Nuevo freno a la economía

Continuará el bajo crecimiento del PIB en  2014

Jesús Cantú (*)

La cifra del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el último trimestre de 2013 fue un duchazo de agua fría para las optimistas expectativas del gobierno federal mexicano, pues muestran que tras la aparente recuperación del tercer trimestre hubo un nuevo freno que provocó que el crecimiento anual fuese de apenas 1.1%, por debajo del último pronóstico oficial (1.2%) y casi una cuarta parte del 3.9% que pronosticaron cuando asumieron el gobierno en diciembre de 2012.

La información del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) permitió establecer que en el cuarto trimestre el sector industrial se estancó, el de servicios desaceleró y que en dicho período el PIB (ajustado por estacionalidad) sólo creció 0.18%, muy por debajo del 0.95% del tercer trimestre, que permitió albergar esperanzas de que la economía mexicana retomaba un mejor ritmo de crecimiento económico.

Por otra parte, el Indicador Global de Actividad Económica (para algunos equiparable al PIB mensual) de diciembre muestra que ésta se contrajo en 0.27%, particularmente por la reducción de 0.53% en la industria y el 0.28% en los servicios.

Los datos proporcionados por el Inegi de inmediato provocaron la revisión de los pronósticos de algunas de las principales instituciones financieras del mundo, como Barclays, que redujo su pronóstico inicial de 3.7% a apenas el 3.0%.

La realidad nuevamente es implacable: la debilidad del mercado interno hace que la economía mexicana dependa fundamentalmente de la demanda externa y ésta todavía no logra consolidarse. Así, a los indicadores mexicanos hay que agregarle las señales negativas de los mercados internacionales: los contratiempos de algunas economías latinoamericanas (particularmente Venezuela y Argentina) y, muy especialmente, por el impacto que tiene sobre la economía mexicana, las decisiones del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), que sin duda podrían todavía debilitar más los signos de la recuperación norteamericana e impactar los mercados financieros internacionales.

Finalmente la FED se decidió a retirar el estímulo monetario a la economía norteamericana, lo que más temprano que tarde se traducirá en incremento de las tasas de interés en ese país, con el impacto en cadena sobre los llamados mercados emergentes, es decir, la salida de dinero de los mercados de capitales, que se traducirá inevitablemente en el incremento de las tasas de interés en estos países, incluido México.

Por otra parte, aunque las reformas estructurales logren los resultados que pregonan sus impulsores, lo cierto es que éstos se verán en el mediano y largo plazo, no en el corto, es decir, no en el desempeño económico de 2014, pues todavía faltan las leyes secundarias, el inicio de la implementación de las mismas y, todavía después, la llegada de inversión extranjera directa, que es la apuesta fundamental.

Y, para colmo, la única de las llamadas reformas estructurales (aunque difícilmente puede incluirse dentro de éstas por sus mínimos alcances en la captación impositiva) que tendrá impactos inmediatos es la hacendaria y éstos serán negativos, como ya empiezan a manifestarse en la tasa inflacionaria y la actividad económica en las regiones fronterizas por la eliminación de la tasa especial del Impuesto al Valor Agregado en dichas zonas.

A esto hay que agregar que el Índice de Confianza Consumidor, que recoge las expectativas de los consumidores sobre el futuro de la economía personal y nacional, también presentó resultados negativos en enero de este año, ya que cayó 6.4 con respecto a diciembre del año pasado y más de 15% con respecto a enero de 2013.

Como puede verse, lamentablemente, todos los indicadores son negativos y difícilmente se cumplirá el pronóstico oficial de un crecimiento de 3.9%, como establecieron en los Criterios Generales que acompañan al proyecto de presupuesto federal. Y lo más probable es que se mantengan tasas de crecimiento menores, que ha sido la realidad mexicana en las últimas cuatro décadas.

Así que a pesar de las reformas estructurales y del discurso oficial, todo indica que se repetirá la historia de los últimos tres sexenios, en los que en los primeros años del nuevo gobierno hay decrecimiento o crecimiento muy magro: en 1995, con la llegada de Ernesto Zedillo, decrecimiento de 5.8%, que se compensó con un crecimiento del 5.9% en 1996, pero fue hasta el 97 cuando se logró despegar con un alza de 7%; en 2000, tras la alternancia en el Ejecutivo Federal con la llegada de Vicente Fox, decrecimiento de 0.6%; en 2002, crecimiento de apenas 0.1% y en 2003, de 1.4%, en ese caso fue hasta 2004, cuando se pudo crecer al 4.3%; y en 2007, ya con Felipe Calderón, 3.1%; en 2008, 1.4%; y luego la caída de 4.7% con la crisis de 2009.

En esta nueva alternancia, tras un crecimiento del 5.11% en 2010, casi únicamente para compensar el decrecimiento del año anterior; se mantuvo el 4.0% en 2011 y el 3.8% en 2012; vino el de apenas 1.1% en el primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto y todo indica que 2014, aunque seguramente será mejor que el primer año, entre otras cosas porque se reactivará la inversión en infraestructura y ya se programó un déficit en el presupuesto federal, será muy por debajo del pronóstico original del gobierno federal.

El gran reto para lograr un crecimiento sólido y sostenido de la economía nacional es todavía impulsar el mercado interno, para acabar con la dependencia del exterior, y eso -contrario a lo que pregonan las voces oficiales- no se logrará con las reformas estructurales, por lo cual sus impactos, cuando lleguen, tampoco serán perdurables.- México, D.F.

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*) Periodista




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