Una ilusión nacional

Análisis ciudadano

Rubén Osorio Paredes (*)

Millones de niños y adolescentes mexicanos tomaron recientemente su segundo período vacacional del calendario escolar. Hace unos días regresaron ilusionados a las aulas, cuando faltan alrededor de 30 días efectivos de clase para tomar luego otro período vacacional de mes y medio.

El año oficial de primaria en México es de 200 días de clase, pero el promedio termina cerca de los 170 con puentes, manifestaciones, huelgas sindicales, consejos técnicos mensuales y juntas; aunado a que la jornada escolar en un niño de primaria es de apenas cuatro horas y media.

El mayor fracaso de la educación pública nos es tan familiar que apenas hablamos de él. Especialmente cuando somos cómplices gozosos de sus bondades: las pocas horas de clase y la corta duración del ciclo escolar en el sistema educativo nacional.

En escuelas de Estados Unidos, por ejemplo, los niños entran a las 7:30 de la mañana y permanecen en el colegio hasta las 5 de la tarde. La mezquindad de la jornada escolar mexicana probablemente explique por qué los alumnos mexicanos están entre los de más bajo rendimiento escolar de los países que pertenecen a la OCDE y también los resultados de otra medición igual de trágica: de acuerdo con cifras de un estudio comparativo publicado recientemente por la Universidad de California, el rendimiento educativo de los jóvenes mexicanos en Estados Unidos es notablemente inferior no sólo de sus pares asiáticos o americanos, sino también al de salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y filipinos. El nivel socioeconómico del migrante mexicano no es inferior al de esas otras nacionalidades. La única explicación a su bajo rendimiento en comparación con otros inmigrantes es su educación previa: la que recibieron en México.

Además del salto cualitativo que impulsa la reciente reforma educativa, se necesita un salto cuantitativo: un sistema de escuela completa donde los alumnos convivan y estudien la mayor parte del día, donde las enseñanzas vayan más allá de un par de páginas de su libro de texto y un recreo de 20 minutos. Las ventajas de la escuela de tiempo completo son evidentes en términos educativos, pero también en términos sociales y familiares porque las escuelas se vuelven el resguardo seguro y productivo para los hijos de los padres que trabajan.

No habrá país moderno si la educación pública sigue como está. La gran paradoja del reto educativo en México es precisamente que la gente no percibe tal reto. En la última encuesta realizada por Consulta Mitofsky sobre las prioridades de los mexicanos, la educación ocupa apenas el séptimo lugar. La educación sigue siendo una catástrofe silenciosa ignorada por la mayoría de los ciudadanos, cómplices distraídos por el clima, la temperatura o el próximo paquete vacacional. La educación pública mexicana es mala en todos los sentidos y en todas las mediciones. La verdadera ilusión nacional implica luchar por un México donde la educación y el progreso vayan de la mano, porque esto representa crear para los niños futuro, para los hombres trabajos, y para los ancianos estabilidad…- Mérida, Yucatán.

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Rubén Osorio

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*) Abogado. Catedrático en la Universidad Anáhuac Mayab




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