Terror y dinero del narcotráfico

Idea desechada por México y EE.UU.

Por Sergio Aguayo (*)

Cuando era presidente, Felipe Calderón consideró pedir al gobierno estadounidense que calificara de “organismos terroristas” a los carteles mexicanos. Con ello se hubiera reducido el costo social. ¿Por qué dio marcha atrás?

Quienes estudian al terrorismo y al crimen organizado coinciden en que la mejor manera de disminuir el poderío y la capacidad operativa de estas organizaciones es bloqueándoles el acceso y el manejo del dinero.

Las bandas criminales mexicanas cumplen con los requisitos establecidos por la ley estadounidense. Así, aterrorizan a no combatientes, son una amenaza a la seguridad nacional estadounidense y tienen “motivaciones políticas” porque infiltran de manera deliberada, aunque desigual, a los tres niveles de gobierno. No es una exageración decir que han gobernado buena parte de Michoacán y que lo siguen haciendo en otros estados.

Pese a todo esto, los gobiernos de ambos países terminaron desechando la posibilidad de calificarlos de terroristas. Aunque desconozco bastantes detalles de estas discusiones entre representantes de los países, he conversado con algunos protagonistas y eso me permite asegurar que los tres principales motivos se relacionan con la camisa de fuerza geopolítica creada por la vecindad geográfica.

La economía delincuencial se asienta en esa zona gris donde se traslapa lo legal con lo delincuencial. Cada transacción ilícita se conecta con la economía legítima por medio de la banca, los bienes raíces o el intenso comercio entre los dos países. Si el intercambio legal de bienes entre México y los Estados Unidos ascendió en 2013 a 506 mil millones de dólares, ¿cuánto dinero se movió por la venta de narcóticos, la extorsión de migrantes y el contrabando de armas?

Sin embargo, ambos gobiernos desecharon el asunto por la estipulación legal de calificar como delincuente a todo aquel ciudadano estadounidense que proporcione “recursos o apoyo material” a las organizaciones terroristas. Llevando el argumento al extremo, este ángulo obligaría a Washington a perseguir y castigar a los millones que inhalan cocaína o a las decenas de miles que participan activamente en el contrabando de armas a México. En otras palabras, temieron las consecuencias de reconocer que el crimen organizado mexicano está bien enraizado en los Estados Unidos.

Un tercer motivo es el espinoso, y poco discutido, tema de las decenas de miles de mexicanos que buscan asilo en los Estados Unidos. Si los Zetas fueran calificados como terroristas todos los tamaulipecos cumplirían, en principio, con uno de los requisitos para recibir la categoría de asilados: tendrían un “temor bien fundado” de perder la vida dada la debilidad del Estado mexicano y los sanguinarios métodos empleados por ese cartel. A Los Pinos tampoco le gusta la idea de exhibir sus carencias y se la pasan disimulando su debilidad e incapacidad para proteger adecuadamente a quienes vivimos en México.

¿Fue acertado abandonar la posibilidad de clasificar a los carteles mexicanos como terroristas? No lo sé. Lo que sí tengo claro es que fueron deliberaciones privadas en las que el destino de las víctimas tuvo poco peso lo cual es consistente con la férrea indiferencia de Felipe Calderón al costo social.- México, D.F.

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*) Investigador y analista político.

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