Reflexiones: los pobres y los políticos

Por Víctor M. Arjona Barbosa

Combate a la pobreza

Desde hace varias décadas, en la terminología académica y política se ha venido hablando de países desarrollados y subdesarrollados, ricos y pobres y, eufemísticamente, a los segundos se les llama “países en vías de desarrollo” o de “economía emergente”.

En las naciones subdesarrolladas los gobiernos, con sus propios recursos o con ayuda extranjera, han puesto en marcha programas contra la pobreza; la lucha a favor de los pobres pronto se convirtió en bandera de campañas electorales y en no pocos excesos demagógicos. Sin embargo, los pobres siguen ahí y entre ellos se ha hecho una nueva subdivisión: la de los que están en la pobreza extrema, los más pobres de los pobres.

Nuestro país, a pesar de sus impresionantes recursos, de la vecindad con uno de los países más ricos, de algunas de sus economías regionales que pueden rivalizar con los países desarrollados y de unos cuantos multimillonarios (alguno incluido entre los más prominentes de la lista mundial), sigue siendo un país pobre si tomamos en cuenta que casi la mitad de su población tiene ingresos ínfimos, lo que los condena a la insalubridad, la ignorancia y la marginación.

Podemos decir, con verdad de evidencia, que nuestro principal problema es la pobreza y que hemos de esforzarnos con seriedad y responsabilidad para encontrar los caminos idóneos que nos lleven a integrar a cada vez más pobres a la actividad productiva y a una vida de calidad que merecen por su dignidad de personas.

Tenemos que reconocer que, junto con muy pocos buenos resultados los programas sociales han fallado por diversas razones, como la corrupción, el paternalismo, la manipulación, la instrumentalización de las gentes para fines partidistas, etcétera.

Sabemos muy bien que más que combatir la pobreza hay que promover a los pobres para que dejen de serlo, mediante programas muy bien pensados que los incorporen a la dinámica económica y mediante políticas públicas que estimulen la inversión, la creación y crecimiento de empresas, y la generación de empleos.

De estas acciones, una que era urgente e inaplazable era la de legislar para modernizar nuestro marco jurídico. Ya se dieron algunas reformas consideradas estructurales, aunque han suscitado fuertes polémicas y todavía falta aprobar las leyes secundarias, que son también motivo de gran expectación. Lástima que los intereses partidistas hayan diferido por tanto tiempo llegar a las reformas. El que pierde es México.

Rivalidades políticas

Creemos que los problemas, rezagos y carencias de México no se resuelven con pleitos entre partidos, grupos e individuos de la clase política; ya basta de descalificarse, de ofenderse, de mofarse; y estamos hartos de los escándalos y los espectáculos vergonzosos que protagonizan algunos políticos; ya no queremos más demagogias, falacias ni simulaciones; ya no admitimos “La política barata”, que no es más que la “grilla” vulgar y enfermiza.

Perfil del nuevo político

Lo que urge, lo que se necesita, lo que los mexicanos queremos es una nueva clase política que entienda y practique la política como el ejercicio más noble de servicio a la comunidad. Que tenga una visión de futuro en el que todos los niños puedan tener una educación de calidad y puedan acceder a los beneficios de las instituciones de salud. Que los jóvenes egresados de nuestras universidades, escuelas técnicas y demás centros educativos encuentren oportunidades de empleo. Que para lograr esto existan políticas públicas que faciliten y estimulen la inversión productiva y el crecimiento y consolidación de empresas. Que para que esto sea posible se requiere un adecuado, responsable y honesto ejercicio del presupuesto de gobierno, una escrupulosa administración de los recursos públicos y una trasparente rendición de cuentas. Que para que esto sea una realidad se necesita, y así lo exigimos los ciudadanos, de un perfil de político que haga de la verdad, la honestidad, la voluntad de hacer y el compromiso de servir su cuadro básico de virtudes.

Alguien calificará de utopía esta exigencia de la sociedad. Aclaramos y precisamos: utopía es lo que no puede encontrarse en ningún lugar, según su significación etimológica. Pero las virtudes están en nosotros como potencia y quienquiera podría actualizarlas; es decir, hacerlas pasar de la potencia al acto, de la posibilidad a la realidad por medio de la disciplina. Consiste ésta en volver fácil lo difícil mediante la práctica constante. Todo es cuestión de carácter, vencimiento y esfuerzo.

No puede ser verdadero político el que no tiene la vocación; pero si puede y quiere tendrá que disciplinarse para desarrollar habilidades y virtudes. Y así, en lugar de políticos mediocres corruptos y mentirosos, México podrá contar con auténticos políticos que tendrían como misión prioritaria resolver el problema de la pobreza, condición sine qua non del desarrollo nacional y del bienestar de todos los mexicanos.

Pero no basta soñarlo y desearlo. Hemos de realizar un esfuerzo personal y comunitario serio y concreto para conseguirlo. Tenemos que merecernos estos nuevos políticos con nuestra entusiasta, responsable y eficaz participación. Pero ese es otro tema del que nos ocuparemos en próxima colaboración.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor Universitario




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