Se levanta la huelga

“El Charras”: 40 años después (6)

Freddy Espadas Sosa (*) 

A escasos 20 días de haberse publicado el ultimátum dado por la burguesía y el corporativismo del PRI-Gobierno, esto es, a inicios de la segunda semana de abril de 1974, las diversas organizaciones que participaban en el movimiento anunciaron el levantamiento de la huelga general estudiantil que conmovió a la sociedad yucateca durante dos largos meses. Para tal efecto, hicieron pública la llamada “Declaración del Pueblo Organizado y el Movimiento Obrero-Estudiantil”. Mediante este pronunciamiento se comunicó a toda la sociedad la decisión de que los estudiantes regresarían a clases el 15 de abril de dicho año.

Dado el ambiente de represión y hostigamiento oficial que rodeaba al movimiento, la única vía posible para comunicar de manera amplia dicha Declaración fue la del manifiesto impreso a manera de volante-proclama, elaborado por la dirigencia colectiva y multiplicado con los recursos aportados por los principales protagonistas de dicho movimiento: colonos de Mérida y Progreso, trabajadores de los sindicatos organizados por Efraín, comités ejidales y los grupos estudiantiles que habían participado masiva y decididamente en el movimiento, el cual había hecho eclosión por el artero asesinato de El Charras.

La proclama con la que se anunció el levantamiento de la huelga estudiantil tiene una connotación eminentemente política e ideológica, ya que refleja en gran medida el clima de confrontación clasista que se había exteriorizado con mayor intensidad con el desarrollo del movimiento y su conversión en un fenómeno político-social de grandes dimensiones.

El análisis y la interpretación de esta proclama popular, contrastada con los desplegados del bloque hegemónico en el poder publicados el 25 de marzo de 1974, muestran el grado de desarrollo e intensidad que había alcanzado la lucha de clases en nuestra entidad, en sus dimensiones económica, política e ideológica.

La Declaración señalaba que la repulsa popular contra el gobernador Carlos Loret de Mola se había vuelto casi unánime, “por la responsabilidad que, como representante del Estado, tiene en el asesinato de nuestro compañero.”

Los actores firmantes advertían que la fuerza del movimiento -que se realizaba en condiciones políticas, económicas y sociales cada vez más graves para las masas populares- podía medirse por los logros alcanzados por el mismo, a saber:

-Por primera vez en la historia de este país, un gobernante ha sido obligado a entregar a funcionarios policiales de su aparato estatal como los autores materiales de un crimen político. Este hecho es de una enorme importancia nacional por cuanto se cuentan por centenares los crímenes cometidos por los cuerpos represivos del país, que jamás, hasta ahora, han sido esclarecidos.

-El Gobierno del Estado fracasó en su intento de utilizar a los dirigentes sindicales más “charros”, a la prensa y a las organizaciones patronales para justificar una vasta represión de la huelga, demostrando con ello una gran debilidad (.).

-El movimiento sindical independiente se fortalece cada vez más con la formación de nuevos sindicatos obreros y la organización de grupos obreros independientes en los sindicatos “charros”.

-Como consecuencia de la movilización, han surgido decenas de comités de barrio, ejidales y de población, que agrupan a miles de ciudadanos, y que constituyen el embrión de una futura organización poderosa del pueblo.

Los firmantes reconocen en la Declaración que no obstante estos logros del movimiento, el hecho de haber centrado toda la atención en la caída del gobernador Loret de Mola -objetivo no logrado finalmente- había impedido que amplias capas del pueblo pudiesen percibir la causa fundamental que genera la violencia oficial, y que se explica porque todo el Estado en su conjunto -gobierno, ejército, policías, “charrismo” sindical- está al servicio de una clase social de explotadores, de esa clase social que veía en peligro sus privilegios con la lucha de los obreros; de esa clase que paga por los asesinatos de dirigentes obreros, como es caso de Efraín. En resumen, debe quedar claro que esta lucha enfrenta directamente al pueblo con el poder de los explotadores, con el estado en su conjunto y con los aparatos de control y sometimiento creados por ese estado: CTM, PRI, CNC, etc. Después de esta contundente acusación hecha contra el sistema dominante, la Declaración señala la necesidad de realizar un cambio de táctica, a fin de evitar el desgaste paulatino del movimiento huelguístico. Asimismo advierte que dicho cambio era necesario para propiciar la reagrupación de los estudiantes y la participación más activa de los obreros, de los comités de barrio, ejidales y de población. Y enfatizaba lo siguiente: Es el pueblo el que ha determinado que los estudiantes regresen a clases el 15 de abril para continuar luchando. El cambio de táctica de ninguna manera abandona las demandas de castigo a los autores intelectuales del crimen, incluido el principal responsable, ni de la desaparición de los grupos de choque y otras.

De esta manera se levantó la huelga general que había sido concitada por el secuestro y asesinato de El Charras, dando paso tanto a un sensible reflujo posterior del movimiento estudiantil, obrero y popular, como a una plausible recomposición política y social del sistema dominante en la entidad. (Continuará).- Mérida, Yuc.

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*) Doctor en Educación, catedrático y ex director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán




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