Periodismo de investigación y democracia. Incómodo para el poder

Antonio Salgado Borge (*)

En el presente nada es posible, salvo extender el área de cordura poco a poco -George Orwell, escritor inglés.

Los individuos alienados son los leños que mantienen vivo el fuego de cualquier gobierno que se articule en torno a fines distintos o contrarios al bien común.

La alienación puede ser de diversas naturalezas, pero un elemento esencial de la misma es la incapacidad del individuo de mirar desde afuera su posición en el mundo; de colocarse en un plano superior que le permita percatarse de que la situación en que se encuentra podría y debería ser diferente.

Cuando un individuo cobra conciencia de su condición de prisionero en un laberinto artificial, sin ningún punto de entrada ni de salida, la reacción más natural es intentar romper alguna de las paredes para luego encarar a aquel o aquellos que le ha puesto ahí en primer lugar.

Es por ello que la invisibilidad y el sigilo son requisitos indispensables para que los patrocinadores, los arquitectos y los constructores de laberintos tengan éxito. Existen, empero, luces que, aunque fugaces y tenues, contribuyen a evidenciar pequeños fragmentos de esta estructura: una de éstas es el periodismo de investigación libre e independiente.

Si “The Guardian” y “The Washington Post” no hubieran aceptado el enorme desafío que sabían conllevaría la publicación de los archivos que les proporcionó Edward Snowden -documentos que revelaban una red de espionaje internacional orquestada en secreto desde la Agencia Nacional de Seguridad en Estados Unidos-, es altamente probable que el día de hoy este sistema continuaría operando sin imprevistos. La calidad del trabajo periodístico, la credibilidad ganada durante años por esos dos periódicos -ratificada con creces gracias a esta circunstancia- y el valor de enfrentarse a los intereses del imperio, han prestado un servicio invaluable a la humanidad y les han valido un premio Pulitzer.

En nuestro país, un ejemplo reciente y paradigmático ha sido la cloaca destapada por el equipo de MVS noticias, dirigido por Carmen Aristegui. Como ya es bien sabido, fue gracias a una riesgosa investigación de un grupo de reporteros de ese programa que se conoció la historia, inmejorablemente titulada por The Economist “una historia de basura”, de Cuauhtémoc Guitiérrez, presidente del PRI en el D.F., que operaba una red de prostitución para uso público y privado financiada con recursos de los contribuyentes.

Debido a las contundentes evidencias y al estatus icónico alcanzado por Carmen Aristegui, el PRI, que sabía de sobra del muodus operandi de Gutiérrez, se vio obligado a hacerlo a un lado; de lo contrario, su red permanecería intacta.

Buena parte de nuestra clase política parece temer o menospreciar la labor ejercida por los auténticos periodistas. El periodismo de investigación independiente incomoda al poder, y éste suele reaccionar en consecuencia denostando al mensajero o a su fuente en lugar de presentar contraargumentos que le eximan de las conductas imputadas. Los gobiernos del PAN y del PRI han hecho muy poco o nada para proteger este importante activo democrático. Durante el sexenio de Felipe Calderón, México pasó a ser uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo; situación que permanece vigente hasta el día de hoy.

El periodismo de investigación en México es un bien tan escaso como valioso. Se trata de uno de los ejes en los que se apoya nuestra incipiente y endeble vida democrática. En este sentido, resultan invaluables las publicaciones de medios nacionales como “Reforma”, Aristegui Noticias, “Proceso”, “La Jornada” y “Sinembargo.mx”; así como las de un selecto grupo de periódicos locales entre los que está el Diario.

Estos medios cumplen, ante la falta de voluntad de la autoridad y la falta de recursos materiales e intelectuales de la mayor parte de la sociedad, en la práctica, con las funciones “fiscales subrogadas”, término acuñado por el periodista Jorge Zepeda Patterson, para describir el papel jugado por Carmen Aristegui en el caso referido. En un país donde la opacidad y la impunidad son la norma, y donde la televisión funge como la principal herramienta de alienación intelectual, un puñado de medios escritos continúa dando cuenta de hechos de primera importancia para el interés público; los cuales, de no ser por las investigaciones dadas a conocer en estas publicaciones, podrían permanecer ocultos.

Me parece que la exhibición de abusos, anomalías, fraudes o corruptelas no sólo es valiosa en sí misma -se trata de una especie de compromiso ético del auténtico periodismo-, sino que de ésta pueden derivarse dos efectos sustantivos. En primer término, las publicaciones de este corte constituyen, como explicó el doctor Lorenzo Meyer en una entrevista que se le realizó en las instalaciones del Diario, un testimonio vivo de que, a pesar de que mucha gente puede vivir engañada, siempre existirá un grupo de personas capaces de percatarse de los abusos de los poderosos de su tiempo.

Sin embargo, me parece que el periodismo de investigación independiente tiene la capacidad de producir un efecto análogo a lo que en biología se denomina “propiedades emergentes”. Cuando diversas unidades de material biológico son unificadas, las propiedades del nuevo material que se genera no sólo no equivalen a las de los materiales empleados para conformarle, sino que se producen efectos no explicables ni predecibles a partir de la suma de sus elementos componentes (“Nature”, 2008).

Bajo esta óptica, cada investigación periodística aportaría a mucho más que hallazgos específicos sobre un caso determinado. Si bien cada revelación publicada es una unidad independiente, éstas se incorporan automáticamente a una serie cuya mera existencia ayuda a trascender los hechos y a intuir la presencia de vicios que se revelan sistémicos.

La articulación de cada uno de estos puntos, tarea mucho más compleja, permite a parte de nuestra sociedad entender la forma de las estructuras de opresión vigentes y a buscar hacerse de los medios para derribarlas.- Mérida, Yucatán.

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@asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida.




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