Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Es conocido el cuento del hombre que perdió su sombra. Menos sabida es la historia de la sombra que no era sombra de nada, que de nadie era sombra.

Todas las sombras eran sombras de algo: sombra del árbol, sombra de la casa, sombra de la catedral… Hasta la sombra de la nube era sombra de algo. Esta sombra, sin embargo, no era sombra de nada. O era sombra de nada, como se quiera ver. Iba y venía por todos lados buscando algo de qué ser sombra, alguien de quién ser sombra, y no encontraba nada, no encontraba a nadie.

Fácil sería decir que esa sombra se volvió sombría. No lo diré. Tampoco, por modestia, diré que me ofrecí a ella para que fuera mi sombra. (“Nadie puede tener dos sombras”, declinó el ofrecimiento). Lo que sí puedo decir es que esa sombra sufre.

Si ustedes saben de algo o de alguien que no tenga sombra, por favor comuníquense con ella. La harán feliz. Y es bueno dar felicidad a alguien, aunque sea a una sombra.

¡Hasta mañana!…

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