Seguimos sin actuar bien

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VEINTE AÑOS DEL TLCAN

Nicolás Madáhuar Cámara (*)

Al cumplirse ya dos décadas de haber entrado en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hay que recordar las condiciones en que México se encontraba en los años 80 para comprender el porqué de su origen.

En los 80 México era un país cerrado al exterior en materia comercial, bajo el modelo económico llamado “sustitución de importaciones”, con una intervención excesiva del gobierno en la economía, bajo lo que denominaban la “Rectoría económica del Estado”, que tenía como ejes principales monopolios estatales en muchos rubros (por ejemplo: Conasupo, Liconsa, Diconsa, Telmex, Bancos, CFE, etcétera) y un férreo control de precios sobre los productos de la canasta básica principalmente.

Lo anterior propició que se perdiera productividad y teníamos productos por lo general de mediana o mala calidad, y caros.

Se vivieron inflaciones anuales de tres dígitos, inimaginables en estos días. Las crisis eran recurrentes y cada vez más severas.

Durante mi gestión al frente de la Concanaco (1984-1986) el gobierno comienza la apertura al exterior, incorporando a México al GATT. Esto permitiría la importación de productos del exterior con mejor calidad y más bajos precios, lo que en teoría forzaría a los productores nacionales a modernizarse y a ponerse en condiciones competitivas, y daría mejores y más opciones al consumidor y, por ende, los precios bajarían y sería el camino para tener la inflación bajo control y así darle estabilidad económica al país.

Estados Unidos (EE.UU.) es el socio comercial más importante de México, representa más del 80% de las transacciones comerciales en el exterior. Por ello se pensó en un acuerdo que permitiera al país mejores perspectivas para la inversión del exterior y para las exportaciones e importaciones mexicanas.

Y como EE.UU. acababa de firmar un tratado comercial con Canadá, entonces se amplió la perspectiva a buscar un acuerdo que incluyese a los tres países, y así nace la idea de iniciar las negociaciones del TLCAN.

Durante mi gestión al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) (1991-1993) me toca presidir al sector privado mexicano en dichas negociaciones, conjuntamente con las autoridades gubernamentales, desde lo que se denominó el “cuarto de junto”, que tuvo como directores ejecutivos a don Juan Gallardo Thurlow y don Guillermo Güémez, quienes conjuntamente con los expertos proporcionados por las empresas mexicanas y los organismos empresariales tuvieron la gran responsabilidad de llevar adelante el día a día de las negociaciones por rama industrial, comercial, servicios, agrícolas, etcétera, así como el cabildeo con los congresistas norteamericanos y las autoridades canadienses.

Las negociaciones se iniciaron el 5 de febrero de 1991, siendo la firma por los presidentes de México y EE.UU., así como por el primer ministro canadiense el 17 de diciembre de 1992. El 17 de noviembre de 1993 lo aprueba la Cámara de Representantes de EE.UU. y el 19 del mismo mes y año el Senado. El Senado mexicano lo aprueba el 22 de noviembre de 1993. Entra en vigor el 1 de enero de 1994.

Para nosotros, adicionalmente a las perspectivas económicas favorables que un tratado de esa envergadura pudiera tener, que México firmara un compromiso internacional de manejar su economía bajo premisas más de mercado y menos políticas, pensamos que era un paso importantísimo para acotar a los que pugnaban por cada vez mayor injerencia del gobierno en la actividad económica y que habían llevado al país a situaciones desastrosas.

Por ello, aparte de la incertidumbre y el fundado temor que indudablemente existía entre algunos acerca del Tratado (se decía en ese entonces que la economía de EE.UU. era 40 veces mayor que la mexicana), nuestra disputa con las autoridades mexicanas fue que se estaba abriendo al país de manera importante y con una economía mucho mayor que la nuestra y con costos país muy diferentes, y no se estaban haciendo al mismo tiempo los cambios internos de las leyes mexicanas en el mismo sentido, para facilitar a los nacionales la competencia en mejores condiciones (V.gr.: ley laboral, IMSS, educación, sistema financiero, CFE, Pemex, telecomunicaciones, etcétera). Las famosas reformas estructurales de que se habla hoy.

Hasta aquí los antecedentes. Hoy la pregunta sería: ¿Cuáles han sido los resultados relevantes para la región y en especial para México a lo largo de estos 20 años?

Comento algunos datos: Creo que con el TLCAN se han cumplido objetivos centrales como estimular el comercio y la inversión. Las exportaciones no petroleras de México pasaron de 44 mil millones de dólares en 1994 a casi 303 mil millones en 2013 (485% de aumento), de las que el 78% son a EE.UU.

La balanza comercial con EE.UU. pasó de un déficit de más de tres mil millones en 1994 a un superávit de casi 102 mil millones en 2012 (aún no salen los datos de 2013). La inversión extranjera directa se cuadruplicó. Creo que tener el TLCAN ayudó a salir mucho mas rápido de la crisis del 95. Obligó a homologar normas y estándares internacionales. Facilitó la negociación de todos los tratados posteriores con otros países.

Pero como todo en esta vida, hay cosas buenas y otras no tanto: aunque no fue culpa directa del TLCAN, se dio una gran liberalización del sector externo sin la correspondiente liberalización interna, como hubieran sido: desregular la economía, fomentar la competencia, eliminar monopolios públicos y privados, etcétera. Por ello, los beneficios no llegan a toda la economía, sino sólo a unos cuantos sectores.

No hubo a tiempo programas importantes para apoyar a las pequeñas y medianas empresas a modernizarse e integrarse a las cadenas productivas de exportación, pues la llamada Banca de Desarrollo prácticamente “desapareció” en su tarea fundamental de apoyo a las mismas.

Concluyo: Comercialmente creo que el TLCAN ha sido exitoso, aunque los beneficios pudieran ser mayores que los que han habido y los costos del ajuste menores (cierre de empresas y pérdida de empleos en algunos sectores y regiones) de hacerse internamente lo necesario para aprovechar al 100% las oportunidades que el tratado ha abierto.

Desafortunadamente seguimos sin actuar bien y a tiempo en lo interno. La actual reforma fiscal es una prueba de ello. Los tratados no hacen milagros. La sociedad mexicana tiene la palabra.- Mérida, Yucatán.

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*) Licenciado en Administración de Empresas por el Tecnológico de Monterrey; presidente del Consejo de Optivosa; ex presidente de la Canaco, de la Concanaco y del Consejo Coordinador Empresarial nacional

»Creo que con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se han cumplido objetivos centrales como estimular el comercio y la inversión




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