Marcos, opereta mexicana

Acento

Salvador Flores Llamas (*)

Resultó puro cuento que el subcomandante Marcos al frente del EZLN redimiría a los pueblos indígenas de Chiapas, porque 20 años después están hundidos en mayor pobreza.

Fue faramalla publicitaria el Sub, quien -hay que reconocerlo- con mucho ingenio y alarde técnico hizo que sus menajes tuvieran enorme eco en México y en buena parte del mundo.

Nadie imaginó que aquel puñado de rebeldes que el Ejército acorraló en un poblado de Chiapas en marzo de 1993, armado con carabinas huiloteras y rifles de madera, iba a poner en ascuas al país, so pretexto de redimir a los indios y protestar por la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El desafío armado al gobierno mexicano sólo sirvió para causar zozobra social, pero la autoridad no lo asumió así ni respondió en forma adecuada.

Diría luego el gobierno que no quería atropellar a los indígenas, víctimas de explotación secular; sino que se esforzaría por aliviar su situación.

La negociación entre el EZLN y el gobierno, guiada por Manuel Camacho Solís, fue mero escaparate para que éste exhibiera más su ambición presidencial, que había recibido palo al ser nombrado Luis Donaldo Colosio candidato del PRI.

En realidad, Camacho era juez y parte, por indicios claros de que él fue el papá de la criatura, junto con el obispo de San Cristóbal las Casas, Samuel Ruiz, y de acuerdo con el presidente Carlos Salinas de Gortari, quien vio ahí un pretexto para declarar un estado de emergencia que lo hiciera prolongar el mandato; a lo que no se atrevió finalmente.

Chiapas se convirtió en el gran púlpito desde el cual Marcos pontificó para México y el mundo, y alcanzó tal celebridad, que ganó millones de adeptos en todas partes.

En el país se desató el fanatismo, sobre todo en la izquierda, cuyos líderes quisieron cobijarse a la sombra del Sub, que se puso selectivo y no los aceptó a todos.

Con las simpatías vinieron apoyos de todo tipo, pecuniarios desde luego. Uno de ellos de la viuda del expresidente Francois Miterrand, Danielle, al que Marcos le dio gran difusión.

A la par que sojuzgó buena parte de los municipios de Chiapas y en la zona él era la autoridad, realizó actividades ilegales: narcotráfico y tráfico de maderas preciosas, con el aplauso de sus fans y el temor oficial a poner orden.

Dio pie a una serie de gobernadores que se enriquecieron, so pretexto de abatir la pobreza indígena; labor antipatriótica del todo punible, pero quedó impune.

La gran impostura de Marcos mostró lo fácil que es engatusar a nuestro pueblo, que por fortuna lo olvidó paulatinamente, al grado que ahora que el Sub anunció su retiro y ya no hubo plañideras, pero sí choteos contra ese personaje que se dio a conocer como botarga, y así debe pasar a la historia.

Una especie de monigote como los que el “Dr. Simi” pone afuera de sus farmacias para atraer clientela, y en verdad que Marcos supo hacerla.

Debería darnos vergüenza porque fuimos víctimas de su burda actuación de comediante, que no resolvió, sino -todo lo contrario- empeoró la triste situación de nuestros indígenas.

Si Fray Bartolomé de las Casas reviviera, moriría de inmediato al ver que sus amados indios están peor que como los dejó, él que fue su padre auténtico y no usó carabinas huiloteras ni botargas para hacer reconocer su dignidad de seres humanos.

Marcos, por desgracia, nos hizo ver como un país de opereta.- México, Distrito Federal.

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*) Periodista




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