Mamá: Presencia de mujer

Repensando la identidad, la vocación de ser “mamá”

Por MARÍA DEL PILAR LOROÑO MALDONADO

 A mi madre, Bertha.
A mis hermanas de sangre, Ana rosa.   Bertha Margarita.
A mis  abuelas,  cuñada Genny,  nueras,  sobrinas…
A mis hijas, Ana Margarita, María del Pilar.
A todas las mujeres de la humanidad  que tienen la dicha de ser  Mamás.

Ser mamá es ser persona siempre encarnada en una condición concreta, e instalada en la realidad de un modo concreto.   Además de nacer con un sexo y ser inculturadas en unas determinadas categorías genéricas, las mamás tienen que vérselas con su realidad sexuada y   construirla.

Ser mujer, ser mamá , ni es un destino , ni una opción absoluta , sino un modo de ser persona que responde a una vocación  “ la maternidad “ y que supone una responsabilidad por parte de la persona que elige, que afecta a toda la persona, a su inteligencia, su voluntad, su afectividad, su corporeidad, su socialización y a su biografía.

También lo sabía la poesía:

Si tú  me miras mamá, yo me vuelvo hermosa.
Como la hierba a que bajo el río y,
Conocerán mi faz gloriosa,
Las  altas cañas cuando baje al río.
Mírame mamá, largo y háblame con ternura,
¡que ya mañana al descender al río, el niño –niña, que besaste llevará  hermosura!.   Gabriela  Mistral.

Dar la vida, ser madre implica derramar su sangre. El don de la sangre no es un mero acontecimiento  biológico  de la mujer fértil, sino el signo corporal incontrastable que señala su vocación primaria de ser madres, vocación que, por cierto, no se agota en la maternidad física sino que se expande  como el amor, a otros modos de maternidad espiritual  de darse acogiendo y nutriendo a otros seres humanos, devuelve la imagen femenina de Dios en nosotros. No debemos olvidar que Dios  es padre y madre a la vez.

Para  trascender lo  biológico hay que tener en cuenta cómo este ámbito tiñe todo el carácter. todo el ámbito de lo psicológico. La maternidad instala  a las personas  en  un tipo de intimidad con los demás que definen algunos autores como “capacidad de empatía hacia el otro y sus necesidades, capacidad de adaptación, perseverancia, y resistencia para cargar con dolores y fatigas, pues desde su disposición maternal tienen la posibilidad de experimentar con una plenitud y una integralidad la implicación con otro ser.

    Como recordar a mis abuelas, madre  con una variedad de matices y profundidad en sus hechos, acciones, ejemplos  que desbordaban su capacidad de autoestima hacia nosotros y los otros cercanos a ellas, eso era un desarrollo extraordinario  de sus calidades emotivas  y eso marca definitivamente nuestro futuro como madres.

    Bienaventuradas sean  por sus ejemplos de vida que marcan también los nuestros.

San Agustín escribió para nuestro deleite y meditación “Mi peso es mi amor, el me lleva doquiera y soy llevado“.   “Vivir plenamente la vocación de ser madres, es la puerta que necesitamos para sabernos habitando nuestro hogar y viviendo  nuestra identidad  “MAMÁS”.

Paz .y Bien

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