Rumbo al 2015″Tres tristes tigres…”

Por: Antonio Salgado Borge (*)

La mayor soberbia, y la mayor abyección, son la ignorancia de sí mismo -Baruch Spinoza, filósofo holandés

Tres tristes tigres tragaban trigo en tres tristes trastos en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres en tres tristes trastos.

El supuesto objetivo del anterior juego de palabras es propiciar el enredo de algunas lenguas poco entrenadas en la expresión oral del mismo. Propongo al lector extraer de su contexto original los elementos de este trabalenguas, de sobra conocido en Yucatán, para elaborar un ejercicio interpretativo cuyo sentido nos permita exponer algunas de las trabazones que enfrenta la vida democrática en nuestro estado.

En este contexto, no es difícil distinguir que los tres tristes tigres que se alimentan gustosa y asimétricamente del trigo presupuestal en el trigal llamado Yucatán son el PAN, el PRD y el PRI. Se podrá decir, y con razón, que no hay motivo alguno para suponer que alguno de éstos bien alimentados comedores de trigo esté triste. Me parece que, en efecto, la tristeza que se les atribuye no hace referencia al estado de ánimo melancólico de un individuo o grupo -una de las definiciones del adjetivo “triste”-, sino que califica el disgusto que produce presenciar un fenómeno funesto o deplorable.

Lo bueno o lo malo no son nunca sujetos: éstos son predicados que se asignan a algo en función de la utilidad o del perjuicio percibido, por el que juzga, en lo juzgado. Los partidos políticos no son entonces ni la encarnación del mal ni malos por definición, pero claramente están dañando a terceros con su mal uso de recursos públicos, están desempeñando una pésima labor en su función explicitadora del conflicto social y no son vehículos para la participación ciudadana democrática. Tan sólo en los últimos tres años el porcentaje de mexicanos que dice confiar en sus partidos ha disminuido de 35% a 19% (INE, 2014).

Los partidos políticos yucatecos no están tristes, son tristes. Esta cualidad la adquieren, desde luego, por comer en trastos tristes. Elección tras elección, estos organismos se montan en el psicodrama electoral con candidatos impresentables -a la manera de muñecas matrioska, los tristes tigres dentro de los tristes tigres-, o que carecen de méritos reales, con el fin de acaparar posiciones y presupuestos. En términos generales, su objetivo principal no parece ser llegar al poder para servir a los ciudadanos, sino aterrizar en un escenario en el cual su traste se empezará a llenar de cantidades absurdas de trigo que no les pertenece.

A pesar de que aún no estamos en época de precampañas, es evidente que las contiendas en el interior de cada partido por las candidaturas de 2015 han arrancado. Es por ello que me parece que es buen momento para intentar establecer, mediante una aproximación general inicial, si existen condiciones para desenredar el nudo que asfixia a nuestra democracia electoral.

Por principio de cuentas, todo parece indicar que el PAN, el PRD y el PRI se presentarán a la contienda electoral de 2015 con la misma pobreza ideológica, programática, argumentativa y humana con que compitieron en 2012.

Síntomas de esta miseria son también las estrategias y modos populistas empleados por los principales aspirantes a obtener una candidatura a la alcaldía de Mérida. El circo y el pan están a la orden del día. Obsesionados, buena parte de los preprecandidatos regalan anteojos, instalan albercas públicas, reparan baches, “salvan pobres” o colocan pantallas para ver el mundial de fútbol. Otros, más silenciosos, optan por afianzar su capacidad de movilización electoral -es decir, de acarreo- o buscan vender favores, a quien desee comprarlos, a cambio de futuros apoyos.

También hay quienes, rayanos en lo grotesco, reproducen el “modelo Velasco” y compran, con el fin de evadir la legislación que les prohíbe promocionar su imagen, portadas de revistas que nadie lee o que de plano son creadas ex profeso para publicitar ambiciones personales, las cuales son luego anunciadas en espectaculares o paraderos de autobuses distribuidos a lo largo de toda la ciudad. La frase es de un amigo: “Si así se comportan ahora, en lo pequeño, ¿qué podemos esperar de ellos cuando lleguen al poder?”¨.

Si dependiera de la arena partidista local, las elecciones de 2015 serían una réplica de las de 2012. Empero, la reforma electoral de este año incluye algunos elementos que, aunque modestos o minimalistas, podrían inyectar un poco de aire fresco a los procesos electorales yucatecos. La mitad de las candidatas deberán ser mujeres, el árbitro electoral podría salir de la esfera de control del gobernador -aunque esto no garantiza, de ningún modo, imparcialidad sí podemos suponer que podría mermar el peso del ejecutivo estatal-, se inaugurará la posibilidad de que los nuevos legisladores o alcaldes sean reelegidos -con el desalentador candado de que éstos deberán ser aprobados previamente por los partidos que les postulan- y se incorporarán las candidaturas ciudadanas, de difícil acceso para la mayoría de los yucatecos.

Otro elemento novedoso será la muy probable incursión de Morena como partido político. Si bien la izquierda en Yucatán está muy lejos de ser electoralmente competitiva, en este mismo espacio se ha hablado de la importante discrepancia entre el porcentaje de votos obtenido en nuestro estado por AMLO y el porcentaje obtenido por los otros candidatos del PRD. Morena sólo será electoralmente atractivo si selecciona a sus candidatos de entre los jóvenes más capaces que le dan vida a este movimiento en la entidad y sólo será verdaderamente relevante si logra generar y sostener procesos auténticamente democráticos e incluyentes en su interior y si, como partido, se resiste a venderse al mejor postor.

El formato y el resultado de las elecciones de 2015 no serán idénticos pero sí muy similares a los de años anteriores. Existen, más allá del ámbito partidista, elementos tecnológicos y humanos en desarrollo que nos permiten soñar con que en 2018 la historia puede ser diferente. Ya habrá tiempo de analizarlos con detalle. Mientras tanto, al menos por ahora, podemos estar seguros de que en nuestro trigal los mismos tres tristes tigres seguirán tragando trigo en sus mismos tres tristes trastos.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista



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