Resiliencia: la transformación detrás de la adversidad

Resiliencia: la transformación detrás de la adversidad

Por Gabriela Soberanis Madrid
Dirección General Enfoque Integral
Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito
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“Las dificultades están destinadas a despertarnos, no a desalentarnos. El espíritu humano crece a través de la adversidad.” William Ellery Channing

Piensa por un momento en alguna adversidad que hayas enfrentado ¿qué resultó de esa desventura? ¿en quién te convertiste después de ese evento? ¿quién eres ahora como resultado de esa experiencia?

La adversidad, los infortunios, los reveses y las pérdidas son parte de la vida y si bien todas las personas en algún momento nos enfrentamos ello, no todas los enfrentamos de la misma manera ni salimos fortalecidos de esas circunstancias. Dicho de otra forma, toda la gente pasa por períodos de dolor emocional y situaciones difíciles, pero son más las personas que lo hacen con indisposición, con falta de aceptación, con la sensación de que la vida ha sido injusta con ellas y que esa experiencia, además de pérdida o dolor, no ha dejado otra cosa que obstáculos y heridas.

El término resiliencia se refiere a la aptitud de una persona para sobreponerse a momentos difíciles y situaciones adversas, con la comprensión de que esos eventos contienen la semilla de un beneficio. Entraña el deseo genuino de ese individuo por descubrir la bendición oculta, sin perderse en el dolor o las dificultades.

Las personas resilientes son tanto objetivas como flexibles. Les caracteriza que cometen menos errores respecto a sus percepciones, porque no se dan el lujo de exagerar las circunstancias o de sacar conclusiones precipitadas. Se toman el tiempo suficiente para interpretar la realidad que están viviendo de un modo más exacto. Por lo tanto, esto les permite darse cuenta que, en medio de las dificultades, siempre hay pinceladas de fortuna, dicha y bienestar.

La resiliencia no es más que vivir los desafíos con dignidad y atreverse a ver más allá de lo desconocido en busca de algo mejor de lo que se tuvo.

En mi práctica como Coach de Vida las personas me han externado sus dudas respecto al verdadero significado de la resiliencia. Se cuestionan si ser resiliente significa no sentir dolor, tristeza o enojo. De ninguna manera. Una enfermedad grave, perder a un ser querido o enfrentarse a dificultades económicas o de cualquier índole, sin duda son sucesos que tienen un profundo impacto en nuestras vidas. Es natural que produzcan una sensación de incertidumbre, de inseguridad y pena.
Desarrollar la resiliencia es la capacidad de sobreponerse a esos eventos, aceptarlos y adaptarse a las nuevas circunstancias haciendo acopio de los valores y atributos positivos de nuestra persona para transformar la adversidad en una bendición.

Por eso es que la resiliencia no es una cualidad que las personas tengan o no. Es una capacidad que se desarrolla y que requiere de disposición y buena voluntad, pero sobretodo, de un verdadero deseo de evolucionar en nuestra forma de ver la vida y los eventos que la conforman. La resiliencia es una cualidad que exige la transformación de nuestras creencias y la forma en que valoramos los desafíos. El camino que lleva a la resiliencia no es un camino llano. Hay muchos obstáculos que se presentan: el dolor, las dudas, el desánimo, la culpa y la autocompasión – por mencionar algunos -; pero hay uno que sobresale y que es causa y efecto de todos los demás: la falta de aceptación. Trascendiendo éste es que podemos hablar de resiliencia.

Cuando un individuo se enfrenta a una desdicha, es natural que se rebele ante las circunstancias y que desee que los infortunios no se hayan presentado. Desde luego, muchos quisiéramos alcanzar esa aceptación y continuar con nuestra travesía. Pero la aceptación no es algo que podamos comprar en la tienda de la esquina. La aceptación requiere de un trabajo interior.

