Partidocracia, problema nacional

Agenda ciudadana

Lorenzo Meyer (*)

En 1908. En vísperas de la Revolución de 1910 se publicó un diagnóstico sobre el estado que guardaba México. Hoy, la UNAM convocó a un coloquio como homenaje a Andrés Molina Enríquez (AME), autor de “Los grandes problemas nacionales”, y para determinar cuáles son los actuales “grandes problemas nacionales”.

Pocos negarían que, en materia política, uno de esos grandes problemas actuales es la partidocracia, ese desarreglo provocado por el peso desmedido que han adquirido los intereses de los partidos -todos muy desprestigiados, como lo muestran las encuestas- a costa de los intereses de la sociedad.

Hace un siglo, al abordar el tema político, AME apenas si hizo referencia a los partidos y se limitó a señalar que el “partido liberal” era el de los mestizos -el “elemento” preponderante de la población- y origen de “la clase política directora” y de Porfirio Díaz. Y es que apenas se iba a empezar a escribir la desafortunada historia del sistema de partidos mexicano.

Maurice Duverger (Los partidos políticos, México, FCE, 1957) pone el origen de esas organizaciones en los 1850, aunque antes en EE.UU. Los partidos son grupos organizados que comparten preferencias políticas y que buscan obtener y mantener el poder del Estado y emergen como parte del proceso de la construcción de la democracia moderna. En nuestro país, propiamente dichos surgieron como parte del esfuerzo por poner fin a la dictadura porfirista, tal fue el caso del Partido Liberal o del Partido Antirreelecionista. Tras la Revolución, hubo una auténtica explosión de partidos y pseudopartidos que culminó con la formación en 1929 de lo que sería un gran partido de Estado: el PNR-PRM-PRI, instrumento al servicio de una Presidencia sin contrapesos y eje de un régimen autoritario que perduraría hasta fin del siglo. Un sistema real de partidos con pretensiones democráticas sólo empezó a emerger en México a partir de la crisis económica y política de los 1980 y hoy, un cuarto de siglo más tarde, ese sistema sufre ya de partidocracia.

Partidos y pluralismo. La teoría pluralista o poliárquica de la política otorga a los partidos un papel clave: organizar los intereses de las diferentes clases, grupos o regiones de la sociedad, formularlos como políticas e impulsarlas ante la maquinaria administrativa del gobierno. El problema de esta teoría es que, en la práctica, todos los partidos operan en primer lugar en favor de sus propios intereses, como bien lo demostró hace tiempo -en 1911- Roberto Michels en su clásico estudio sobre los partidos políticos. Desde la perspectiva de Michels, toda política partidaria termina inevitablemente por ser una de, por y para minorías y que sólo de forma secundaria toma en cuenta y actúa en favor de los intereses de sus supuestos representados.

El nuevo gran problema nacional. La partidocracia se puede definir como una degeneración del sistema político, donde el núcleo del poder político legislativo, ejecutivo y administrativo queda en manos de la oligarquía del partido dominante o de la alianza de partidos (Gonzalo Fernández de la Mora, La partitocracia, Madrid, 1977, p. 154). En esas condiciones se llevan al extremo los efectos de la “ley de hierro de las oligarquías” de Michels, que postula: “la organización (partidista) es el origen de la dominación de los electores por los elegidos, de los mandantes por los mandatarios, de los delegantes por los delegados. Quien dice organización dice oligarquía”. En la partidocracia, la estructura oligárquica termina por asfixiar el principio democrático de cualquier partido o sistema de partidos (“Political parties”, Batoche Books, 2001, p. 214).

El Pacto…

Si partidocracia es el avasallamiento del proceso político por los dirigentes partidarios mediante la concertación de sus intereses, entonces el llamado “Pacto por México” resulta ser uno de los ejemplos más acabados del fenómeno: los dirigentes de tres partidos, Enrique Peña Nieto, presidente y líder real del PRI, más los líderes del PRD y del PAN convinieron en 2012 en dictar al Congreso la parte sustancial de su agenda al arranque del sexenio (al punto que muchos legisladores aprobaran reformas que ni siquiera leyeron) y la sociedad -más de cien millones de mexicanos- apenas fue testigo casi mudo e impotente de arreglos que le afectaron y afectarán profundamente -los mandantes a merced del mandatario- al modificar la Constitución en materia de la explotación del petróleo en beneficio de los intereses de grupos privados, cambiar las cargas impositivas, poner requisitos absurdos para impedir la posibilidad de candidaturas independientes o la consulta popular, darse ingresos fuera de proporción y muchas otras cosas.

En suma. Si AME viviera y revisara su diagnóstico, sin duda que colocaría a la partidocracia -la evolución maligna del sistema de partidos- como uno de nuestros actuales grandes problemas políticos nacionales, origen de otros muchos problemas, y mal de difícil cura.

Resumen: Los grandes acuerdos entre los partidos dominantes han transformado al régimen en una partidocracia, donde la ciudadanía es apenas testigo de decisiones que le afectan, pero en las que poco o nada puede influir.- México, D.F.

[email protected]




Volver arriba