Neoalemanismo en puerta

Neoalemanismo en puerta

Por Lorenzo Meyer

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Advertencia. En visita a México, el gobernador de California, Edmund Brown, hizo una advertencia: con las empresas internacionales que vendrán a explotar nuestro petróleo y a generar electricidad, hay que tener mano dura “o se los van a comer vivos”. El optimismo oficial intentó contestar: quienes vengan, encontrarán a un México “blindado” contra abusos y corrupción por órganos reguladores fuertes: las comisiones Nacional de Hidrocarburos y la Reguladora de Energía, Pemex y CFE, reconvertidas en Empresas Productivas del Estado, los fondos Mexicano del Petróleo y de Servicio Eléctrico, etcétera.

La experiencia no nos permite la confianza. Y es que si las autoridades no pueden o no quieren controlar a los actores privados nacionales abusivos, menos lo harán con los internacionales que poseen mayores recursos y experiencia para imponer sus intereses sobre los locales, mal defendidos por una institucionalidad débil y corrupta.

Ejemplos. ¿Cómo creer en el “blindaje” del interés nacional frente a empresas multinacionales cuando se nos informa que la Profeco no puede perforar el blindaje de los gasolineros que sistemáticamente burlan las inspecciones y venden litros de menos de un litro (“Reforma”, 16 de agosto)? ¿Cómo confiar en que el Estado realmente está comprometido con la competitividad cuando acaba de permitir que Televisa adquiera Cablecom y aumente al 58.8% su control sobre la televisión de paga (“Reforma”, 15 de agosto)?

Y en relación con las licitaciones -aspecto clave de la futura economía petrolera-, el gobierno acaba de darnos un botón de muestra. Se trata de la nada transparente licitación entre Caminos y Puentes Federales de Ingresos y Servicios Conexos (Capufe) y una empresa privada, Telepeaje Dinámico (TD) para operar el sistema de cobro carretero (IAVE).

El anterior proceso de licitación -que se hizo notorio por los trastornos que sufrieron los usuarios cuando el 1 de agosto inició operaciones el nuevo concesionario- fue examinado por una “testigo social”, es decir, una persona autorizada para que, sin ser parte del gobierno, supervisara la operación en nombre del interés colectivo.

Pues bien, la doctora Mónica Barrera Rivera encontró 14 irregularidades en la licitación y aseguró que era una de las más “desaseadas” que hubiera visto.

Entre las irregularidades denunciadas destacan dos: en un convenio por miles de millones de pesos no se eligió a quien ofreció el precio más bajo ni a quien ya tenía experiencia en el campo en que iba a operar (“Aristegui Noticias”, 15 de agosto). Entonces, ¿quién fue el ganador?, pues Roberto Alcántara, ex banquero originario de la misma ciudad que da nombre al grupo político hoy dominante en nuestro país, Atlacomulco, y que ya es dueño de una línea aérea de bajo costo, de varias líneas de autobuses que operan en 22 estados y que recientemente, tras invertir 100 millones de euros, se convirtió en accionista del consorcio español Prisa, dueño del diario “El País”, periódico internacional con una línea muy favorable al actual gobierno mexicano.

En respuesta a lo denunciado por la testigo social en el caso Capufe-TD, el responsable de Capufe, Benito Neme Sastré -quien fue abogado del PRI en procesos electorales y cercano al presidente de la República-, negó todas las críticas y aseguró, en cambio, que procederá legalmente contra la testigo; es decir, la vieja reacción de castigar al mensajero por traer la mala nueva.

De materializarse esa amenaza, ¿quién querrá desempeñar con honestidad el cargo de testigo social?

Una posibilidad. La historia nunca se repite pero sí puede haber similitudes entre épocas. Lo que se perfila hoy en el horizonte mexicano tiene semejanza con el espíritu, las formas y consecuencias del período presidencial de Miguel Alemán (1946 y 1952). No sólo por la disposición del alemanismo a revertir la política petrolera, agraria y obrera cardenistas en nombre de la modernización de la economía, sino por la forma en que entonces se llevó al cabo la relación entre el gobierno y la gran empresa privada, una fórmula que resultó muy benéfica para las cúpulas políticas y empresariales, aunque no para el mexicano de a pie (Stephen R. Niblo, “Mexico in the 1940′s. Modernity, politics and corruption”, Wilmington, De.: Scholarly Resources, 1999, capítulo 5).

Si en la práctica es imposible controlar a los gasolineros, impedir que Televisa siga dominando su mercado o que los dados estén cargados en las licitaciones, ¿qué ocurrirá cuando lo que esté en juego sean contratos o concesiones que involucren miles de millones de dólares y a empresas de las dimensiones de BP o Shell? El peligro no es que las transnacionales “se coman vivos” a los negociadores del gobierno, sino que ambos y de común acuerdo “se coman vivo” al interés general.

El orden de los factores sí altera el producto. Si los destructores del cardenismo fueran honestos, primero habrían declarado la guerra a la corrupción y luego privatizado. Si fueron conscientes de la alteración en el orden de esos factores, entonces sí que tenemos neoalemanismo radical.

RESUMEN: El problema no es que las grandes empresas internacionales que vengan por el petróleo se “coman vivos” a los negociadores mexicanos, sino que entre ambos se coman vivo al interés colectivo.- México, D.F.

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www.lorenzomeyer.com.mx

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*) Investigador y analista político




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