Por lo tanto, aceptar nuestras nuevas circunstancias significa salir de nuestra zona de confort. Nuestra nueva realidad exige de nosotros una nueva perspectiva de la vida y por ende, una nueva forma de hacer las cosas. Muchas personas lo que ansían es permanecer en su “statu quo”, sin darse cuenta que el crecimiento del espíritu humano sólo se da cuando es capaz de llegar a una aceptación tranquila de sus nuevas circunstancias. Cuando ha aprendido a hacer frente a lo inesperado y adverso y ha salido airoso de las dificultades. Pero comprendamos bien esto último: salir triunfante de la adversidad es descubrir la lección detrás de la desgracia.

John Powell en su libro “¿Por favor podría mi verdadero yo ponerse de pie?”, menciona que la aceptación en general, es un proceso. Y ese proceso está conformado de cinco etapas que necesitamos vivir hasta llegar a una aceptación tranquila:
1.- Negación (¡No, yo no!)
2.- Ira (¡Maldición! ¿por qué yo?)
3.- Regateo (De acuerdo, yo, pero ¿qué tal si…?)
4.- Resignación depresiva (Muy bien, esto es así, pero me siento muy triste por ello)
5.- Aceptación tranquila (Así como es, está bien. Ahora estoy preparado para continuar con mi vida en paz)
Haz una pausa y mírate, mira a tu alrededor ¿cuánta gente ves que, en el mejor de los casos, vive con una resignación de sus circunstancias? Eso no es vivir.

Es una triste realidad que, después de los eventos más trágicos de su vida, muchísimas personas permanecen en un estado de rebeldía el resto de su existencia. Son incapaces de hacer las paces con los reveses que la vida les puse enfrente y concebir que más allá de la desgracia existen otras oportunidades y una vida mejor. Como yo lo veo, la aceptación tranquila de nuestras circunstancias es un elemento indispensable no solo para nuestro crecimiento, sino para ser felices.

Bien ¿cómo es una persona resiliente? ¿qué cualidades posee?
Desde la perspectiva de la psicología positiva, estas personas se destacan porque:
1) Son capaces de aceptar la realidad como es. En su fuero interno han llegado a la comprensión de que cada cosa está exactamente en el lugar donde tiene que estar y que cada persona es exactamente como tiene que ser. Han dejado de pelear con su realidad, a cambio, han hecho las paces con sus circunstancias tal y como son.

2) Conservan la esperanza de un mejor mañana. Tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido y que lo tiene a pesar de las adversidades. Saben separar las desgracias de todo lo demás que la vida nos ofrece, pues reconocen que los infortunios resultan sólo una pequeña parte de nuestra realidad.

3) Reconocen que la vida se reduce a esto: vivir plenamente o morir lentamente. Las personas resilientes siempre optan por lo primero. Dan todo de sí para mejorar sus circunstancias y crear la vida que saben que merecen vivir. Dentro de sí desarrollan una capacidad inquebrantable para ser mejores en todos los aspectos de su vida. Las desgracias sacan lo mejor de ellos, no lo peor.

4) Promueven un optimismo realista. No se dejan llevar por la fantasía o la irrealidad, pues son consciente de las desavenencias; sin embargo, fomentan la idea de que las cosas pueden ir bien. Tienen una visión positiva del futuro y saben que pueden – si así lo deciden – dirigir el curso de sus vidas.

En resumen, una persona resiliente cultiva en lo más profundo de su corazón la creencia de que hay una razón muy poderosa por la cual la gente tiene que atravesar situaciones dolorosas, perder seres queridos, enfrentar desafíos inimaginables: simple y sencillamente porque si todos nuestros deseos fuesen satisfechos, no tendríamos la capacidad de valorar las cosas bellas de la vida.

Mantengamos en mente esto: la vida nos ofrece momentos desafiantes para que podamos crecer, para que descubramos nuestras más brillantes virtudes, para que aprendamos a valorar lo que es digno de valorarse pero sobre todo, para que aprendamos a ser felices. Paradójicamente, sólo trascendiendo las dificultades es que sabremos lo que significa la felicidad.




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