Rellenar el paso deprimido

Rellenar el paso deprimido

Por José Enrique Gutiérrez López

A Roberto, hombre generoso, íntegro, siempre dispuesto a ayudar a los demás. Descansa Gordo.

Mi no estimada Angélica:

Señora ex alcaldesa, me disculpo por haberte abandonado tanto tiempo. Lo sé, es mi culpa el no haberte escrito antes porque, sabes, he estado algo ocupado -espero lo entiendas- en varios asuntos que aunque se no te importan, igual cito para que te enteres, sin que el orden responda a la importancia del tema:

1.- Trabajando; porque sabrás que yo -como millones de mexicanos no dedicados a la política- sí trabajo y me gano el pan de cada día con el sudor de mi cerebro y la fluidez de movimiento de mi mano derecha, gracias a una profesión digna que obtuve después de muchos años de estudio y espera; no soy como tú -y cientos de parias del erario- que tienes el puesto de Senadora gracias a esas prácticas corruptas por las que el dedo mágico de alguien -de la ex gobernadora Ortega Pacheco en este caso- y la complicidad del partido al que perteneces -PRI- que se ha encargado de encubrir esos turbios asuntos de los que con pruebas se te acusa, y de los que apenas eres “presunta” responsable.

Tal es el caso de las luminarias y la vil golpiza a los ciudadanos que protestábamos por la infame obra que te emperraste hacer en la colonia México, por citar dos ejemplos. Pero no importa si la injusta justicia mexicana te declara culpable o no: ya el juicio popular lo hizo y merecidamente te ha condenado para siempre al oprobio. Recuerda, el 4 de julio no se olvida.

2.- Estudiando. Porque igual sabrás -aunque dudo sepas, dada la poca capacidad que tienes de entender y percibir las realidades del entorno- que tu jefe máximo, EPN ha tenido la desafortunada ocurrencia de cambiar diversas leyes a su antojo y capricho, argumentando que con esto el país habrá de ser Jauja. La verdad, no creo en él.

Así, ha promovido las reformas de Telecomunicaciones, Educativa, Energética, Política, y otras más, enviando a las Cámaras las iniciativas correspondientes. ¿Te enteraste que llegaron esas iniciativas al Congreso, las estudiaste a fondo, o solo levantaste el dedo cuando Emilio te dijo lo hicieras?

Promulgaron además la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita, su Reglamento y sus Reglas de Carácter General -ambiguas y opuestas a otras leyes- entre otras. Quiero decirte a este respecto, que los legisladores -entre ellos tú, insisto, simple aplaudidora- las han hecho y aprobado -de por medio dudosos oscuros cabildeos parlamentarios- a tontas y a locas, al vapor y sin la más mínima técnica jurídica.

Sabemos, porque la experiencia nos lo ha demostrado, que a los hacedores de leyes poco les importa el que éstas beneficien a la ciudadanía. Lo que les importa es el beneficio personal y partidario resultante de las componendas entre grupos.

3.- La enfermedad y muerte, muy dolorosa para mí y toda mi familia, de Maricela.

Pero bueno, este preámbulo ha sido muy largo ya. En realidad el motivo de esta carta es el de decirte algo de lo que quiero -una vez más- dejar constancia: ese hueco que neciamente mandaste hacer donde ya dije, haciendo oídos sordos del clamor popular que se oponía a esa obra, y de las voces calificadas de arquitectos, urbanistas, ecologistas, cámaras de comerciantes y empresarios, que también pedían no se ejecutara por innecesaria, costosa en su construcción y en su mantenimiento posterior, que no solo en nada mejoraría el tránsito en esa zona, sino que lo empeoraría -esa “magna obra” tuya, repito- ahora se inunda.

Si, así como lo lees, si antes las rejillas eran el problema, hoy se llena de agua y como alberca queda, con el consiguiente grave perjuicio para los miles de meridanos que a diario por ahí transitamos. Por más bombas extractoras de agua que se instalen, si una de ellas falla, el sistema se debilita y resulta insuficiente para desalojar el volumen del líquido proveniente de la lluvia y del manto freático del subsuelo.

Tu prepotencia, soberbia y terquedad han resultado lesivas a la ciudadanía y una carga económica para el municipio.

Pero como el mal está ya hecho, de nada nos sirve rabiar y lamentarnos, sino darle al conflicto que ocasionaste, una definitiva solución. Lo feo de la obra, lo costoso y complejo de su mantenimiento, el ser el punto causante de constantes embotellamientos -más adelante de sur a norte de la antigua glorieta y muy especialmente en las laterales-, el peligro que para los peatones representa, y por haber sido una construcción hundida hecha en contra de la voluntad del pueblo, al que adicionalmente se agravió apaleándolo, debe el actual Ayuntamiento proceder a su inmediata cancelación cubriendo el agujero vial.

No importa el costo de hacer esto. Muchas personas con las que he hablado están de acuerdo en proporcionar el material de relleno necesario. Pero aunque así no fuera, debe la autoridad municipal proveer de los recursos que para ello se requieran -que no son muchos en comparación con los costos de mantener funcionando este inservible adefesio-, retirar el equipamiento de ese lugar y ocuparlo en otro sitio, ampliar la rotonda de la fuente después, y ajardinarla de último. Rellénese pues el Paso Deprimido. Tome nota el Alcalde y actúe en consecuencia.

Tomo la idea de hacer esto de Mauricio y su agrupación defensora de los derechos de los ciudadanos. Antes consideraba yo inviable la posición de cancelar el paso deprimido. Pero ante las tantas deficiencias de la obra, de los daños al ecosistema, las molestias que a los ciudadanos se causan constantemente, y del alto costo al Ayuntamiento, he optado por creer que realmente ésta es la única y última solución.

¿Debe la ignominia causada permanecer? No. ¿Pudo derribarse la vergüenza del muro de Berlín? Sí. ¿Por qué entonces no podrá revertirse lo que mal se hizo para que la ciudad recupere en ese lugar el esplendor que antes tuvo y que era parte del entorno visual arquitectónico de la zona, patrimonio cultural edificado de Mérida? No hay razón para no clausurar el hoyanco.

Respecto a lo que sucede con la intervención que tuviste en el asunto llamado de las luminarias, aunque la Fiscal sea ave del mismo plumaje que tú, y además también ciega y sorda -pero no muda- como tú, aún no se ha dicho la palabra final. Tómalo en cuenta. Adiós.

¡No al olvido del 4 de julio!- Mérida, Yucatán.

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*) Ciudadano. Abogado y notario público. Tanatólogo. Cónsul Honorario de Holanda.




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