Una sociedad emocionalmente inteligente

 

*Por Gabriela Soberanis Madrid

 

“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto aprendizaje crucial en la vida diaria”.   Daniel Goleman

 

Sin importar el rol que tengas en tu vida laboral y/o personal, ya sea que funjas como empresario, director, subordinado, gerente o bien, si eres padre de familia, ama de casa, profesor universitario, maestro de primaria, estudiante, emprendedor, profesional, deportista o artista, la inteligencia emocional es un factor clave para el éxito en cualquier ámbito en el que te desempeñes.

No hay duda que se ha hablado mucho sobre el tema, desde 1995 cuando Daniel Goleman publicó su libro “Inteligencia Emocional”. Este psicólogo y redactor del New York Times vino a revolucionar el concepto de inteligencia y dejó en claro que los aspectos emocionales del ser humano y su capacidad para manejarlos son esenciales para crear vínculos estrechos con los demás, conquistar nuestras metas y tener una vida equilibrada.

En este escrito no intento hacer una réplica personalizada del concepto que desarrolló Goleman, sino un llamado a que tomemos consciencia de su importancia. La experiencia y la realidad nos están mostrando un déficit en nuestras habilidades emocionales, tanto de forma individual como colectiva.

Inmersos como estamos en la era de la información ¿qué estamos haciendo con ella? Para temas como estos, la información y el conocimiento por sí mismos parecen no servir de mucho. La aplicación práctica de conceptos como la autoestima, el liderazgo, el trabajo en equipo, las relaciones humanos y, desde luego, la inteligencia emocional carecen de valor si no ponemos en práctica las acciones necesarias que contribuyan a su desarrollo. En virtud de que hoy hablaremos sobre la inteligencia emocional, la pregunta es ¿qué están haciendo los hombres y mujeres de nuestra  sociedad para incrementar su inteligencia emocional?

Es difícil dar una respuesta a esta pregunta, pero podemos echar un vistazo al comportamiento de nuestra sociedad y darnos cuenta que lo que estamos viviendo no corresponde con a una sociedad emocionalmente inteligente. De ser así, viviríamos en entornos más sanos y felices. Tendríamos relaciones más profundas y duraderas. Las familias se mantendrían unidas, los niños crecerían sin las amenazas del bullying y las escuelas se encargarían de trasmitirle a sus alumnos que la brillantez académica no lo es todo. Los jóvenes, los adultos, hombres y mujeres, todos podrían elegir mejor sus relaciones y a sus amigos. Habría más tolerancia respecto a la diversidad. Las personas serían más empáticas y consideradas. Las organizaciones gozarían de mejores climas labores, porque se daría el justo valor al capital humano y al trabajo en equipo.

Para mi es claro – y muchos estudios lo confirman – que al igual que el liderazgo y la autoestima, la inteligencia emocional es un aspecto que podemos desarrollar y hacer crecer en nosotros. Por eso, no voy a detenerme en convencerles de que no necesitamos nacer con inteligencia emocional para poderla desarrollar. Es cierto que no es una tarea fácil, especialmente si crecimos en hogares disfuncionales o vivimos en entornos claramente desafiantes. Pero no debemos olvidar que genéticamente venimos dotados de todas las inteligencias que hasta hoy se han identificado. Ciertamente nos diferenciamos en la intensidad de estas inteligencias y la forma en que recurrimos a ellas para realizar diferentes actividades, resolver problemas y progresar en distintos ámbitos de la vida; pero lo cierto es que todos podemos ser emocionalmente inteligentes.

Entonces ¿qué hacen las personas que son capaces de crear vínculos afectivos positivos? ¿qué hace que destaquen más, por la forma en que se relacionan con otros que, por su inteligencia cognitiva? ¿qué hace la gente que parece dotada de una capacidad suprema para enfrentar desafíos, superar obstáculos y enfrentarse a las adversidades con mayor facilidad? ¿qué hace que estas personas tengan una óptica distinta?  Existen diferentes respuestas para cada una de las preguntas planteadas, pero hay una sola que responde a todas: las personas emocionalmente inteligentes reconocen la importancia de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso. Así lo dice textualmente Daniel Goleman en su primer libro sobre el tema. Y no existe una mejor forma de expresarlo.

