Un peligro para la sociedad

El relativismo

Alejandro Ledesma Solórzano (*)

Existe un pensamiento peligroso que hace de una simple opinión una “gran verdad”: así, sin sustento o evidencia, cualquier idea se toma por cierta. A esta posición filosófica se le conoce como relativismo y éste dificulta la distinción entre lo bueno y lo malo de actos y comportamientos.

Filósofos definen al relativismo como el pensamiento que considera que la verdad depende de la opinión de la persona o grupo que la experimente. Afirma que existen muchas verdades acerca de las cosas y lamentablemente esta forma de pensar ha sido adoptada e incluso promovida por la misma sociedad, quien sufre una serie de crisis a su causa.

Ana Teresa López de Llergo, doctora en Ciencias de la Educación, especialista en el tema, ha publicado varios ensayos al respecto en los que precisa que es una postura de la mente que aparece cuando alguien tiene pensamiento débil.
“Por pensamiento débil entenderemos el de quien admite cualquier postura con tal de evitar confrontaciones o acepta todo tipo de afirmaciones aunque se contradigan, pues la persona carece de principios sólidos, bien asimilados y tampoco confía en alguien a quien pueda reconocer como una legítima autoridad”, explica la especialista.

En su columna “El relativismo y la libertad”, publicada en yoinfluyo.com, señala que en este caso el problema es doble, ya que por un lado aparece un afán desmedido de inclusión social, y por otro, una miseria intelectual que impide razonar con un mínimo de congruencia, “el pensamiento es débil porque es incapaz de asumir y mucho menos de defender alguna postura”.

Ana Teresa López de Llergo menciona que el relativismo no admite una verdad válida para todos, sino múltiples verdades subjetivas donde las afirmaciones de unas y otras no tienen nada que ver entre sí y generalmente se contradicen. Además, deja claro que en el caso de la política, no existe una única opinión correcta, ya que en este campo existen varias formas de resolver los problemas de la sociedad.

“Ningún planteamiento se debe adoptar como absoluto, pero, sí se ha de buscar lo más oportuno según las demandas. Precisamente como la meta es resolver problemas, el ciclo cambia y habrá que adoptar nuevos modos para eliminar las nuevas carencias que antes no habían aparecido. Cuando el terreno político se relativiza, lo importante se hace efímero, lo absoluto se desconoce, lo intrascendente se impone”, resalta la catedrática.

Por su lado la Iglesia, en más de una ocasión, ha advertido a la sociedad del peligro que este pensamiento representa. Ejemplo de ello es el consejo que Benedicto XVI deja tras su pontificado, el cual es meditar la Palabra de Dios no sólo para saber ilustrarla, defenderla y transmitirla, sino también para poder enfrentar “al gran desafío del secularismo propio de la sociedad contemporánea”.

Otro gran crítico del relativismo es Su Santidad Francisco, quien a pocos meses de su pontificado decidió retomar la lucha contra esta posición filosófica: “Vivimos una época de escepticismo respecto a la verdad. El papa Benedicto XVI se refirió en numerosas ocasiones al relativismo, la tendencia a creer que nada es definitivo y que la verdad viene dada por el consenso y por lo que creemos, y por ello en esta época marcada por el relativismo es necesario preguntarnos como Pilato: ¿Que es la verdad?”.

El Obispo de Roma aseguró que la sociedad actualmente está marcada por este pensamiento: “Es necesario que los hombres se pregunten qué es la verdad, qué es Cristo, y que recen a diario al Espíritu Santo, para que nos guíe a conocer a Jesús”.

Para entender más sobre el relativismo, el padre Fernando Pascual, en su reflexión espiritual “Relativismo como camino a la intolerancia”, considera que éste desencadena una continua lucha de poder en la que se imponen los más fuertes sobre los más débiles.

“Si la verdad fuese inalcanzable, en el mundo de los hombres siempre seguirán en pie juegos de poder más peligrosos cuando la verdad ha quedado relegada al ámbito de lo inalcanzable… Es entonces cuando ‘vale’ sólo quien domina a los otros desde su punto de vista, que es lo mismo que decir desde sus deseos, sus gustos, prepotencia, avaricia, sus ambiciones, sean o no sean verdaderas, buenas o justas”, manifiesta.

Agrega que por eso el relativismo, a pesar de sus apariencias inocentes y benignas, conduce al egoísmo y a la prepotencia, a la lucha y a la mentira, “a la intolerancia y a la marginación del otro”.
Lamentablemente hoy lo vemos así, el relativismo más presente que nunca no solamente ha debilitado la estructura familiar de la sociedad, también ha rechazado la ley natural como fundamento y garantía de la dignidad de las personas. Estamos advertidos, luchemos también contra él.— México, Distrito Federal.

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*) Colaborador de “Yo Influyo”




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