Uruguay

La profecía cumplida

Autor: Eduardo R. Huchim May (*)

Desde que era niño, su madre le anunció a José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 1935) que sería presidente de Uruguay. La profecía de la señora Cordano, que recuerda la de las brujas a Macbeth en la tragedia shakespearana, habría de repetirse en una situación dramática, cuando su hijo estaba en una situación discordante con el futuro presidencial que le auguraba. Era prisionero en una “tumba” militar.

Hoy Mujica vive una profecía cumplida. Es presidente de Uruguay y tiene fama de ser el mandatario más pobre del mundo, si bien él rechaza esa caracterización. “Yo no soy pobre -ha dicho en varias ocasiones-, yo soy austero, necesito poco para vivir. Pobres no son los que tienen poco, pobres son los que quieren mucho”.

Pero, acéptelo o no, sí es un presidente pobre al menos en lo material y no porque los uruguayos le paguen poco a su presidente, sino porque Mujica dona cerca del 90% de su salario para la construcción de viviendas destinadas a los más necesitados. Después de haber cerrado la mansión presidencial, vive con su esposa Lucía Topolansky Saavedra en una pequeña cabaña (chacra le llaman en su país) en las afueras de Montevideo y no tienen servicio porque ellos mismos se encargan de la limpieza. Su única posesión material es un viejo Volkwagen y su cuerpo de seguridad lo constituyen dos policías que vigilan cerca de la choza presidencial. Es irresistible contrastar su condición con la del presidente mexicano que pronto estrenará un avión de 7,520 millones de pesos y que gastará otros mil millones en la remodelación y ampliación del hangar presidencial.

Catorce años en total estuvo recluido Mujica en diversas cárceles, por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Se fugaba pero era capturado de nuevo y hoy tiene en su cuerpo las huellas de seis heridas de bala. En las cárceles de la dictadura sufrió vejaciones sin límite. Desnudo, con las manos y los pies atados a una especie de parrilla, le aplicaron la picana hasta abrasarle los genitales y la lengua. Su biógrafo Walter Pernas narra otras muestras de barbarie en Comandante Facundo. El revolucionario José Mujica (Aguilar, 2010): Perdida la dentadura como consecuencia de las palizas que le propinaban en prisión, llegó a comerse el papel higiénico y el jabón, a beber su propia orina y a chupar, en busca de calcio, los huesos que le arrojaban sus carceleros después de que los perros los roían. Pasó semanas o meses sin ver la luz, años sin hablar con nadie. Perdió la noción del espacio y del tiempo, deliró, adelgazó hasta ser capaz de contar cada uno de los huesos de su esqueleto. Los golpes, las balas y la deficiente alimentación le causaron problemas renales y digestivos.

Así lo escribió Juan José Millás en un espléndido texto en “El País Semanal” (24/03/14). Citando el libro de Pernas, relató que Mujica viajó varias veces hasta el borde mismo de la muerte, de donde regresaba alucinado, con los ojos hundidos y sin masa muscular sobre la cual sostenerse. Lo llevaban y lo traían de una prisión a otra, de un agujero a otro, como un saco de mercancía inmunda, arrojándolo sin contemplaciones sobre la caja del camión militar y sacándolo de ella a patadas. Conocedores de su diarrea crónica y de sus problemas urinarios, los carceleros desoían sus súplicas para que lo condujeran al retrete. Fruto de su constancia y de la de su madre logró, al cabo de los años, que le dejaran poseer un orinal del que no se separaba y que se convirtió increíblemente, con el paso del tiempo, en el símbolo de una victoria moral sobre sus secuestradores. Abandonó la cárcel abrazado a él, convertido ya en una maceta de flores.

Después de recordar la tortura sufrida por el tupamaro prisionero, Millás aporta un dato que acredita la reciedumbre moral de Pepe Mujica: “Apenas llevaba cuatro días libre, cuando pronunció un discurso político en el que resultaba imposible encontrar un vestigio de resentimiento. La naturaleza, suele decir, nos ha puesto los ojos delante para que miremos al frente”. Mucho más ha dicho y hecho Mujica en su país. Habrá ocasión de hablar de ello.- México, D.F.

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@EduardoRHuchim

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*) Periodista




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