Maravilla sin igual

Maravilla sin igual

Cenote de Chihuan

Félix A. Rubio Villanueva (*)

¿Qué es un cenote? En pocas palabras, un río subterráneo. Yucatán tiene en su subsuelo más de 3,000; su nombre viene de la palabra maya Dzonot. Científicamente se cree que forman parte del cinturón de cenotes que dejó el famoso meteorito de Chicxulub que cayó hace 65 millones de años y extinguió a los dinosaurios, claro, excepto a los priistas.

Según la dueña, Raymunda Che Pech, quien por cierto le guía cuando se encuentra en Chihuan, su significado es “la boca de Juan” debido a un cuidador que vivió en el lugar hace muchos años, cuyo nombre original se ignora.

Chihuan se encuentra prácticamente a la vera de la carretera libre que va a la Maravilla del Mundo Chichén Itzá, con una pequeña desviación de 200 metros a la entrada del pueblo de Holca, a 80 kilómetros. De Mérida, una lona le indica con una flecha cómo llegar.

Chihuan es un cenote semiabierto de fácil acceso, con escalones que le llevan al nivel freático, que en esa zona es de aproximadamente 10 metros, y de allí puede caminar hasta llegar a lo que Raymunda cree es un altar a la diosa Ix-Chel, donde se celebraban ceremonias religiosas prehispánicas; o sea, es un cenote sagrado en el que se hacían ofrendas humanas, pues se han encontrado huesos de niños en dicho lugar, junto con algunos ídolos mayas en forma de figurillas de sacerdotes.

Hoy se encuentran a buen recaudo en un altar actual contiguo a la entrada, que varía lo pagano con lo católico con una combinación de cuadros de la Virgen de Guadalupe, Cristos, figurillas mayas, un precioso “sastún” de piedra de 20 puntas, que se supone se utilizaba para las ceremonias mayas que los x-menes realizaban en el cenote. También se hallaron un pedazo de jade y otro de obsidiana con propiedades curativas. Vecinos del pueblo y de comunidades cercanas llegan a Chihuan. Buscan curarse por el toque mágico del jade, la obsidiana y el sastún, según Raymunda.El sastún entre los mayas era utilizado por los viejos o sabios del pueblo, para transmitir sus conocimientos a alguien de la familia, para curar las más diversas enfermedades o para ayudar a las embarazadas próximas a un parto. Se asegura que el sastún avisaba cuándo llegarían visitas; tiene un sonido peculiar, metálico, con el que probablemente emitían música para sus ceremonias; el sastún nos recordó las piedras cilíndricas que estaban cerca del “Castillo de Chichén Itzá”, que tenían sonidos musicales y que José Diaz Bolio, eminente investigador mayista, decía que tenían la escala musical.

Después del altar de Ix-Chel, el cenote se bifurca a diferentes lugares y profundidades en las que, si usted va preparado, puede nadar si tiene el conocimiento para hacerlo. El cenote fue explorado en 2003, cuando se descubrieron sus estalactitas y estalagmitas, pedazos de cuarzo en un buceo a más de 15 metros de profundidad.

Pocos cenotes hay en Yucatán con los misterios y enigmas que el Chihuan tiene, ya que los cenotes han sido muy poco explorados, excepto los muy conocidos, como el cenote sagrado de Chichén Itzá, explorado a fines del siglo XIX por el arqueólogo y cónsul norteamericano Edward Thompson, patrocinado por la fundación Carnegie, entre otras, y por el arqueólogo yucataeco Víctor Segovia Pinto en 1967, patrocinado por la Fundación Ford. En su parte exterior, Chihuan está parcialmente jardinada; su nombre se traduce para tenerlo en maya, español e inglés; tiene brechas para caminar hacia la selva, montar bicicleta y muy pronto montar a caballo, y tendrá un restaurante con comida maya-regional-yucateca. El entorno general es de 20,000 metros cuadrados.

Se sugiere visitarlo en su viaje de ida a Chichén Itzá-Valladolid-Cancún, aunque podría hacerlo a la inversa regresando por el camino libre a Mérida, saliendo del poblado de Holcá.

Precio por visita, $40. Si usted visita Yucatán y va rumbo a Chichén Itzá, aproveche la oportunidad de ver el cenote Chihuan.- Mérida, Yucatán.

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*) Promotor turístico




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