Una persona que se ocupa de desarrollar este componente de su inteligencia, es una persona que sabe establecer  puentes de confianza con la gente con la que se relaciona y está en constante búsqueda de nuevas redes sociales. No teme intimar. Sabe crear un entorno donde se de valor a la diversidad y evita que las diferencias se conviertan en fricciones. Sabe expresar sus quejas como observaciones y las ve como áreas de oportunidad en sí mismo y en otros. Como podemos apreciar, la inteligencia emocional no es solo un complemento importante de la inteligencia cognitiva, sino un componente más de la autoestima, una pieza clave del liderazgo, la capacidad de trabajar en equipo y de crear nexos sanos con los demás. Esto evidencia claramente porqué un elevado cociente intelectual no siempre es garantía de éxito.

En mi práctica como Coach promuevo la toma de consciencia de este importante aspecto de la inteligencia y pido a mis coachees que se auto observen y observen a otros para aprender a identificar las señales que emite una persona emocionalmente inteligente. A veces puede ser más fácil identificar lo que no es la inteligencia emocional, para empezar a comprender lo que sí es. Enunciaré características que se presentan en las personas con un déficit importante en su IE. Si identificas alguna (s) de estas características en ti, esto puede representar un gran paso para que empieces a fortalecer tus aspectos emocionales:

1)    Irresponsabilidad.- Se trata de personas que aún no se han hecho cargo de sus vidas. Suelen encontrar un culpable para todo o atribuir a circunstancias externas su situación. Pero rara vez reconocen que son ellos la causa de su situación.

2)    Victimismo.- Personas que parecen ser objeto de todo lo malo que ocurre. Como si las desdichas les persiguiese. No hablemos en forma absolutista, porque no se trata de alguien que todo el tiempo esté en este papel, pero si que habitualmente se siente víctima de las circunstancias.

3)    Inflexibilidad.- Personas a las que les cuesta aceptar nuevas ideas y cambios en su rutina diaria. Muestran serias dificultades para adaptarse a situaciones inesperadas y a probar nuevas experiencias.

4)    Obstinación.- Si una persona siempre quiere tener la razón, es una persona que no sabe ceder. Las personas con serios problemas para transigir, buscan tener la última palabra en discusiones y decisiones y son incapaces de apreciar e incorporar nuevos puntos de vista.

5)    Pesimismo.- Los individuos cuya tendencia inicial es ver el lado negro de las cosas, pueden presentar desafíos para desarrollar la IE. Ser sobradamente pesimista es como traer una nube negra en la cabeza. Sin duda, este forma de ser y de pensar genera problemas severos para resolver problemas y relacionarse con otros.

6)    Susceptibilidad.-  Ofenderse fácilmente, ser intolerante en demasía, enojarse con facilidad es otra señal de la falta de IE en una persona. Evidencia poco autocontrol y la incapacidad para no tomarse personal las acciones de otros.

7)    Desconfianza.- Las personas que muestran dificultades para confiar en otros o que fácilmente ven personas o situaciones en su contra presentan desafíos en sus emociones y maneras de enfrentarse a la vida.

La inteligencia emocional puede hacer mucho por nosotros, pero principalmente nos sirve para anticipar las causas que generan nuestras emociones así como prever las consecuencias de las acciones que se derivan de nuestros estados anímicos. Los individuos emocionalmente inteligentes son los únicos que pueden contribuir a construir una sociedad que armonice con ellos y que reconozca el valor de regular las emociones para que éstas nos sirvan como vehículo, en vez de que nos dominen.

No perdamos de vista que la inteligencia emocional se trata de una habilidad y cualquier habilidad es susceptible de adquirirse, fortalecerse y perfeccionarse. Solo hay que considerar que el mayor desafío que se presenta en las personas para adquirir o progresar en ella es que debe ejercitarse y debe hacerse continuamente, especialmente en tiempos donde las condiciones no son propicias. Los nuevos hábitos de respuesta emocional se engendran en los tiempos difíciles, cuando las personas se enfrentan a los más grandes desafíos de su vida; porque son los momentos críticos los que ofrecen las oportunidades para agudizar nuestros sentidos y percibir con mayor claridad nuestras emociones y las de otros, identificarlas y ponerles nombres, estimular pensamientos que generen sentimientos positivos y controlar nuestros impulsos.

Por último, si consideramos que las emociones son la energía que mueve al mundo entonces la inteligencia emocional es la llave que puede abrirnos una infinidad de puertas para tener mejores relaciones con nosotros mismos y con los demás.




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