Sembrando la semilla del liderazgo: una perspectiva parental

 

(*) Por Gabriela Soberanis Madrid

 

Los líderes no surgen de la nada. Deben ser desarrollados: educados de tal manera que adquieran las cualidades del liderazgo. Warren Bennis

Los niños de hoy son los adultos del futuro… la esperanza del mañana.

Por verdadera que es esta afirmación ¿qué hemos hecho con todo el significado que contiene? No cabe la menor duda de que los niños son el recurso más valioso del mundo futuro y, en muchas formas, la esperanza de lo que hemos de vivir el día de mañana como individuos, como familia y como sociedad.

En otros artículos he abordado el tema del liderazgo desde la perspectiva empresarial, pero creo firmemente que el liderazgo no es un tema que atañe sólo a las empresas, los empresarios o los ejecutivos. El liderazgo es un tema que debe ocuparnos como sociedad.

Como he podido señalar en otros escritos, el término de liderazgo ha venido evolucionando en las últimas décadas y hoy sabemos que líder no es sólo aquél que puede mover grandes masas, comunicarse con carisma o lograr que otros lo sigan. Un verdadero líder es aquel individuo que ha desarrollado la capacidad de influir positivamente en otros y que puede y, sabe que debe, hacer la diferencia en la vida de otros. Es desde esta perspectiva y como madre que deseo abordar el tema del liderazgo en esta ocasión.

Algunas personas creen que el liderazgo es un privilegio y, que como tal, no puede ser para todos. En tal virtud, minimizan la posibilidad que tienen sus hijos de crecer en esta importante tarea que a todos nos fue asignada. El punto de vista que yo tengo al respecto, no sólo como profesionista sino como madre, es que el liderazgo está muy lejos de ser un privilegio; es ante todo una responsabilidad individual. Es un compromiso en toda la extensión de la palabra.

Es por lo anterior que considero esencial que los padres de familia, maestros y tutores nos ocupemos de proveer a los niños que hoy son parte de nuestro presente, de las herramientas necesarias para tener éxito en todas las áreas de su vida. El éxito del que hablo aquí está íntimamente vinculado con el liderazgo y, por lo tanto, con la capacidad de un individuo para dirigir su propia vida y hacerlo hacia metas nobles y de valor que lo conduzcan al mismo tiempo a  influir de forma auténtica y efectiva en la vida de quienes lo rodean. Dicho de otra forma,  la educación de los padres y de las escuelas debiera encausarse hacia esta meta personal que, como yo lo veo, no puede considerarse como optativa. 

Uno de los más grandes obstáculos a los que se enfrentan nuestros hijos es que los padres hemos hecho conclusiones precipitadas de que no todo el mundo puede ser un líder, planteándonos de una forma inconsciente – y otras no tanto – interrogantes como las siguientes: ¿Qué sería de este mundo si todos fuéramos líderes? ¿Quién guiaría a quién? Y así, sin reflexión alguna, deducimos que no todos pueden ni deben ser líderes.

Esta conclusión no es sólo precipitada, sino que refleja la incapacidad que hemos tenido los adultos para replantearnos el tema del liderazgo y lo que realmente significa. A este mundo venimos a servir a nuestro prójimo, a poner de manifiesto lo mejor de nosotros en beneficio de quienes nos rodean. Tenemos talentos especiales de los que otros carecen y vivimos en circunstancias que, aun compartiendo con otros los mismos talentos, requieren diferentes manifestaciones.

Veámoslo así: en cada niño reside un potencial único. Existe la capacidad de emplear sus talentos en beneficio de los demás a través de una particular forma de pensar, ser y actuar, y esto hace que el liderazgo sea una misión que se nos ha otorgado por nacimiento.

En virtud de todo lo anterior, no es el tema del liderazgo lo único que estoy planteando aquí, sino también el cuestionarnos la forma en que estamos influyendo en nuestros hijos ¿qué les estamos enseñando? ¿cuáles son los principios que rigen la educación que les estamos dando?

Los padres de familia pueden decir que están preocupados por la educación de sus hijos, pero en tanto esa educación no se base en principios como el respeto, la bondad y la justicia seguiremos viendo y experimentando niños que son rechazados por otros niños, niños que no saben postergar la gratificación, niños que han aprendido a excluir, niños que desconocen sus potenciales y que anteponen los deseos de sus padres y de la sociedad al hecho inminente de que tienen una encomienda única que no se parece a la de nadie más. Es triste ver cómo los padres están más preocupados por un “éxito” mal entendido en la vida de sus hijos, donde esconder los vacíos y las limitaciones en vez de trabajar en ellas es más importante, donde se ha dado prioridad a cubrir apariencias en vez de garantizar la integridad en la conducta de los que serán los adultos del mañana. Si queremos ser agentes de cambio como padres, como maestros, como guías, tenemos que empezar por reconocer que nuestra realidad nos muestra cada vez más niños desprovistos de un sentido de lealtad, empatía y amor hacia su prójimo, y acercándonos sólo un poco a estos elementos podremos ver que son ingredientes fundamentales del liderazgo.

Estimados lectores, tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos: educar y formar a nuestros hijos mediante el ejemplo y la palabra, de tal forma que despertemos y demos oportunidad al desarrollo de las habilidades y competencias que se vinculen a un liderazgo transformador.

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*) Dirección General Enfoque Integral.  Consultoría, capacitación y coaching para el éxito.

 



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