personas en el mundo que no tienen para comer?

 

Una respuesta razonablemente satisfactoria a esa pregunta no es objeto de este artículo, pero sí lo es recordar que todos merecemos por nacimiento vivir una vida digna, con sentido y que se enriquezca en todas sus facetas y todos los días a través de nuestras experiencias y las personas con las que vivimos y convivimos en el camino. Desde esta perspectiva y, mejor dicho, desde un punto de vista más holístico  -y para quienes apreciamos este enfoque– sabemos que comer, vestir y cubrir nuestras necesidades básicas no son suficientes para tener una vida completa y satisfactoria. Hace falta mucho más que eso para decir que estamos viviendo plenamente. De modo que la pregunta es ¿qué tanto nos enriquece viajar? ¿qué, específicamente, nos provee?

 

Veamos, entre otras cosas: viajar nos aporta nuevas perspectivas del mundo y de la vida, estimula nuestros sentidos descubriendo olores, sonidos, sabores y escenarios que no habíamos experimentados antes; despierta nuestro subconsciente con ideas que no habíamos concebido en momentos rutinarios, nos permite salir de nuestra zona de confort para convivir con personas de diferentes culturas, que profesan otras religiones y que tienen costumbres y formas de pensar muy distintas a la nuestra. Adicional a esto, es una oportunidad de hacer una pausa para descansar, disfrutar y reflexionar, alejados de las tareas cotidianas.

 

En un mundo intercontectado como el que vivimos hoy día, donde la comunicación se encuentra en continuo movimiento y donde todo es posible gracias a la conectividad global, viajar ya no debería ser una posibilidad de algunos, sino una oportunidad para todos. Es por eso que las cifras arrojadas en un estudio realizado en México sobre el tema hace poco más de un año me han resultado impactantes:

 

  • El 75  por ciento de la población mexicana nunca ha viajado en avión.
  • Una tercera parte de los mexicanos no conoce el mar.
  • Los hombres gustan de viajar más que las mujeres.
  • Contar con estudios universitarios no sólo abre la puerta del desarrollo personal y profesional, sino que también abre las puertas para poder viajar.
  • Los habitantes del norte del país viajan más a los Estados Unidos por su cercanía.
  • Las mujeres del país buscan más viajar a Europa.
  • Los que viajan más son los adultos.

 

¿Qué realmente revelan estos datos?

 

Bueno, por un lado que, paradójicamente, México es una gran potencia del turismo, pero no de grandes turistas. Por otro, que por sorprendente que sea –y también preocupante- tres cuartas partes de los mexicanos nunca ha salido de México, nunca ha viajado al extranjero. Nunca. Y por último, destacando claramente la escasa experiencia que el mexicano tiene en viajar y que podría decir mucho sobre el nivel de estudios: cultura, lectura y consumo de nuestra sociedad.

 

Entonces ¿qué habría de motivarnos a darle prioridad a hacer un viaje por encima –digamos– de cambiar nuestro vehículo?

 

Aparte de lo que mencionamos anteriormente, la experiencia de viajar da paso a una infinidad de oportunidades y vivencias que no podemos igualar con ninguna otra. Es un ejercicio que estimula el cerebro y el pensamiento porque entraña los tres elementos clave que permiten que desarrollemos nuevas competencias y niveles de inteligencia: 1) Novedad 2) Variedad 3) Desafío. Las personas que incorporan a su vida el hábito de viajar son individuos que desarrollan una fuerte capacidad para afrontar nuevos entornos, superar desafíos y enfrentar situaciones desconocidas. Son personas que, por ende, se acostumbran a activar internamente el proceso de solución de problemas.

 

La gente viaja por diferentes razones: ya sea por negocios, por vacaciones, para hacer deporte, para ponerse en contacto con familiares y amigos, o sencillamente, para salir de la rutina. Lo cierto es que viajar ha dejado de ser un privilegio que nos da el dinero y se ha convertido en una necesidad y en una determinación que tomamos y que incorporamos a nuestra vida de forma consciente y por razones de valor. Por lo tanto, no importa si tienes poco o mucho dinero, viajar es una experiencia que puedes vivir si así lo decides.

 

Recuerda: en la medida en que recolectamos momentos, vivencias y convivencias de otros destinos abrimos los ojos a aspectos del mundo completamente desconocidos que aportan valor a nuestra vida, la enriquecen y nos permiten apreciarla de una forma muy diferente a como estamos habituados.

 

Como alguna vez escribió el dramaturgo italiano Carlo Goldoni: “El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios.”

 

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