Sentido común

Sentido común

De una tragedia también se aprende

Cholyn Garza (*)

Villa de Fuente o La Villita -para quien no está familiarizado con el nombre- forma parte de Piedras Negras, nuestra ciudad, nuestro municipio. Se le recuerda como un lugar de convivencia a donde se acudía, años atrás, con el propósito de pasar un día de en familia. Niños, refrescándose en las aguas del río en época de calor o el Día de Pascua; papás vigilantes bajo los frondosos árboles.

¡Qué tiempos aquellos! Donde la convivencia sana, amistosa y familiar se observaba y se practicaba. Numerosas familias habitaban el lugar como una colonia más en nuestro muy querido Piedras Negras.

Nadie podía imaginar, mucho menos estaba preparado, para una tragedia de la magnitud que se vivió hace ya 10 años. Sí, 10 años de la inundación que cambió radicalmente la vida de propios y extraños.

Una fuerte inundación que dejó una estela de dolor, de pérdidas materiales, de angustia, de sobresaltos y, lo más lamentable: una herida profunda en el corazón por quienes perecieron.

El 4 de abril de 2004 jamás podrá olvidarse por ser un día en el que la percepción de no pocos se transformó. Y es que de una tragedia también se aprende.

Principalmente se aprende a valorar lo más preciado que tenemos que es la vida misma, la de nuestros seres queridos. Se aprende que no importan los años que vivamos o tengamos, pues la existencia pende de un hilo y en un segundo puede modificarse o llegar a desaparecer.

Una tragedia es capaz de modificar nuestras prioridades; es un llamado de atención para ubicarnos en la realidad: estamos de paso y hay que vivir el día a día. Vivir a plenitud que significa hacerlo con gratitud a Dios por todo lo que nos ha dado.

Una tragedia nos enseña a ser solidarios con nuestros hermanos en desgracia, a acudir de acuerdo con las posibilidades de cada quien, al rescate o al auxilio de quienes requieren de ayuda.Una desgracia nos permite conocer las necesidades de otros y dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas. Nos da la oportunidad de ayudar pero también de crecer como personas.Quien ha vivido la pesadilla de una tragedia como la que los habitantes de Villa de Fuente vivieron aquel 2004 no puede borrar de su mente y menos de su corazón, las escenas crudas, dolorosas al perder parte o todo su patrimonio. Aunque las cosas materiales significan muy poco ante la pérdida irreparable de seres queridos, también duele perder lo construido con esfuerzo y a través de los años.Duele el haber perdido a un familiar, a algún amigo o conocido, al vecino; todos pertenecientes a una comunidad solidaria y entusiasta.Desafortunadamente después de una tragedia ya nada es igual. La Villita cambió su imagen; donde un día existieron construcciones hoy son predios solos; casas que quedaron en pie, algunas están en venta. Algunas familias prefirieron alejarse del lugar, aunque a decir verdad, la naturaleza nos ha advertido y enviando señales de que, debido al trato que le hemos dado, nadie está cien por ciento seguro en ningún lugar.

Tarde o temprano Madre Natura cobra. Los asentamientos irregulares, el desviar o impedir el cauce natural de los ríos, el daño a los mantos acuíferos, la sobrepoblación sin contar con los servicios adecuados; en fin, la indiferencia misma de quienes deberían tener más visión en un desarrollo urbano y la falta de responsabilidad de los propios habitantes de nuestro planeta, han puesto en riesgo a todos. Y todos somos corresponsables de lo que ocurre.

Nadie está exento, mencionaba, de sufrir o padecer una tragedia. En el 2013, Piedras Negras -una gran parte de la ciudad- se inundó y ¡de qué manera! Los estragos que causó la lluvia fueron verdaderamente terribles. Aún no podemos reponernos de las pérdidas ni del susto.

Se acerca ya la temporada de lluvias y la pregunta está en el aire ¿Qué va a suceder? ¿Cómo nos va a ir? ¿Hacia dónde nos vamos? ¿Hay algún lugar realmente seguro?

Nadie tiene la respuesta; nadie puede ser capaz de asegurar nada.

Queremos creer, por eso confiamos en que se empiece, por parte de las autoridades, a realizar obras bien hechas, comenzando por el drenaje existente y que sea de calidad, sin escatimar recursos tal y como se nos ha ofrecido. Y que las “trampas” existentes se eliminen. Queremos obras que nos beneficien y no nos pongan en riesgo en ningún momento. Las obras de relumbrón deben quedar atrás.Recordar es revivir los momentos amables, felices, tristes o dramáticos de nuestra vida. Recordar una tragedia es vivir de nuevo un capítulo doloroso de una herida difícil de cerrar. Y de una tragedia aprendemos también, que mientras tengamos viva la fe en nuestro corazón, sentiremos el abrazo y el amor de Dios que nunca nos abandona.- Piedras Negras, Coahuila.

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*) Escritora




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