Señal de que hay un nuevo árbitro

Las medidas contra Televisa y Telmex

Jorge Zepeda Patterson (*)

No es cosa menor la decisión que obliga a Televisa, de Emilio Azcárraga, y a América Móvil, de Carlos Slim, a abrirse a la competencia y a compartir su infraestructura hasta ahora monopólica. La determinación es del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), un organismo relativamente autónomo, pero es obvio que el gobierno de Peña Nieto ha impulsado la estrategia aperturista.

Algunos pensarán que tales decisiones representan apenas un rasguño en la superficie galvanizada de ambos monopolios. Y en efecto, queda por ver las apelaciones jurídicas de parte de los dos gigantes y sus estrategias en el terreno práctico para hacer control de daños o, de plano, neutralizar el alcance de las medidas. Pero el efecto simbólico no puede ni debe menospreciarse. Televisa y Telmex, Azcárraga y Slim, constituyen por mucho las dos figuras más poderosas de la historia reciente del país. Dos verdaderos amos de México, por donde se le mire. El primero con setenta por ciento de la audiencia televisiva posee una influencia decisiva en la formación de opinión pública, en el nivel educativo real de los mexicanos, en la conformación de gustos, fobias y filias del público o en los procesos electorales. Fabricante de presidentes, de novias de México o de ídolos deportivos.

Slim influye menos en la opinión pública, pero gracias a su enorme fortuna influye en casi todo los demás, o está en camino de hacerlo. Alguna vez hice un vídeo a manera de divertimento para ilustrar el peso que grupo Carso tiene en la vida cotidiana de los mexicanos. Intenté pasar 24 horas sin consumir artículos fabricados o vendidos por alguna de sus empresas. La tarea resultó imposible: abstenerse de cigarros, ropa, internet, telefonía, llantas de automóvil, algún partido de fútbol, agua potable y un largo etcétera convirtieron mi jornada en un inviable calvario franciscano.

La medida contra estos gigantes es aplaudible, pero tampoco podemos ser ingenuos. Esto no convierte a Peña Nieto en un paladín demócrata en cruzada contra los poderes fácticos. De la misma forma en que el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo no constituyó un saneamiento del sindicato de maestros, por más que todos celebramos su descabezamiento.

La explicación de esta medida en materia de telecomunicaciones, al igual que la del SNTE, tiene que ver con razones de orden práctico. Al PRI le encantaría quedarse otros 40 años en el poder, pero las fórmulas de antaño ya no son suficientes para tener éxito: estado interventor, presidencialismo vertical, paternalismo y populismo, controles corporativos. Tales vías se quedan cortas frente a un mundo mucho más complejo y abierto caracterizado por la globalización, la pluralidad de la sociedad mexicana, la disminución del peso de los Estados, la inestabilidad de los mercados financieros y de mercancías.

El PRI sabe que sus posibilidades de eternizarse en el poder son peregrinas si el país no alcanza tasas de crecimiento cercanas o superiores al 4% de manera sostenida durante algunos años. Para desgracia de Peña Nieto, nuestra economía se estancó en 1% el primer año, aunque se espera que en 2014 ronde un 3%. Existe el consenso nacional e internacional de que lo único que puede dinamizar la inversión y mejorar la capacidad productiva es la apertura acelerada de nuestros mercados, y eso significa desmontar el edificio monopólico que encarece los insumos y servicios y desincentiva a la competencia.

La otra condición de éxito reside en la gobernabilidad. Es decir, en la capacidad de la clase dirigente para conducir al país en la ruta de cambios adecuados, pero con estabilidad. Justamente el fracaso de los 12 años panistas residió en la imposibilidad para intentar esos cambios (y cuando lo intentó, como en el caso de la seguridad pública, no fue capaz de hacerlo con estabilidad).

Para ampliar sus márgenes de gobernabilidad, Peña Nieto ha tenido que abrirse espacio a codazos entre los poderes fácticos que expandieron su presencia en estos 12 años de gobiernos azules.

En mi opinión, las medidas contra Televisa y Telmex no constituyen un ataque que ponga en riesgo a los monopolios, aunque sí representan una señal. Una especie de “estate quieto” que les recuerde que hay un nuevo árbitro y un proyecto de largo plazo al que todos los actores políticos deben someterse.

Peña Nieto tendrá éxito en su propuesta si logra convencer a todos los participantes de peso de que las nuevas reglas del juego serán benéficas para todos al mediano plazo, pese a que alguno de ellos experimenten algún contratiempo en lo inmediato. Habrá que ver si Azcárraga y Slim se dejan convencer, y si a Peña Nieto no le tiembla la mano. La reacción de estos gigantes en las próximas semanas permitirá saber de qué lado masca la iguana.- México, D.F.

Página web: www.jorgezepeda.net

@jorgezepedap

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*) Periodista

»Televisa y Telmex, Azcárraga y Slim, constituyen por mucho las dos figuras más poderosas de la historia reciente del país. Dos verdaderos amos de México, por donde se le mire




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