Unas líneas sobre la amistad

 

*Por: Gabriela Soberanis Madrid

 

En la prosperidad, nuestros amigos nos conocen; en la adversidad, nosotros conocemos a nuestros amigos. – J. Churton

 

¿Qué es ser un amigo? ¿Qué esperas de una amistad? ¿Existen diferentes tipos de amistad? ¿Qué elementos fortalecen una amistad y cuales la marchitan? Todas estas son interrogantes comunes respecto al tema de la amistad y los amigos, una de las relaciones interpersonales más habituales que la gente tiene. Es tan importante en la vida de las personas que podemos ver reflejada su trascendencia en el mundo de la literatura, el cine y la televisión.

Amistad viene del latín “amicus”, que significa amigo, y deriva de “amare”, que significa amar. Las grandes interrogantes surgen de analizar su significado y preguntarnos, cuando hablamos de amistad ¿a qué nos referimos exactamente? Sin duda, una amistad se da entre dos personas que se quieren, aunque personalmente no creo que el cariño mutuo sea suficiente para hablar de una amistad verdadera. Hacen faltan otros componentes importantes para decir que dos personas son amigos de verdad.

La definición de amistad es al mismo tiempo tan universal como personal. Cada individuo es diferente y por lo tanto, espera diferentes cosas de una relación fraternal. Sin embargo, un amigo es un amigo y si le preguntas a cualquier persona “¿Qué es un amigo para ti?” con toda seguridad te responderá algo como esto: “Es alguien en quien puedes confiar, que te conoce tal como eres, está contigo en las buenas y en las malas y no te juzga por tus errores.” Tan acertada como puede ser esta definición y que muchos pueden identificarse con ella, lo cierto es que hablar de una verdadera amistad se ha convertido en un tema casi utópico. Vemos con más frecuencia que las personas se relacionan por razones poco auténticas, donde prevalecen los intereses personales sobre la lealtad, el amor y el deseo de ayudar. Entonces, ¿qué es una verdadera amistad?

La semana pasada tuve la oportunidad de hacer una reflexión al respecto y de describir mi propio concepto de amistad. No es sencilla la descripción porque, por un lado hay que tomar en cuenta lo que es la amistad y por otro, tener muy claro lo que no es.

 

La amistad no es solo pasar un buen rato con alguien. No tiene que ver con el hecho de compartir secretos o escuchar los problemas de cada uno. No se basa únicamente en ofrecer nuestros puntos de vista o en no tener diferencias. Una amistad es mucho más que eso.

 

La amistad es una relación de compromiso mutuo y activo, donde ambas partes disfrutan, se esfuerzan y ninguno siente que está dando o recibiendo en forma desequilibrada. Es una relación donde los individuos están dispuestos a hacer lo que sea por su amigo, en el entendido de que “lo que sea” nunca será algo que vaya en contra de su integridad y que, por el contrario, contribuirá a que ambos se conviertan en una mejor versión de sí mismos. La amistad es expresar abierta y claramente lo que somos capaces de hacer por la otra persona. Es un compromiso que se pone de manifiesto especialmente en los momentos difíciles. Ser amigo no es ser perfecto. Es saber que tendremos diferencias pero que respetarlas y aprender de ellas fortalecerá la relación.

 

El amor es un elemento implícito en la amistad. La amistad es en realidad un amor desinteresado. Por eso es la base de todos los vínculos sanos que hacemos en nuestra vida. Puede existir entre hombres y mujeres, grandes y chicos, familiares, padres, hijos, hermanos y parejas. Un amigo es alguien a quien amas y que te ama, con quien construyes un sentido de lealtad y de protección para toda la vida. Si dices tener un amigo y no lo amas, no es tu amigo.

 

Dejemos de llamar amistad a cualquier relación que tenemos con alguien a quien conocemos de forma superficial y con quien compartimos nuestros tiempo de forma casual y sin ningún otro compromiso de por medio. Hemos confundido la amistad con salir y divertirnos, tomarnos fotos para las redes sociales y llamarnos con carácter de urgente para hablar de otros  y comparar nuestra vida con la de ellos. Se ha vuelto más importante con quién nos ven y la frecuencia con la que nos ven que preguntarnos si esas personas con las que compartimos nuestro tiempo y nuestra vida la enriquecen y contribuyen a que seamos mejores personas. ¿Qué cabida puede haber en estos lazos para la apertura, la honestidad y el crecimiento?

 

Me parece que nuestra escala de valores se ha visto severamente afectada por elementos externos a los que hemos dado mérito y validez. Muchas de las cualidad positivas de las que hemos hablado, escasean. Simpatizar con las penas de alguien se ha convertido en algo poco usual, pero más inusual se ha vuelto que las personas celebren genuinamente los éxitos de otros. Notamos chismes y envidias en las relaciones, lo cual nos impide cultivar amistades genuinas. Las personas se engañan continuamente pensando que tener amigos es tener una colección de personas con las que se pueda hacer una vida social; por ende, han dejado de cultivar relaciones de verdadero valor en sus vidas dando preferencia a vínculos superficiales y vacíos. ¿Por qué hemos caído en este deplorable concepto de amistad?

 

Hemos razonado muy poco este tema y derivado de la falta de reflexión es que hemos comprado la idea de que la amistad surge sin ningún esfuerzo y que trata básicamente de pasarla bien con otra persona. No se puede hablar de amistad cuando se está con alguien solo si resulta conveniente, solo si exige lo mínimo de mi, únicamente cuando puedo y quiero estar.

 

Necesitamos redefinir el concepto de amistad y reconocer que, independientemente de nuestras expectativas personales al respecto, la amistad es una relación que produce felicidad. Esencialmente tiene que ver con la capacidad de dos personas para crecer juntas dentro de un entorno de apertura, confianza, ayuda y comprensión mutua. Prevalece el deseo de dar lo mejor sí y de compartirlo todo. En la comunicación íntima se expone el alma y se dejan aflorar los temores y los aspectos oscuros de la personalidad. Los amigos saben que no tienen que ocultar nada de sí, que son comprendidos y que, si no los son, el amigo desea hacerlo por encima de todo. En un verdadero amigo se encuentra paz, se encuentra gozo, se encuentra ayuda y aceptación incondicionales. Un verdadero amigo es alguien que está consciente de sus potenciales y los pone al servicio de la amistad. Es consciente de sus debilidades y trabaja todos los días para que éstas no afecten a su amigo. Una persona que está comprometida con la amistad es una persona comprometida con el amor, la empatía y la comprensión.

 

Como alguna vez dijo Martin Luther King “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.”. Dicho de otra forma, si hubieran más amigos de verdad, éste sería un mundo mejor.

 

 

* Dirección General Enfoque Integral

Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito

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