No hay políticos, sino actores

No hay políticos, sino actores

En el PRI

Filiberto Pinelo Sansores

No obstante que aún faltan muchos meses para las próximas elecciones que serán en junio de 2015, se escuchan los primeros tambores de guerra entre algunos contendientes. Su susceptibilidad está a flor de piel, como se comprobó con el encontronazo protagonizado por personeros de los dos partidos que tradicionalmente se han disputado los cargos en el aparato público de nuestro Estado, el PRI y el PAN.

Por una semana el intercambio de municiones ha ocupado importantes espacios informativos y opacado cualquier otra información suscitada en los planos local, nacional o internacional. En otras ocasiones las denuncias de opacidad y simulación en la supuesta rendición de cuentas, que a su manera el gobierno estatal efectúa, hechas por adversarios panistas habían motivado respuestas moderadas que no hacían tanto ruido.

Ahora los priístas han echado toda la carne al asador en la respuesta y pusieron a funcionar su poderosa y bien aceitada maquinaria de propaganda que a la vez usa verdades a medias y medio mentiras, emplea a su batallón de simulación ciudadana integrada por “abajo firmantes” y líderes cooptados o francamente comprados de organizaciones de distinta índole, sobre todo estudiantiles, como es tradición que hace desde tiempos inmemoriales.

Es cierto que al Ayuntamiento de Mérida se le puede criticar la falta de previsión respecto a la duración de una obra, la de la calle 60 norte, de la envergadura de la que emprendió. Pero no menos cierto es que las protestas de ahora por los perjuicios que causa han surgido cuando la obra está por concluir y a partir de una escaramuza entre la dirigencia estatal del PAN y diferentes escopeteros del viejo partido tricolor sobre temas que nada tienen que ver con la susodicha obra, sino con la simulación en los informes del gobierno estatal.

Lo sucedido, sin embargo, sirve muy bien para ilustrar el tamaño del aparato de propaganda de uno de los contendientes —el que hoy por hoy, controla casi todos los resortes del poder en nuestro Estado— y su actitud de recurrir a todos los métodos de simulación habidos y por haber, con el afán de conservarlo. Una de sus estrategias es hacer creer a la opinión pública que trabaja a marchas forzadas para sacar de la pobreza y el atraso a la entidad.

En ese afán recurre a algo poco ético: presentar obras ajenas como propias; anunciar como terminadas otras sin que lo estén, incluso algunas de plano abandonadas desde hace tiempo; organizar mítines masivos para congraciarse con la gente; regalar a mansalva objetos de todo tipo a determinados sectores de la población a fin de que después lo agradezcan con el voto. En fin, una serie de acciones que demuestran que el objetivo no es escribir una página nueva en la historia del Estado, sino ganar las siguientes elecciones.

Los integrantes del gabinete, quizás con raras excepciones, no son especialistas en las temáticas que abarcan los campos de sus dependencias, sino verdaderos maestros en el arte de la demagogia, el acarreo y la compra de votos. Para organizar actos masivos en que la estrella principal sea quien los contrató previendo que no haya presencias molestas, sino que todo transcurra con tersura, como en un set cinematográfico, son buenísimos, pero para dar resultados tangibles manifiestos en las formas de vida de los yucatecos ya no lo son tanto.

Y es que en el PRI no hay políticos, sino histriones. Mientras en sus “diálogos” con públicos de diversas colonias de Mérida el gobernador se muestra receptivo y dicharachero, porque tiene encima los reflectores, en los lugares donde eso no ocurre ignora a quienes logran acercársele para plantearle algún problema, como ocurrió el viernes 28 en Hunucmá, donde dejó con la palabra en la boca a personas que quisieron plantearle el del Centro de Salud construido hace dos años en aquella ciudad, pero que aún no funciona (D. de Yuc., 29-III-14, sección Yucatán). Por lo visto, frente a las cámaras, sonrisas y apapachos; tras bambalinas, hostilidad y malos tratos.— Mérida, Yucatán.

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Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa




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