Los resultados, a la vista

El año que Mérida se quedó sin Carnaval

Carlos Guillermo Guzmán Escalante (*)

Mérida vivió en días pasados una realidad contrastada referente a las fiestas de Carnaval: por un lado, una ciudad tranquila, ajena totalmente al bullicio de las fechas, sin disfraces, sin música, sin ruido; y por otro lado, con un nuevo evento llamado “Ciudad Carnaval”, que como proyecto innovador pudiera ser interesante, pero que hoy dista mucho de ser el Carnaval de Mérida.

El alcalde consideró oportuno cambiar la sede del carnaval y atacó de manera frontal el problema al escuchar a los que se quejaban, principalmente empresarios y vecinos de la zona, y diseñar una estrategia alternativa que realmente no fue consultada con los verdaderos participantes del carnaval: la población en general que año tras año acude a este festejo. Los especialistas del tema desde hace muchos años, como podrían ser, entre otros, María Victoria Madahuar, Erwin Castro y otros más que desde sus respectivas trincheras fueron armando el Carnaval de Mérida. Tampoco fueron tomadas en cuenta las empresas que participan tradicionalmente en el festejo.

En todas las ciudades del mundo donde hay carnavales o desfiles de fiesta el derrotero es el mismo, principalmente las avenidas más representativas. En Nueva Orleans, Nueva York, Pasadena, Veracruz, Mazatlán, Campeche, Progreso el desfile sigue su mismo derrotero año tras año, no se pone a consideración de un Cabildo si se afectan los intereses de una minoría frente a las millones de personas que asisten. Es un sacrificio colateral al que se le puede buscar otro tipo de opciones o asumirlo por los otros beneficios que genera.

Y muchos que hoy nos leen dirán cuál es el beneficio, si no van a los paseos pues aprovechan el puente para ir a Miami, Cancún, Las Vegas, Chicxulub o Chelem en cambio, si ven como una desgracia la afectación del Paseo de Montejo y el tráfico que se genera esos días.

Pero quizás no se han puesto a pensar que ésta es una fiesta del pueblo, que es un distractor para muchas familias, mujeres y niños que alegremente salen a los paseos a festejar.

Socialmente es la única vez que el Norte y el Sur se dan la mano, conviven codo a codo desde el Monumento a la Patria hasta el parque de San Juan.

He caminado más de 20 años el derrotero y he vivido la alegría y felicidad espontánea de un pueblo harto de malas noticias que busca una válvula de escape gratuita.

Es cierto que con el paso de los años la fiesta se fue demeritando con grandes barras de “bazookas” y caguamas de cerveza, pero eso es trabajo de la autoridad controlar y limitar, incluso ellos pueden eliminar el alcohol del paseo y llevarlo controlado a las tarimas que se pueden trasladar a las colonias para darles una nueva vida en el carnaval.

Los resultados de “Ciudad Carnaval” están a la vista, aunque la autoridad municipal quiera decir lo contrario: rechazo de la población a ir a Xmatkuil fuera de la feria; hablan de miles de asistentes, cuando los últimos años se hablaba mínimo arriba de dos millones de personas en los paseos; un fracaso económico tanto para los empresarios que apostaron en el proyecto e invirtieron su presupuesto de carnaval como para los pequeños establecimientos ambulantes que sólo tuvieron pérdidas; en términos generales, tanto para grandes como para pequeños las ventas fueron menores al 10% de las ventas que se dan en el verdadero carnaval y que muchas veces se destinaba a instituciones de beneficencia.

Esta opinión no pretende demeritar el trabajo de la autoridad municipal, que se nota en muchos otros rubros, pero sí la invita a profundizar en sus opiniones y análisis respecto a esta fiesta, y de ser necesario dar marcha atrás con los cambios necesarios. En una verdadera democracia se reconocen los desaciertos y se corrigen para brindarle a los gobernados acciones de beneficio común.

Y con respecto a la opinión de que se maltrata nuestro Paseo de Montejo, considero que se deben definir normas claras para colocar tarimas y gradas, y que quienes dañen paguen las mismas reparaciones, y que de los beneficios económicos que aporte el carnaval se destine un fondo no sólo para repararlo sino para embellecerlo cada vez más. Son cinco días de Carnaval frente a 360 días del año que este permanece olvidado, oscuro, con casonas antiguas abandonadas y letreros de “Se renta” en varios edificios.- Mérida, Yucatán.

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*) Mercadólogo




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