Responsabilidad social empresarial: una contribución al desarrollo

Emilio Correa Ávila (*)

Siendo directivo de diversas empresas tuve la oportunidad de aplicar programas de mejoramiento, y si bien en su momento fueron exitosos, considero que ninguno fue tan trascendental para esas empresas como la aplicación de los principios contenidos en el programa de Responsabilidad Social Empresarial o “RSE”.

Aunque en el propio nombre está su definición, aclaro que el concepto RSE consiste en la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas.

Algunos antecedentes sobre la RSE se remontan al Siglo XIX, en el marco de las cooperativas y asociaciones que buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales y evitar el lucro con productos perjudiciales para la sociedad. Entre 1950 y 1960 es cuando surge en Estados Unidos la expresión de RSE y se logra desarrollar en la práctica en Europa en los años 90. Y es en el Foro de Davos cuando la Organización de las Naciones Unidas pide que se adopten valores con rostro humano al mercado mundial.

Se puede decir, entonces, que la RSE contrapuntea con los teóricos del neoliberalismo que consideran que el objeto de una empresa es producir tanto valor agregado como sea posible para los accionistas y que todo lo demás es superfluo; poniéndose al otro extremo con la propuesta de buscar el bienestar de todas las partes que interactúan en la empresa.

Organismos RSE

Actualmente varios organismos como la Unión Social de Empresarios de México (USEM), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), AliaRSE, ONU Pacto y Empresa Socialmente Responsable (ESR) han establecido una serie de pasos que sirven de guía para establecer programas de RSE, basados en acciones que tengan principios, medios y fines éticos, como el respeto por la dignidad de las personas, cuidado y preservación del medio ambiente, procuración y construcción del bien común, honestidad, transparencia, solidaridad, subsidiariedad y participación social.

Como presidente local de la USEM me tocó conocer y aplicar el método que sigue para establecer el programa de la RSE. En primer lugar se invita a los directivos de la empresa a participar en un Diplomado Avanzado de Formación Social; posteriormente se imparte un taller para dar a conocer el programa al personal. Hago notar que 60 directivos de empresas han tomado este diplomado en Mérida.

El verdadero corazón de este método es tratar de cubrir las expectativas de los ocho grupos que interactúan en la empresa: clientes, proveedores, accionistas, personas de la empresa, gobiernos, comunidad, competencia y las generaciones futuras, desarrollándolos bajo tres líneas de acción estratégica centradas en la persona:

a) Necesidades trascendentales.

b) Calidad de vida y necesidades humanas.

c) Generación de riqueza y necesidades materiales.

En un principio me pareció una carga más para la empresa y fue difícil conciliar las expectativas de ésta con los deseos de las demás partes interesadas. Sin embargo, varias acciones tomadas bajo los lineamentos de la RSE nos llevaron a detectar la necesidad de apoyar la armonía familiar del personal. Ésta se llevó al cabo con una serie de actividades donde intervenían los directivos y los familiares del personal, como pláticas, celebraciones, cursos de manualidades, apoyo psicológico, etcétera.

Esto redundó poco a poco en un círculo virtuoso, pues provocó en el personal un mejor trato a los clientes y una mayor disponibilidad a la capacitación y armonía también en el trabajo.

Una experiencia que cumplió con las expectativas y beneficios para la sociedad, la empresa y el medio ambiente fue establecer centros receptores de pilas de desecho, las cuales son fuente de grave contaminación ambiental y toxicidad. Se cumplió con una necesidad de la sociedad, se evitó la contaminación y además se creó el tráfico de los clientes a los establecimientos, beneficiándose la empresa.

En el mismo sentido la empresa, durante muchos años, desechaba los residuos de los procesos de revelado de fotografías que contienen haluros de plata; mediante la inversión en un nuevo proceso se comenzó a recuperar este mineral, con lo cual se evitaba la contaminación de los acuíferos y para la empresa se obtenía una verdadera mina de plata.

También, en el caso de equipos de aire acondicionado, se implementó un programa de sustitución de gas refrigerante ecológico, que además de evitar la contaminación de la capa de ozono procuraba un ahorro en el consumo de energía, cumpliéndose un beneficio para los clientes, la empresa y el medio ambiente.

No es fácil

El camino de la implementación de estas acciones no es fácil; se puede llegar a pensar que van en contra de los beneficios inmediatos de la empresa, como son la disposición de recursos económicos, requerimiento de espacios, tiempo dedicado a éstas, desarrollo y capacitación del personal, etcétera.

Algunas de las empresas mexicanas que se han comprometido de manera voluntaria y activa en la línea de la RSE, entre otras son: Grupo ADO, Grupo Bimbo, Galletas Dondé, Pronat, Telmex y Grupo Megamedia.

Hago notar que la aplicación de estos programas va más allá de cumplir las leyes y normas, dando por supuesto que toda empresa las debe cumplir con respeto y en forma estricta. Éstas deben vigilar que en sus acciones, además de lo legal, se cumpla lo legítimo. Aparentemente sería otra parte complicada del proceso, pero es ésta la que permite ganarse prestigio, confianza y lealtad de clientes, proveedores y colaboradores.

Sobresale también el énfasis que propone la RSE al evaluar la empresa desde todos los grupos de interés que convergen en ella, y no sólo desde los accionistas, utilizando la fórmula de la triple cuenta de resultados: la dimensión social, lo ambiental y el estado financiero.

Dilema

Otro aspecto a considerar por la RSE es la participación de las multinacionales, para lo cual Kenneth-Mathews exponen el dilema: “Las empresas multinacionales son tan poderosas que es peligroso que se inmiscuyan en temas sociales y políticos, pero también lo es que solamente se dediquen a maximizar sus ganancias”.

Por mi parte, considero que estas empresas deben ser bienvenidas a los programas la RSE y son el gobierno y los mismos organismos promotores los que deben regular su actuación.

Por último, además de cumplir las expectativas de cada uno de los grupos de interés, las empresas RSE tienen como reto lograr una justa distribución de la riqueza y un trabajo conjunto contra todas las formas de corrupción, incluidos el soborno y la extorsión. Para esto creo necesario promover a un mayor número de empresas que adopten estos programas.- Mérida, Yucatán, febrero de 2014.

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*) Ingeniero agrónomo por el Tecnológico de Monterrey. Ex presidente local de USEM y del Centro Loyola, y nacional de Comunidades de Vida Cristiana. Ha sido director general de empresas como Tiendas Omega, Villas Wayak y Equimax

»El concepto RSE consiste en la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas




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