Una revolución de la ternura

Los valientes que el país necesita

Socorro E. Quijano Villanueva (*)

Violencia generalizada en gran parte del país, tendencia internacional al consumismo, la evasión a través de las drogas y el sexo, miedo al futuro, miedo al compromiso, falta de responsabilidad personal, trivialización del valor de la vida humana, desconocimiento de que la naturaleza nos ha sido dada por Dios Creador, tanto la naturaleza sexual como el mundo en el que vivimos.

Desenfreno, inversión de los valores más sólidos, ignorancia, hambre, migración, sufrimiento, desastres naturales, amenazas de guerras y guerras fratricidas, económicas, abuso de menores, opresión de la mujer, desconocimiento y falta de reconocimiento del importantísimo papel de la familia como célula básica de la sociedad.

Una sociedad basada en la mentira, en la publicidad mal dirigida, el éxito aparente, el dinero obtenido a toda costa, el crimen organizado. Esta es la sociedad que capto al final de 2013 y que veo perfilarse para el 2014.

Una minoría

Ante este panorama, en el que los valores tradicionales aún se viven en pequeños cotos (hay dos mil millones de católicos aproximadamente ) que se van multiplicando por la gracia de Dios en muchas familias tradicionalmente católicas o que han optado por este camino, el papa Francisco nos presenta una, aún desconocida, Exhortación Apostólica: “Evangelii Gaudium”. La alegría de evangelizar, en español.

Tuve el gusto de leerla en cuanto salió al mundo digital y constatar el empeño del papa Francisco por hacer realidad, pese a todo lo descrito en el primer párrafo, la alegría de llevar el Evangelio a todo el mundo como camino para hacerlo más humano.

Sin tenerla ahora a la vista -la exhortación del Santo Padre- me quedó el sabor de que el papa Francisco es un hombre ilusionado con el Evangelio completo de Jesucristo, no un iluso.

Pero, sin duda, son muchos los enfoques que deben cambiar entre las personas que toman las grandes decisiones en la tierra. Pienso que un primer paso es reconocer que no lo han hecho bien, si no fuera así, el mundo sería diferente. Admitir que el orbe que hoy tenemos enfrente da miedo a cualquiera, que no se apoye en la ayuda de la gracia de Dios, y decidirse a construir, desde abajo, una realidad diferente es una tarea para valientes. Y, son éstos los que hacen falta en el mundo de la política en todas partes, concretamente en México.

Muchos valientes que quieran vivir esta forma tan excelsa de la verdadera caridad cristiana.

Que a quienes Dios ha dado talentos y liderazgo quieran arriesgarlo todo por este camino es un buen deseo que hemos de fomentar. Quizás las organizaciones ciudadanas, que van en aumento, sientan en la “Evangelii Gaudium” un llamado a continuar, a involucrarse más en la vida política de nuestro querido país y los ciudadanos de a pie dejemos a un lado el miedo y la desidia y seamos más participativos, mucho más ciudadanos de verdad y nos ocupemos no sólo de lo nuestro sino de las necesidades de los demás.

La inclusión de los pobres, enfermos, necesitados, migrantes, desvalidos, lentos o en situaciones parecidas es una exigencia clarísima del papa Francisco, muy apoyado en el magisterio de sus antecesores y pensadores humanistas.

Cuando padecemos una carencia, nos damos cuenta de la importancia de la generosidad del otro. Que la proximidad de la Navidad nos permita hacer la revolución de la ternura, palabra muy usada por el autor de esta exhortación, hablar del Nacimiento de Jesús, en cuyo trato personal podemos encontrar las ganas, ilusión y fortaleza para proclamar su mensaje completo a los viejos y a las nuevas generaciones.

Amar y perdonar, volver a empezar, continuar con lo bueno, romper con lo que nos deshumaniza y creer otra vez en la fuerza del amor si hemos tenido alguna desilusión es la mejor oportunidad que la vida nos da para este fin de año. ¡Feliz Navidad!- Mérida, Yucatán.

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*) Escritora




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