Un México que discrimina

Un México que discrimina

Sexista sí se vale

Por Denise Dresser (*)

En México en estos tiempos ya todo parece normal. Una mujer acusada de “exceso de la legítima defensa” cuando intenta salvar su vida. Una mujer encarcelada arbitrariamente en San Luis Potosí por usar, sin su conocimiento, un billete falso. Un director de orquesta ruso que al llegar a México reitera que las mujeres no tienen la “capacidad fisiológica” para cargar una batuta. Demostrando así la discriminación perniciosa hacia las mujeres que aún existe, aún se ejerce, aún se vale. Todos los días, a todas horas, en todos los lugares el discurso discriminador. El comportamiento discriminador. La ley discriminadora. Mexicanos que maltratan a las mexicanas; que se burlan de las mexicanas; que golpean y violan a las mexicanas. Mientras el país piensa que eso es normal.

Mientras que el Conaculta invita a Yuri Temirkanov a dar un concierto en Bellas Artes, conmemorando el Día Internacional de la Mujer, sabiendo que en una entrevista reciente al director se le pregunta lo siguiente:

-En su opinión, ¿puede una mujer conducir?

-En mi opinión, no

-Por qué no?

-No sé si si es la voluntad de Dios o la naturaleza, pero las mujeres dan a luz y los hombres no. Nadie se ofende con ello. Pero si uno dice que una mujer no debe conducir, todos se ofenden. (…) Los músicos la mirarán y se distraerán de la música. (…) La esencia de la profesión de un director es la fuerza. La esencia de una mujer es la debilidad.

Y cuando mandé por Twitter esta afirmación aberrante lo más notable fue ver la respuesta de tantos que decían que los juicios sexistas del señor Temirkanov no eran serios. Que el concierto había sido excelente. Que hasta las mujeres habían aplaudido. Revelando aquéllo que subyace en el mapa mental de México respecto a sus mujeres. Los comentarios misóginos y sexistas no son motivo de alarma ni deben ser amonestados, como sí ocurrió en el caso de Larry Summers quien perdió la presidencia de Harvard. No revelan problemas profundos que requieren soluciones urgentes. No explican por qué seis de cada 10 mujeres padecen violencia doméstica, o por qué son encarceladas por haber tenido un aborto en casos de violación o incesto, o por qué el hostigamiento sexual no es un delito, o por qué cuando una mujer es violada algún hombre afirma que “se lo buscó”.

Quienes toman a la ligera los comentarios del señor Temirkanov -incluyendo el propio Conaculta- ignoran a millones de mujeres obligadas a vivir a la intemperie. Sin la protección de leyes con perspectivas de género. Sin el paraguas de la equidad. Sin el cobertor de la ciudadanía. Sin el arropo de los derechos civiles. Mujeres hostigadas por depredadores sexuales. Mujeres asaltadas por hombres abusivos. Mujeres discriminadas por su género. Mujeres condenadas por su diferencia.

Porque en México aún vale ser sexista. Aún vale ser misógino. Aún vale decir -sin que el Conaculta se deslinde públicamente- que una mujer no tiene la fuerza para cargar una batuta y dirigir una orquesta. Y como aún demasiados hombres ven a las mujeres como objetos débiles, las matan impunemente en Ciudad Juárez y en el Estado de México. Las desvisten a la hora de interrogarlas en un Ministerio Público. Uno de cada cinco mexicanos declara en la Encuesta Nacional Sobre la Discriminación que es “natural” que a las mujeres se les prohíban más cosas que a los hombres.

Y lo peor es que esta realidad no agravia lo suficiente. No indigna lo suficiente. No lleva a una disculpa pública del Conaculta sino a su silencio cómplice. Porque nos han enseñado que discriminar y maltratar, e insultar y menospreciar a una mujer es normal. Un país donde gentilmente se ovaciona a Yuri Temirkanov en Bellas Artes cuando no se le debería haber invitado siquiera. Y a quienes hemos criticado su presencia y sus palabras se nos tilda de “feministas estridentes”. Pues llegó el momento de retomar el significado original de la palabra “feminista”, como apareció en la revista “Athenaeum” en 1895, describiendo así a una mujer que “tiene dentro de sí la capacidad de pelear para conseguir su independencia”. Ser feminista significa luchar para que la mujer sea tratada, antes que nada, como un ser humano. Ser feminista implica alzar la voz para que nuestras hijas no se conviertan en otra estadística en la historia de discriminación contra la mujer. Ser feminista entraña pedirle al mundo que aplauda a las fuertes y bellas directoras de orquesta. A ellas y a tantas más que ensanchan el sendero de la libertad para mi Julia y las que vienen detrás.- México, D.F.

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*) Académica y analista política

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