Sobre toros y toreros

Sobre toros y toreros

Mario M. Aranda González (*)

No siento alegría por la muerte de un torero, pero tampoco tristeza. No tengo idea de quién fue y mucho menos me interesa. Es lamentable leer comentarios tan inhumanos celebrando las recientes muertes del forcado Eduardo del Villar y del torero Luis M. Farfán a causa de una trágica cornada; estoy a favor del respeto a la vida de los animales y totalmente contra la tauromaquia. Se me hace un acto cobarde acorralar a un animal y hacerlo sufrir para darle una muerte violenta para beneplácito de los asistentes.

Tal vez en un universo paralelo los toros matan a los humanos y celebran su victoria cortándole las orejas al torero. Por supuesto que defendería la vida del ser humano… pero no vivo en ese universo y, por lo tanto, defenderé siempre al toro.

Vivo en un universo donde la violencia entretiene, compartimos con un morbo enfermizo vídeos donde la gente se pelea y se golpea como animales. “Suéltala Conchi” mantuvo saciada nuestra sed de sangre por un tiempo, o el vídeo subtitulado de la señora golpeando salvajemente a su hija por supuestamente subir fotos muy sugerentes a Facebook entretuvo un rato, sin importar que se tratara del maltrato a una menor, donde además el contexto seguro era uno muy distinto a lo que los hacía reír, ya que era otra cultura y otro idioma.

Un torero muere y sentimos placer. Nos olvidamos que se trata de la vida de una persona, de una familia que perdió a un ser querido. Pero por otro lado, aceptemos que el torero se enfrente a la muerte por voluntad propia y tiene la capacidad de decidir si lastima a su adversario o no, el toro sólo se defiende de una muerte casi segura. El que mata sale en hombros y suma con orgullo a su lista una muerte más; el que muere termina muchas veces en el plato de tu mesa.

Por eso cuando es el toro el que gana la batalla, sin pensarlo muchos decimos: “Qué bueno, se lo merecía el torero, se hizo justicia”… Intento entender el sentimiento y lo comparo con lo que experimentan algunos que tienen a un familiar secuestrado o asesinado, sólo la muerte del criminal les da esa sensación de justicia-venganza. Si por hacer algo incorrecto, inmoral, inhumano, ilegal, etcétera, mereciéramos la muerte, ¿cuántos quedarían vivos?

Espero que las familias de los fallecidos encuentren la paz que necesitan, sobre todo en estos momentos tan difíciles, cuando reciben toda la porquería del ser humano, que por un lado defiende la vida de un animal, pero por otro desprecia la vida de un hombre que murió haciendo algo que (lamentablemente) es legal y parte de nuestras tradiciones, y que a su juicio era además (cuestionablemente) artístico.

Ojalá que pronto los deudos acepten que los hoy fallecidos decidieron vivir y morir de esa forma, y eso les dé la resignación que tanto han de necesitar. Deseo que llegue el día en que ningún torero vuelva a salir lastimado y ningún toro vuelva jamás a un ruedo. Tal vez no todas las tradiciones son buenas y no todas deberían conservarse.

Los defensores de la tauromaquia alegan que eliminar las corridas de toros supone la extinción de los toros de lidia. Muchas especies se han extinguido por culpa del hombre, pero eso a nadie le ha importado. Sólo espero que ningún torero reciba ningún homenaje, porque quien lastima a un animal es lo contrario de un héroe.- Mérida, Yucatán.

@arandanoacido

—–

*) Licenciado en Diseño Gráfico y Publicitario




Volver arriba