No eres tu, soy yo

 

*Por Gabriela Soberanis Madrid

 

 

“No puedo cambiar el mundo para que se adapte a mí, pero puedo cambiar mi respuesta ante el mundo. Puedo cambiarme a mi.” John Powell, S.J

A menos que se trate de una separación sentimental, rara vez empleamos la frase “No eres tu, soy yo”.  Sin embargo, estas palabras llevan implícita la idea de responsabilidad y bien podrían aplicarse a cualquier ámbito de nuestra vida. Cuando hablamos de responsabilidad, muchas veces no tenemos claro a qué nos referimos. Yo quisiera abordar el tema desde la perspectiva de uno mismo. A la absoluta responsabilidad de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Contrario a lo que pensamos, a la gran mayoría de nosotros nos educaron para echar culpas y sentir culpas, no para ser responsables. La responsabilidad es un valor que desconocemos, al menos en profundidad. Lo hemos reducido a la acción de hacernos cargo de nuestras tareas cotidianas y hemos omitido extenderlo a cuestiones que tienen que ver con nuestra consciencia. Esto explica porqué la gente presenta una gran dificultad para tomar las riendas de su vida en vez de sentirse víctimas de otros y permitir que los demás influyan en la forma en cómo se sienten y actúan. Hemos tomado como aceptable explicar nuestra forma de obrar y los acontecimientos de nuestra vida, sobre la base de argumentos tan débiles como “no sabía qué hacer”, “me hizo enojar”, “me humillaste con tus palabras”, “arruinaste mi día” y un largo etcétera que nos podría ilustrar cuánto hemos contribuido a promover nuestra falta de responsabilidad.

Lo cierto es que las personas han tomado como algo natural atribuirle a factores externos y a otros, los efectos de sus vida.  Si no tienen trabajo, se debe a la economía del país. Si no tienen una buena relación con alguien, es porque esa persona no colabora. Si están enfermos, se trata del clima. Si se sienten tristes, enojados o preocupados es por alguien o algo. En fin, utilizar excusas como las mencionadas se resumen a explicaciones que nada tienen que ver con ellos mismos, pero en realidad es un mecanismo de defensa del ego que se conoce como proyección. Cuando una persona se queda atascada en esa posición, es incapaz de valorar la realidad desde una perspectiva objetiva, por lo tanto, se aleja ella. En tanto la persona se resista a aceptar su responsabilidad, la capacidad de crecimiento quedará atrofiada y la oportunidad de aprender algo acerca de sí mismo y de la situación queda rezagada.

Cuando hablo de hacernos responsables, de ninguna manera quiero decir que los factores externos no tengan absolutamente ninguna influencia en nuestras realidades. Sin duda alguna, el exterior inlfuye y estimula una determinada respuesta de nuestra parte,  pero la naturaleza exacta de esa respuesta la determina algo en nuestro interior: una cuestión genética, la fuerza de los hábitos, nuestra programación, el grado de autoestima que tenemos y, hasta nuestra personalidad. Pero a fin de cuentas, se trata de algo que proviende de dentro, no de fuera.

Asumir total responsabilidad es tomar consciencia de esto y parar de culpar a otros. Éste representa un paso decisivo en el crecimiento de cualquier persona. Las personas verdaderamente responsables de sí mismas reconocen que algo en ellos explica sus respuestas emocionales y sus conductas y, por ende, la vida que están viviendo.

La antigua sabiduría nos marca que el conocimiento de uno mismo es la piedra angular del crecimiento y la sabiduría, incluso, de la felicidad. Si bien al principio puede ser muy doloroso reconocer que somos los hacedores de nuestro propio destino, esto es lo que realmente nos da la libertad para revisar nuestras respuestas y considerar nuevas formas de acción. La gran bendición para las personas que son capaces de asumir su vida con responsabilidad es que eventualmente encuentran respuestas y soluciones a sus problemas que los conducen a un bienestar genuino y sostenido. No están a expensas de lo que ocurra fuera de ellos ni están supeditados a otros. No dependen de otros para estar bien, sentirse bien y hacer el bien.

John Powell lo resume así: Aceptar toda la responsabilidad de nuestros actos, incluyendo nuestras respuestas emocionales y de comportamiento ante todas las situaciones de la vida, es el paso definitivo hacia la madurez humana.  

 

 

*Dirección General Enfoque Integral

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